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Archive for 30 septiembre 2005

Érase una vez esta historia que voy a relataros, en una dulce morada , pegadita al mar, adonde solo en ese lugar se podía contemplar el mas allá, adonde todos los sueños valían y adonde iban los habitantes de aquel pueblo a buscarse el pan de cada día.
Había allí una mujer que todos adoraban y en cierta forma también le tenían mucha lástima, porque la vieron crecer, la vieron feliz y ahora la ven loca, loca por la vida.
Era una persona que todos creían conocerla, aunque ninguno consiguió volver hablar con ella, nunca les volvió una palabra. Sólo miraba, miraba al horizonte y a menudo arrancaba a gritos una risa infantil.
Cuentan en el pueblo que de pequeña siempre estaba corriendo y saltando feliz, que cantaba para todos y miraba de verdad. Que se pasaba el día ayudando a su madre en los quehaceres de la casa, y cuando no, se la encontraban en una duna frente por frente del faro que iluminaba a los veleros, siempre leyendo, cuentan que llevaba consigo todo el rato un cuadernillo verde y un lápiz.
A veces si no estaba en la playa, se iba al campo, se entretenía recogiendo hojas del suelo, y hacía muñequitos de mil colores.
Se le veía muy inquieta y todos opinaban que no tardaría mucho en volar.
Y así fue como ocurrió, un día llegó a casa distinta, sus ojos reflejaban una enorme tristeza. Su madre le preguntó que le ocurría y ella rompió a llantos; y entre lágrima y lágrima le dijo que no era feliz y que necesitaba irse de allí, quería conocer el mundo, porque todo no era aquello ni mucho menos, y que ella necesitaba algo que no estaba allí, que la admiraba a ella ( su madre) por lo buena que era, por lo trabajadora, por sacar a la familia adelante, le daba gracias a su padre por haberle traido día a día la comida y la lucha que llevaban porque todo saliera bien. Ella pensaba que sus padres ya les iba siendo hora de que dejaran el trabajo, y se sentía como que molestaba, que ya tenía edad de buscarse las papas sola.
Y se fué.
 Se fue a una ciudad muy grande, y mirara a donde mirara solo se veían casas y bloques de 10 y mas pisos. Había gente por todos lados, andando deprisa a lugares inexplicables por aquella velocidad; el cielo siempre estaba un poco oscuro y nunca olía a salitre, cuando le dijeron que en ese lugar no había playa ni mar, echó un suspiro, pero siguió.
Pero nunca se acostumbro aquello, y pasó tiempo y le parecía demasiado todo, se sentía minúscula, aprisionada, y pasó algo, cogió tanto miedo que volvió a su pueblo.
Desde entonces y eso hace ya 30 años, está triste, no habla, no sonríe a nadie, y está sola en su casa, sola y su soledad la que le da algo que nadie comprende, y nadie sabe…. 
 Ella así es segura, así puede soñar de verdad y encima de la duna soñar con un lugar que nadie conoce, pero que ella ve allí, en el más allá, donde el silencio reina por todos lados y adonde solo hay belleza interior y exterior, donde no hace falta luchar ni pelear, ni robar ni mentir, ni sufrir, donde allí ella seguro que puede ser tal como es y volar como los pájaros cuando quiera sin estar amarrada a nada, pero algo le amarra a su vida, a esta. Y no puede salir de allí porque el mar, los recuerdos de niña, los árboles, el olor a fresco, el miedo, la inseguridad le dicen que esta cerca de su casita ese lugar, pero ella no sabe que sólo es un sueño muy grande y que lo que tiene delante es lo que importa, que todo no es soñar ,que también hay que vivir para poder ser feliz.
Ahí va sola, meciéndose a cada paso, riéndose para si y para nadie más y con los ojos siempre abiertos, esquivando a todos incluso a su mundo, buscando aquello que ella sólo vé.
– Quisiera ayudarla pero estoy tan insegura que como le digo que se equivoca, si yo tengo otra realidad y para mí la mía es verdadera, que la de todos es una mentira, que están ahí manipulándolo todo , y yo quiero ayudarla ,que la comprendo que yo sueño también con cosas preciosas pero tenemos  miedo, y tengo tanto miedo de su reacción, y del mundo hacía mí, porque yo no estoy loca, y ella tampoco y cuando yo le diga que me siga,….porque yo la conozco ,yo la siento, y siento que me voy con ella por momentos ,sin que ella lo sepa y me arrastro con ella, y sólo quiero estar allí, esto tampoco me importa, aquí nada vale y la hipocresía, las mentiras y la envidia, Diosss que veo? que bonito, allí sí, lo ves? sí, que silencio, que paz, maravillas, es verdad existe, miralooooo, jejejejejejejejejeje, a la mierda esto, aquello es mejor, jejejejejejej…. 
Otra vez…..

