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Archive for 24 septiembre 2008

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Una leyenda India.

Me lo mandó mi psicoanalista ayer, la verdad es que me ha llegado y me ha hecho de pensar.
El otro día que estuve en los pueblos blancos de Cádiz por más que miraba las montañas, el cielo, las nubes, las hojas caer, los brillos del sol, no conseguí dejar de sentirme mal, y además me dieron varias crisis de ansiedad tontamente. 
Quisiera compartirlo con vosotros, tal vez os sirva también de algo.
Una vieja leyenda Hindú explica que hubo un tiempo en que todos los hombres eran dioses pero abusaron tanto de su divinidad, que BRAHMA, el señor de los dioses decidió de quitarles el poder divino, y esconderlo en un lugar donde seria imposible de encontrarlo. El gran problema fue encontrarle un escondite.
Entonces los dioses menores fueron convocados a un consejo para solucionar el problema, propusieron esto:

“Enterraremos la divinidad del hombre en la tierra”. Y BRAHMA contestó: “Esto no valdrá para nada porque el hombre cavará y la encontrará”.
Entonces los dioses replicaron: “En este caso tiraremos la divinidad en lo más profundo del mar”. Pero BRAHMA contestó de nuevo y dijo: “No porque tarde o temprano el hombre explorará los fondos de todos los mares, un día la encontrarán y la sacarán de donde está”.
Entonces los dioses concluyeron: “No sabemos donde esconderla, pues no existe sitio en la tierra o en el mar donde el hombre no pueda llegar”.
Entonces BRAHMA dijo: “Lo que vamos a hacer con la divididad del hombre, es esconderla en lo más profundo de él mismo, porque es el único sitio donde no pensará jamás en buscar”.
Desde entonces concluyó la historia.. El hombre ha dado la vuelta a la tierra, ha explorado, escalado, sumergido y cavado, a la búsqueda de algo que está dentro de él.
 

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Me encuentro descansada, esta noche he dormido de maravilla y sin pesadilla. Vi la película no se qué de Geisha y creo que a las 11 la noche  ya estaba yo dormida. Hoy como es normal me he despertado a las 7 de la mañana pero me he quedado revoleada en la cama, me he estirado bien y he hecho unas respiraciones hondas. Quería, quiero tener hoy un buen día.

Escuchad esta canción quiero compartirla con vosotros,  con quien me lea, esta canción  da buenas vibraciones. Quisiera escucharla con ustedes, ojalá también os dé ánimos y alegrías de vivir.

 http://www.goear.com/files/external.swf?file=d0cbb8d

      

