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Archive for 18 marzo 2008

Que curioso son los sueños en los que hacemos de un recuerdo una continuidad de actos para arreglar momentos, para desahogar ese sentimiento de culpa o por qué no para seguir disfrutando.
Antes de ayer soñé que volvía a vivir en la vivienda que me crié hasta los 15 años. Una casa de paredes sobresalidas y ventanas torcidas. Pegada a la azotea, finca con más de docientos años y es que en el piso que yo vivia había sido antiguamente hasta lavaderos.
Teniamos unos vecinos que entre ellos todos eran familia. Estaba Catalina, Manuela, Charo, Juani, Isabel, bueno y sus respectivos maridos e hijos. A veces he ido a verlas de mayor, pero la última vez que fuí ya no estaba Charo ni Catalina. A Juani le prometí que volvería a ir pronto, ella me dijo que me invitaría a cafe de puchero. Y eso hace ya casi dos años, tiene que estar el café congelado, ya me vale…….
Pues este tiempo que ha pasado y el sueño de la otra noche hizo que me cambiara un pensamiento. 
Volvía a estar en esa casa, pero esta vez para instalarme sola, sin padres ni hermano. Las paredes eran ahora lisas y las ventanas nuevas y finas. Seguía habiendo la misma claridad y cuando me asomé a la ventana donde vi de chica a los reyes, estaban asomados en sus balcones los vecinos de en frente, no las vecinas que hablé antes. Todos me saludaron y me dijeron que estaba ya muy grande. Hubo un momento que me fuí a la ventana del pasillo y me puse a cantar como cuando era pequeña y me decían las vecinas a gritos: oleeee!!!! Sin entrarme verguenza ni ese miedo al ridiculo de ahora, sino como cuando chica lo hice.
La azotea estaba igual, con sus macetas de rosales y sus cordeles bajos para casi yo poder jugar al elástico. Manuela estaba lavando ropa a mano como siempre, para ella nunca existieron las lavadoras. Me asomé a los barrotes que daban al patio y como antiguamente estaban haciendo y olía a pescaito frito. Me entró hambre y bajé las escaleras para ir al armacen de Pepe el Muerto a comprarme un bocata. Pero al pisar el último escalón vi a Juani barriendo el patio y me eché para atrás, me acordé en ese mismo instante que no había ido a visitarla como le prometí. Subí de nuevo los escalones sin hacer ruido, pero me sentí mal y decidí que esta vez mi vida no sería como antes, así que bajé de nuevo las escaleras. Cuando ella me vio se puso a llorar, pero de alegría y me dijo que hay qe ver que no había ido a verla desde aquella vez. Le pedí perdón y acariciándome con su mano mi barbilla me dijo: no importa, yo te quiero igual.
Que fuerteeee!!! creo que a mi me pasa unas cosas más raras en sueños. Después por la tarde siguio el sueño ese, ya que por la mañana se lo conté a mamá. 
En la realidad cuando cumplí los  9 años quise una tarta, era un día de verano, estabamos en la azotea tomando el fresquito de la tarde. Yo pedía una tarta y venga tarta, mamá decía que no y que no, me puse pesada preguntándole que por que no y ella sólo me contestaba con el monosilabo: NO.  No paré hasta que me dió un tortazo y me castigó a mi habitación.
Este recuerdo siempre me ha dado cierta penita, se me quedó un mal trago de ese día.
Pues en el sueño volvió ese momento, pero creo que yo era mayor porque mamá tenía arrugas, más que en la realidad. Estabamos asomadas al patio, cuando le pedí que m hicera una tarta de esas que hacía ella de galleta, flan y chocolate; me dijo que no tenía ganas, le contesté que la ayudaría, y de pronto me abrazó y me dijo que me quería mucho.
Qué curioso me parece esto, supongo que lo del te quiero sería porque ayer recibí un imail de estos que dicen que no dé verguenza decir te quiero o te amo, no vaya a ser que no lo digas nunca y esa persona no esté un día.
Pero caray como soy o somos todos, no lo se, pero hasta en sueños queremos solucionar las cosas o vivir momentos que tal vez sí o tal vez no, ya no volverán.
    