 

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Era noviembre del año 2003, iba de camino a Madrid en bus a visitar a los buenos amigos que tengo allí y a ver los lugares que pisé y gocé mientras viví en esta ciudad.
Recuerdo que me monté y no hice caso de mi número de asiento, me fui al final, y me senté donde me dio la gana, con la intención de poder estirar las piernas y quedarme dormida, para que el viaje no se me hiciese tan pesado, ya que lo hacía de noche.
Pero en Jerez ocurrió lo que nunca debería de haber pasado, un gordo pero gordo gordo, y no es por meterme con el señor, pero es que era un bastinazo de lo grande que era, va el nóta y se sienta al lado mía, noooooooooooo yo que quería ir sola; total, se sienta y ocupaba su asiento y parte del mío, yo estaba to encogía, pero pensaba : Venga Tamara, no pasa nada, es gordo entiéndelo, él no tiene la culpa…
Pero llego un momento que casi que no podía ni moverme para coger la botella de agua, el tio encima de gordo estaba a sus anchas y derepente sentí un pinchazo en mi pierna izquierda, yo estaba sentada en el asiento pegado a la ventana (…) un pinchazo que no dejó de cesar, y entonces imaginarse mis piernas en aquel huequito que me estaba quitando ese hombre (con turbante y túnica y todo) ¿qué coño era lo que ese tio llevaba en el bolsillo?
Al rato grande, salté no pude más, estaba pasando uno de los peores momentos de mi vida, estaba demasiado aprisionada, me ahogaba, me lastimaba, me hincaba….
Y le dije: Señor, por diossss, que me está clavando lo que tiene en el bolsillo.
Me miró con cara de raro y moviendo la cabeza para ambos lados, cómo que no entendía nada de lo que yo le iba diciendo, y yo to carajota, seguía:
-que me lo jinca, que me lo jinca, – el pobre nada de nada y yo venga a decir – JINCA, JINCA ( pero pronunciando bien la J, como cuando somos pequeños y estamos aprendiendo las letras con la cartilla del gato Micho ) ¡QUÉ ME LO JINCA SEÑOR!.
Yo no asimilaba bien que era árabe y que claro, no entendía mi lengua, pero señores yo achaco este despiste a que me fumé 3 porros antes de subir al autobus, JAJAJAJA
Al rato gracias a la expresión de mis manos entendió lo que ocurría, se metió la mano y ceso el pinchazón.
Pero hay más, por Despeñaperros, a 4 horas de Cádiz noté un empujón. Me había quedado dormida dejada caer en él. Que corte me llevé.
Y cuando por fin cuando llego a Méndez Álvaro, en Madrid, me cuelo en los trenes de cercanía para ir al barrio donde estaban mis amigos y había vivido yo, LAVAPIES, y me coge del brazo un tio, miro y era un guardia, MULTAZO de bellón.
Fue el no va más, menos mal que ya después todo salió bien, y explicándoles a mis amigas la aventura del bus, empezaron a descojonarse.
Quilla si es que el hombre era moro y además, no es JINCAR es HINCAR.
Diossss que palo que incultura en esos momentos desbordando mi mente, yo.
En fin no vea que historia, espero nunca olvidarla porque cada vez que la recuerdo me harto de reir, jejejej.

 