Me acaba de venir a la mente el recuerdo de unos amigos de Málaga. Hace años que no los veo, ¡ayy! cuanto me gustaría saber de ellos, ¿Cómo se encontrarán? ¿Llegaría Álvaro a vivir en Jamaica? Era su sueño y tenía oportunidades de realizarlo. 
Los conocí en una playa, fue un año que  no tuve novio y me  apeteció viajar sin nadie (para variar).
Como no tenía pelas me fui a un lugar cerquita de Cádiz, a Tarifa concretamente para pasar por Bolonia, Punta-paloma; dos semanas enteritas para mí de vacaciones.
Yo iba bien equipada, llevaba hasta un carro de la compra lleno de mantas, comidas, desodorante, litros de agua, saco, sabanas, ollas, vasos, sombrilla, pinzas, nevera, esterilla. De todo, vamos. Y había quedado con un amigo en que nos veriamos en aquellos días por allí. Mis padres me hicieron el favor de llevarme hasta Tarifa (Punta-Palomas).
En Punta-paloma y sin recordar la gran duna que hay me fui por ese camino y tuve que subir más bajar toda esa bonita pero alta duna con mi gran carro de la compra y las garrafas de agua, nevera, sombrilla… Yo me pensaba llevar las dos semanas tirada en la playa. En fin que no vea que odisea. Por la arena era imposible llevar ese pedazo carro, así que opté por ir por la orillita, de vez en cuando me paraba a respirar. La gente me miraba, supongo que sorprendida de ver como una chiquilla podía llevar tanto peso junto.
En una de estas veces que me paro se me viene un chaval ofreciéndome ayuda, que por qué no descansaba un rato ahí con ellos, -sí, ¿por qué no?, total.
Me hice amiga y saqué cervecita fresca y ellos marihuana seca. E de contar porque es muy gracioso, bueno por lo menos para mí. Unas palabras que me dijo mi madre al despedirse de mí antes de aquello. 
-Tamara no te vayas a quedar con los primeros que conozcas. -Sí mama, no te preocupes.  
Al final me quedé tres días con estos chavales. Hablamos muchísimo de muchísimas cosas, eran muy inquietos y divertidos, además me abrieron un poquito más la mente al igual que yo a ellos,  teniamos diferentes formas de vivir, de creer, pero ante todo nos respetábamos y como no, nos dábamos cariño.
Que buenos recuerdos tengo de aquella gran aventura.
Ellos eran rastafaris. Álvaro se empeñaba en que yo lo era también, pero que todavía no me había dado cuenta. Yo le contestaba que no, que no lo creía. Me explicaron la manera de vivir, sus creencias, el que un rastafari come y fuma todo natural. Sin embargo, no se. Como el colega era un poquito pesado con que yo era rastafari le dije: Mira killo yo no puedo ser rastafari,  si lo fuera lo sería con todas sus cosas buenas y malas, y como no quiero, no lo soy ni puedo serlo.
Lo dejé callado al pobre.
Lo que está muy claro es que al final hubo una parte de ellos dos que me influenciaron bastante. Desde el día que pasaron por mi vida, escucho normalmente reggae, es lo que  que más me motiva y da buenas sensaciones.
Los recuerdo personas muy dulces, tranquilas, amantes de la naturaleza, amigables y muy humanos.
Espero que lo estén pasando bonito por la vida, ellos sabían. Me encantaría volver a toparme con ellos, esta vez exprimiría todo lo aprendido.

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Serenatas de perennes canciones.

Sonrisa Uyy, me acabo de encontrar por casa un papel más antiguo, está hasta amarillo. Bueno pues con una historia más graciosa, yo no se de adonde sacaría este papel, de piva es que lo guardaba todo.
LEELO PRIMERO COMPLETO Y LUEGO REGLON POR MEDIO.
Mi apreciada señorita: yo quisiera pre-
sentarla ante el altar y no enga-
ñarla vilmente, pues comprenda que es usted la más pu-
ra, el más inocente modelo de virtud y la más cul-
ta que he podido encontrar para depositar el se-
creto de mi amor y no permitir que mis venas se que-
men con tan ardiente fuego. Después de haber for-
malizado mi más sincera intención, que he comu-
nicado a usted y a sus hermanas quiero ver mi ver-
dadera intención correspondida, la pasión que la ha-
ga feliz. Además, deseo poseer su hermoso cu-
tis y su corazón. Le he declarado mi amor sin rece-
lo, intensamente… y ansío contemplar las te-
nues caricias y todas sus bellezas comple-
tas, enormes y abrumadoras. Sinceramente, quiero co-
nocerla de corazón y hacerla mi esposa, prote-
gerla por todas partes… regar sus mus-
tios rosales, para mostrarle todos los cie-
los, bajo un diluvio de blancas le-
janías… llenas de felicidad y por las no-
ches, recibir con lentitud en las bo-
rrascas de mi vida, como un rumor de is-
las lejanas que suenan cual serenatas de pe-
rennes canciones… ¡ Esos son mis dese-
os, ardientes, eploxivos y divinos !
ATENTAMENTE:
Un admirador.