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 Claro que eres cómplice, de la vida de este mundo que es casi perfecto a como te parecen “ellos”.Aunque a veces te sientas “mierda” no lo creas y no pierdas la luz que llevas. Esto te llevará más fácil el camino y, encontrarás a personas como tú.No tengas miedos, no te sientas nadie. Todo es verdad, todo será como tú quieras; las verdades son mentiras, recíprocas y vacías, llenas de dolor que te querrán agarrar fuerte. Pero en tí está la condena o ser libre.

Libre del miedo, de las ataduras y corduras.

Sueña y vive, vive y sueña porque de ambas cosas está el mundo para que puedas realizarlas.
Coje el timón y no mires atrás. Alúmbrate cuando más oscuridad sientas. Y recuerda simplemente que sientes y estás viva.
No te aferres a los recuerdos que te hagan llorar, olvida el miedo y lucha con el corazón.
Disfruta de todo como si mañana no pudieras abrir los ojos y estuvieras ciega, ciega de dolor.
Empapaté de los sentimientos y de la gente que te quiera, la soledad no es mala si la controlas, pero recuerdas que no estás sola y que los vacios se llenan con la esperanza y el color no fumando sin control.
 

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Ayer iba por la calle cuando escuché que llamaban a una niña pequeñaja: ¡Tamaraaaa!, que por cierto me choqué con un balcón al mirar para atrás (en San Fernado es típico que los pisos bajos sean las ventanas también en forma de balcón) Y pensé: mira, se llama como yo. 
Entonces me pregunté: 
Cuando la gente ve y llama a personas con su mismo nombre, ¿ pensarán siempre: se llama como yo? Es que a mi me pasa eso. Llevo 25 años diciéndome lo mismo.
Bueno en verdad mi nombre no iba a ser ese cuando nací. Sería Tatiana, no, Libertad. Creo que es curiosa la historia.
Antes de nacer mis padres decidieron que me llamarían Libertad, pero pasaron los días y los meses y mi madre se comió el coco, y decidió que mejor ese nombre no me pondrían, por si al pasar de los años cambiaba la historia y se fuesen a meter conmigo en el colegio. Entonces decidieron Tatiana.
Y así me llamarían pero el día que mi padre fue al Registro para firmar en los papeles mi nombre, tuvo la suerte (no me gusta Tatiana) que se le olvidará el susodicho, llamó a mi madre al hospital con la repetida suerte que tampoco ella se acordaba, y decía: Miri que empezaba por T, T, T.. Él: Venga Mari ¿T qué? y terminó diciendolé a mi padre que daba igual que Tamara mismo.
Y así fue la historia de que yo me llamara así.
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Sigo divagando, buscando sin buscar algo que encontrar. A veces el mundo me parece tan extraño, pero soy yo la que vive en otra dimensión, eso está claro.
Soy una cobarde, por eso sigo aquí, igual, sola en casa, callada, dando vueltas pero escondida con las manos llenas de tabaco y la mesa llena de papelitos rotos.
Tal vez todo lo que me ha ocurrido ultimamente me lo he buscado yo, me cuesta tanto creer que el cosmo sea así conmigo.
No consigo resolver nada nunca, hoy encima parece que la cabeza me va a explotar.
¿Cómo se valora la vida cuando una se encuentra mal consigo misma? Veo como sufren los demás por problemas de verdad y yo, todo lo que tengo es una gran mentira en mi cabeza que hace lo que en mí soy.
¿Dónde se encuentra la paz interior? Esta misma pregunta me planteé anoche al acostarme y me vino la respuesta en forma de templo Budista.
Y ya me imaginé a mí por ejemplo en uno de ellos, en Córdoba (Argentina) que vi el otro día una película y salía uno allí, en lo más lejos y alto de las montañas.
Llevaría un modo de vida totalmente diferente. ¿Olvidarme de mi mundo y de los mios para no sentir remordimientos y no sentir que debo huir? ¿Por un día? del tirón.
No creo que esa vida sea para mí, ¡¡¡¡tampoco!!!! ayyy!!!!!
 
 

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