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de higo a breva

De higo a breva va hacer cuando yo escriba, fijo. Por qué a pesar de que me gusta mucho escribir, poco a poco he ido perdiendo la costumbre de hacerlo, (si el trabajo, la desidia, la inseguridad, los nervios) me han ocupado mucho tiempo en mi vida, pero como me da penita dejar de hacerlo, voy a coger otra vez costumbre o por lo menos lo voy a intentar, hoy tengo fe en mí.
Pero de higo a breva porque, jeje, igual que la breva va madurando a la llegada del calorcito y se pone rugosa, hermosa, tal como ella misma, avisando que ya le puedes hincar el diente; y el higo cuando ya va entrando fresquito por la noche, que te tienes que poner mas frecuentemente la rebequita y rodearte con tus brazos, hay es entonces cuando el higo te avisa de que también le puedes “hincar” el diente.
Po igual voy hacer yo fijo que este fruto, ya veréis, tiempo al tiempo…
Ah! Hay va una recetilla que viene muy bien para este tiempo: cogéis higos y con leche, se hierve y si le echáis un poquito de miel, mejor que mejor, va para los catarros y los dolores de garganta.
En fin, ha llegado el mes de la reflexión, por lo menos para mí y los coleccionistas de artículos de librería y viceversa. Todo los años me pasa lo mismo, Septiembre me es melancólico, pero no triste, que es diferente.
Es como cuando estas hart@ de verano y te imaginas en tu sofá viendo una película, con la mantita por encima, y como no, con unos  cuantos porritos pá hacer la película mas amena, pero te imaginas esto a principios de septiembre con la gota cayéndote por la nariz de sudor, entonces es cuando viene la melancolía, porque empiezas a recordar historietas, historietas  buenas como aquel día en que estabas en casa de Raúl, el tio mas friki pa ti de películas, diciéndole : Rauuuuuuuul, quita essstooo que es una porquería , entonces él te mira por el entrecejo y empieza a decirte :¿cómo puedes decir eso, si es una película que ganó tanto, y es cine clásico, lo mejor de lo mejor, me costó tela conseguirlo…. y a ti se te queda una cara como diciendo: Po vale si tú lo dices, pero pásame el whiski hijo por lo menos, y ese día te aburriste como una ostra, pero hoy al recordar, una sonrisa de oreja a oreja te sale, porque fue una noche entrañable de comienzos de otoño, y estas aquí sol@  y que mejor que eso podrías hacer?
También esas tardes de frío, que ahí afuera llueve a cantaros, y tu quieres, necesitas escribir, desahogarte de alguna forma, porque la soledad de la casa, solo tu y tu silencio te gusta, la caida del cielo sobre la ventana, los sentimientos a flor de piel, sensible y te dejas mecer por esos momentos, y los recuerdas y quieres esa inspiración para poder escribir mas suelta.  Aunque es verdad que al final con el invierno, se te hace pesado, empieza la monotonía, la oscuridad del día y de la gente, y esa soledad que antes te gustaba ahora es un coñazo y necesitas mas, necesitas reflexionar en que quieres cambiar para que no te vuelvas a sentir sola, aunque a veces te guste tanto, pero claro, la soledad como digo yo es buena hasta que llega inoportuna, la cabrona, entonces es un rollo, y la melancolía se hace pesada y triste.
Y llegando al quif de la cuestión ese sentimiento me gusta, me trasporta al pasado, a los buenos momentos y me siento mágica, especial porque siento tanto que soy feliz y me hace más fuerte y comienza una nueva etapa aun más crecida y convencida de que lo que quiero lo puedo conseguir, luchando, pero esto implica riesgo, subida de adrenalina, emociones nuevas y un poquito mas de conocimiento de lo que la naturaleza y el mundo han dejando en nuestras manos, y de las personas que me enseñan fugazmente sin que se den cuenta de lo  especiales que son un@ a un@, y de las mil y una inquietudes que dejan en mí. 
Bueno y esto es todo por ahora.
 
 
 
“HINCAR”: VERBO DEL CUAL YO  tengo una anécdota, que no vea señores que palo, a veces una se acostumbra a escucharse y piensa que tal como suena se escribe, yo es que hablo muy gaditana, y tanto decir “jincar” me llegue a creer que se decía así, y no vea yo intentando explicarme con un árabe, ya os contare.

 

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SEÑORESSS!!

Esta noche dirigíame a la cocina a prepararme una aburrida cena, aburrida por pocas ganas de cocinar y pocos alimentos con los que endijerir o como se diga, cuando mis ojos abrieron atónitos aquel acontecimiento que estaba surgiéndose: la lata de pimientos morrones se encontraba vacía.
¿Qué qué? ¿Qué cómo? po lo que oye colega, que se han ahorrao un pimiento morrón, que morro…
Una vez más la realidad supera la ficción. Yo con to mi cuidadito en no derramar el liquido de los pimientos, y ya cuando termino de abrirla, jeje nada de nada, me he quedao flipá señores.

 

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el comienzo

Que raros son los recuerdos que nos hacen disfrutar de una felicidad de la que no nos dimos cuenta y con la que no fuimos felices.

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