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De José Luis Cano Gil .
Las consultas de psicoterapia están llenas de personas, sobre todo mujeres, que se lamentan de ser “adictas” a relaciones amorosas que no funcionan, ya sea por insatisfactorias, negativas o incluso claramente destructivas. (Muchas mujeres víctimas de malos tratos pertenecen a este grupo). La pregunta es inmediata: ¿por qué no pueden alejarse, no rompen sus ataduras emocionales con personas en las que no hallan felicidad alguna? La respuesta es muy simple, aunque poco recordada: estas personas no huyen de sus parejas precisamente porque son desdichadas gracias a ellas. Esta paradójica actitud se debe a un fenómeno clásico en Psicoanálisis y muy típicamente humano: la ambivalencia emocional.
Todas las personas, en efecto, amamos y odiamos simultáneamente a los demás en función de lo que, a nuestra vez, hemos sido amados o desqueridos. Es imposible amar sin odiar y viceversa, incluso a nuestros seres más íntimos, pues ambos sentimientos son inseparables. Esto es la ambivalencia afectiva. Y el hecho de que habitualmente reprimamos u olvidemos nuestros odios “inconfensables” no los anula, sino que a menudo les abre el camino a formas más sutiles o complejas de expresión y descarga. Una de estas formas son precisamente los “amores que matan”.
Cuando un niño o niña no es querido adecuadamente, o si sufre malos tratos, experimenta un gran odio inconsciente contra sus padres, de los que sin embargo no puede prescindir, y también un gran sentimiento de culpa, pues cree ser “merecedor” del desamor que padece. Así su corazón aprende a asociar su desesperada necesidad de amor con la rabia y la baja autoestima y, en la vida adulta, ya no podrá amar sin volver a mezclar esos tres ingredientes. Más aún, buscará y se aferrará precisamente a personas que le provean de ese tipo de vinculación anómala, es decir, que lo humillen y lo hagan sufrir y a las que, por tanto, podrá odiar libremente permitiéndole, así, descargar vengativamente todos los rencores  acumulados en la infancia. En algunas personas predomina  el aspecto “sádico” (activo, agresivo), en otras el aspecto “masoquista” (pasivo, víctima). 
¿Cuál será el resultado de todo esto? La persona afectada, aunque necesita ansiosamente amor y sufre muchísimo porque no lo recibe de su pareja, en realidad tampoco está en condiciones de disfrutarlo aunque sí lo recibiera, y de hecho lo sabotearía hasta destruirlo si así fuera, pues una parte de ella desea secretamente seguir íntimamente sola, infeliz y continuar su guerra sin fin contra el amor y el otro sexo. De ahí la proverbial desconfianza, agresividad, inestabilidad y espíritu litigante de muchas de estas personas y, contradictoriamente, su enorme dependencia emocional del amor que mata. Allí donde otra persona rompería fácilmente con su enemigo, estas personas pueden aferrarse a él durante años. Pues se trata, en definitiva, de repetir lo aprendido en la infancia (“el amor consiste en ser despreciado y agredido”), de seguir atrapado/a en el círculo vicioso “te odio porque me maltratas pero tampoco quiero que me ames pues desconfío del amor y no lo merezco” y de realizar el perpetuo y ambivalente “quiero/no quiero ser amado/a”. Y ¿quién mejor que un buen enemigo para lograr todos estos fines? No es que no puedan romper con él, es que no quieren.
Esta ambivalencia extrema forma parte, por ejemplo, del trastorno límite de personalidad (TLP). También interviene en el conocido fenómeno de “enamorarse de la persona equivocada”, en los amores basados en las continuas broncas, celos, etc (“nos peleamos porque nos queremos”), en muchos malos tratos domésticos (de ambos sexos), en las relaciones inestables o promiscuas, en las dificultades para hallar pareja, etc. La única forma de superar todo esto, generalmente con ayuda de psicoterapias psicodinámicas, es concienciar y liberar las enormes cantidades de amor-odio inconscientes acumuladas desde la infancia, explorar cómo el sujeto se aferra y a la vez sabotea el amor, y recuperar mediante un aprendizaje gradual la confianza en el amor, la autoestima y el derecho a la felicidad.

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De José Luis Cano Gil .
Cuando una persona sufre y adopta por ello conductas “raras” a los ojos de los demás, decimos que tal persona padece un “trastorno psicológico” (p.ej., ansiedad, depresión, etc). Sin embargo, otras veces oímos decir que algunas personas sufren “trastornos de personalidad” (p.ej., un trastorno límite, o narcisista, etc.). ¿Qué significan estos conceptos? ¿En qué se diferencian los problemas psicológicos comunes de los llamados “de personalidad”?
Un problema psicológico simple, tal como un proceso ansioso o depresivo, obedece a un conflicto concreto de una persona fundamentalmente madura y equilibrada, salvo en lo referido a ese conflicto. Dicha dificultad puede referirse a otra persona o circunstancia determinada, una experiencia particularmente dolorosa, ciertos momentos difíciles de la vida, etc. Pero, una vez afrontada y resuelta la crisis, esa persona recupera fácilmente la totalidad de su carácter básicamente maduro y satisfecho.  
Los problemas de personalidad, en cambio, afectan a todo el carácter del individuo, a su forma global de ser y funcionar en el mundo, por lo que hay pocas facetas maduras en su personalidad. El DSM-IV, actual vademécum de los problemas mentales, considera 10 trastornos básicos de personalidad: 1) paranoide, 2) esquizoide, 3) esquizotípico, 4) antisocial, 5) límite (TLP), 6) histriónico, 7) narcisista, 8) evitativo, 9) dependiente, 10) obsesivo-compulsivo. Lo que caracteriza a todos ellos, independientemente de sus síntomas y conductas externas, es una insatisfacción e inadaptación más o menos extremas a la vida, esto es, la soledad íntima, la inmadurez, el desamor, el miedo. Son todas ellas personas que, por mil obstáculos e interferencias en su desarrollo infantil, no han podido crecer y sentirse adecuadamente seguras del mundo y de sí mismas. Por ello no son felices y, desde luego, no pueden hacer felices a los demás. 
Por supuesto, los síntomas de los trastornos psicológicos simples y los de los problemas de personalidad son idénticos; lo que diferencia a los segundos de los primeros es simplemente su cantidad y perpetuidad. Por ejemplo, una persona fundamentalmente madura puede sufrir de repente un trastorno obsesivo, perfectamente circunscrito e incapaz de afectar otras áreas de su vida. Pero si la vida entera de una persona resulta invadida por síntomas obsesivos -en todos los momentos y circunstancias-, entonces hablamos de “trastorno obsesivo de personalidad”. En todos los casos, sin embargo, así como el moho sólo nace en los sitios húmedos y oscuros, la cantidad de cualesquiera síntomas neuróticos será proporcional al número e intensidad de las heridas psicológicas sufridas por el individuo desde su infancia. 
Desgraciadamente, tal como insisto a menudo en estos artículos, en la actualidad se descuida enormemente el cuidado y amor que se debe a los niños, por lo que están incubándose gran número de futuros trastornos de personalidad. “Educar” a un niño no es simplemente alimentarlo, vestirlo, llevarlo a guarderías y colegios, enseñarle determinadas normas, llenarlo de conocimientos y habilidades intelectuales, y abrumarlo con juguetes o caprichos. No. Educar significa fundamentalmente dar cariño, aceptación y cuidados psicofísicos. únicos cimientos de la futura autoestima, autonomía y felicidad de las personas. Todo lo que se aleje de esto es pura dominación de los mayores sobre los pequeños, egocentrismo adulto, modos de transmisión y perpetuación del sufrimiento.
Como los problemas de personalidad tardan largos años en gestarse, tardarán igualmente mucho tiempo en superarse -suponiendo que los afectados decidan intentarlo, vía psicoterapia-. Pues lo que subyace a todo trastorno de personalidad es, siempre, el desamor, el miedo, la culpa y la rabia, emociones profundamente arraigadas en el corazón de la persona y, por ello, muy difíciles de desenmascarar y exorcizar. Lo dificulta, además, la propia desconfianza del sujeto frente al terapeuta y, por supuesto, su miedo a dejar de ser él mismo. ¡Los seres humanos nos aferramos incluso a nuestros sufrimientos!
En general, no podemos “eliminar” absolutamente un trastorno de personalidad, ya que sería como querer modificar por completo la estructura de un edificio sin  demolerlo previamente. Pero sí podemos hacer importantes “reformas” en él, volverlo mucho más habitable, contribuir a que el sujeto se sienta mucho más cómodo y satisfecho consigo mismo, las personas y la existencia.

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De Olga Pujada.
Ésta es una escena real. Son una madre y un hijo que viajan a las 8 de la mañana en un tren. La mujer mira en todas direcciones, a un lado, al otro, al suelo, al techo, pero nunca a su hijo. Él, sentado en el cochecito, intenta llamar su atención: le agarra el pantalón, se revuelve, da grititos, busca su rostro. Ella, ausente, no le hace ningún caso. El bebé arrecia  en sus protestas, hasta que, desesperado, tira la galleta que estaba comiendo. Y entonces ¡oh milagro! consigue la atención de su madre: 
– ¡Mira que te portas mal, mira que eres malo! -le dice furiosa, mientras le limpia agresivamente las babas y le recoloca el suéter de muy mala gana… 

***
Si esta escena es indicativa de la vida del niño, no es muy difícil adivinar su desesperación, su hambre de amor.
La necesidad de que le atiendan, de que le hagan caso y de que le traten mal, será una constante en su vida, porque es el único amor que ha conocido. Será una persona que asociará amor con conflicto, y por lo tanto se las ingeniará para provocarlo siempre. 
Sin embargo, la psicología actual obvia la infancia de sus pacientes (muchos son los que ignoran e incluso se burlan del psicoanálisis) y les “culpan” de sus síntomas: es un chaval inconstante, agresivo, que no respeta a nadie,  insoportable… La desesperación de un ser humano no sólo no es reconocida, sino que es tratada como una enfermedad molesta incluso para aquellos que de un modo u otro la han propiciado. De nuevo, el chico del tren encontrará motivos para sufrir.
Pero lamentablemente preguntarse porqué no está de moda. Creemos que podemos solucionarlo todo sin conocer su origen, que con pastillas y pautas tenemos suficiente. La psicología se ha convertido en el arte de la domesticación. Hacer libres y felices a las personas ya no es su misión, sólo es importante la adaptación a  unas normas sociales cada vez más exigentes. Tests, ejercicios, listas, habilidades y herramientas, han sustituido a la confianza, a lo que de confesionario tenían las consultas de los psicólogos. Los descubrimientos de Freud, Klein o Fromm han perdido importancia porque no son “científicos” ni rentables. Conocer a los seres humanos no aporta beneficios a la industria farmacéutica.
Ninguna dolencia mental surge sin dolor. Hay autores, los denominados antipsiquiátricos como Thomas Szasz, que afirman que la enfermedad mental no existe, que es simplemente la adaptación a una circunstancia vital extrema. Todos somos, por lo tanto, “enfermos mentales” en potencia. Esta visión humanista y desmitificadora no es fácil de hallar y en mi opinión es básica para tranquilizar a quien acude a una consulta. Todos los que hemos hecho terapia sabemos la angustia que producen las etiquetas: soy un ansioso, soy un TLP, soy un obsesivo, soy… un desastre de persona que produce molestias a los demás, y tengo que curarme lo más rápido posible para ser aceptado, querido, para ser, de una vez  por todas, NORMAL…
Aquellos que pretenden curarnos tienden a añadir angustia y soledad a nuestra vida. 
El niño del tren lo que necesita es que alguien le comprenda, que alguien la acoja, que alguien le tienda una mano para seguir adelante, sin censuras, sin moral, sin reproches, alguien que le haga entender por qué fracasa en sus estudios, en sus trabajos, en el amor, alguien que le quiera a pesar de sus síntomas, de su agresividad, de su visión conflictiva del mundo. 
Alguien que sustituya de algún modo a esa madre que no supo hacerlo mejor en su momento. 
Es lo único que le ayudará a ser feliz. 

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