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Archive for 31 diciembre 2009

31 de diciembre del 2009.

Hoy ya me encuentro mucho mejor. Y acaba este año.
Lo celebraré en familia y después saldré un poquito.
No tengo mucho que contar, pero quiera o no, de la ansiedad
ahora estoy mejor.
No saco muchas conclusiones de este año, aunque sé que he
logrado muchas cosas, pero me falta vaciar el vaso de la inseguridad y
acercarme más a las personas que me quieren.
A partir de mañana cambio, jajaaa….
 
¡¡¡¡¡¡FELIZ AÑO NUEVO A TODOS!!!!!
 

 

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No quiero encender la luz, no quiero que nada de lo que haya
en esta habitación brille. Escribir con los ojos cerrados no es tan difícil
como vivir. Se cual lugar tienen todas las letras y en el dolor más profundo
necesito de ellas, sólo eso, porque no merezco nada más.
Hay lucidez suficiente para saber cuanto encierro y torturo
sobre mí, pero no puedo remediar sentirme de otra forma cuando la única
culpable que hay sobre lo que me sucede soy yo.
Exploté, hace dos días exploté. Una vez más…
He dejado el trabajo. No aguantaba más con mi mente torturándome
en todo momento, que iba a perder el control y la iba a liar. Aunque tuviera
razón pero mis modales me perderían.
Ahora no sé que hacer, no sé adonde ir, para remediar la
pena e insatisfacción que siento, ya no confío en mí.
Hace tres días estaba contenta porque llegaría lejos en el
mundo de la pastelería y ahora, de pronto,  se han caido todas las torres y no se como
solucionar este fracaso.
Una vez más mi puta enfermedad pudo conmigo. Los impulsos me
pudieron y volví a fracasar.
A veces mi mente me dice que tranquila, que ese trabajo no
era para mí, ni aquellos compañeros, que era demasiado estresante y que no
estaba bien tener que tomar gramo y medio de tranquimazín para llevar la mañana
lo más llevadera posible. Pero, ¿qué hago ante el fracaso de esta sociedad? Cuando
yo le diga a mi familia, a mis amigos que ya no trabajo allí, pero ¿por qué
Tamara? Por qué no podía más, y nadie me va a entender porque ni yo misma me
entiendo.
Todo el mundo sabe de que va la ansiedad, pero quien no la
viva en todo momento, no puede saber todo lo que pasa por mi mente y siente mi
cuerpo. Si me cuesta vivir estando tranquila, en casa, sin hacer nada, menos
puedo trabajar si todo me crea ansiedad, todo. Y es una constante contradicción
en mi cabeza, todo. ¡TODO!

 

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Debo escribir, antes de ayer tuve un sueño hermoso, y si no
lo hago ahora, un día, pronto, se irá de mi memoria.
Últimamente ando muy mal de ella, sigo tomando un
tratamiento muy fuerte, y está haciendo mella en mí. A veces me entristezco
porque estoy olvidando las palabras, lo que hice ayer, mi pasado, que la parte mala me da igual, incluso mejor,
pero la parte buena, los momentos vividos llenos de calor o ternura o de mi
niñez, están desvaneciéndose muy rápido. No puedo hacer nada contra ello,
porque debo tomar la medicación si no quiero perder el control de mis impulsos,
pero es indignante que para estar medianamente bien, mi mente siempre esté como paralizada.
No escribo apenas ya nunca, porque se me olvidan las
palabras, y no sé cómo explicarme sin ellas. Me siento impotente.
Bueno antes de ayer, soñé con la abuela Ana. Me desperté esa
mañana bien, sin ansiedad (últimamente estoy fatal, ando desquiciada con todo)
pero me desperté tranquila, sin aturdimientos mañaneros, e iba para el trabajo
con mi padre en el coche, cuando le dije que me parecía que esa noche había
soñado con la abuela, y al decírselo me vino a la mente todo el sueño.
No estábamos en casa de ella, no se que sitio era, estaba
ella sentada en una silla normal, junto a mis tías, que llegué yo de no se donde,
y como siempre me fui para ella a darle dos besos. Se los dí, pero tan normal  me puse a charlar con un tío, no obstante de
pronto me detuve a pensar en que mi abuela estaba viva, y me fui para ella otra
vez, y comencé a darle mil besos, llorando de alegría y diciéndole “estás viva,
estás viva abuela” yo tocaba su piel de los brazos, como hacía cuando estaba
malita en sus últimos tiempos, y mi abuela reía y me recibía igual.
Ya no recuerdo más nada, pero fue muy bonito volverla a ver
y sentir. Ahora tenía que escribirlo porque antes de que mi memoria muera, ella
siempre estará en mis escritos para no olvidarla como la tocaba y sentía.
Debo de escribir más a menudo para el día en que vuelva a
estar mal de verdad, no olvide que tuve también un pasado bonito.
Se que pronto muy pronto volveré a estar mal, lo siento
dentro mía, porque ni mis nervios ni mi mente están demasiado bien, y siento
que ya no puedo más y que muy pronto volveré a explotar, perdiendo una parte de
mi, o perdiendo a alguien.
Este mes está siendo muy duro, he superado muchas historias
y miedos este año, sin embargo este mes, estoy obligada a recordar este mismo
mes pero del año pasado, y es curioso, porque estoy olvidándolo todo, pero sigo
teniendo muy presente, todo lo que viví el año pasado. Todo, todo todo…
Hace un año de hace dos días, murió mi perro Wiro
atropellado por culpa mía, y hace un año exacto me encontraba en un hospital en
la parte de psiquiatría, encerrada allí, encerrada en mi y enfada con mis
padres, prohibiéndoles la entrada como castigo por haber preferido que
estuviera allí, (eso era lo que pensaba en aquel momento) bueno y mi abuela Ana fue
a verme, yo no me la esperaba, y en su silla de ruedas malita me fue a ver. Fue
muy bonito, porque me dio muchos consejos, consiguió que recapacitara en mi
relación con mis padres y sobre todo consiguió que no me sintiera sola. Pasé parte
de las navidades allí.
Ahora, cuando se fue definitivamente de este mundo, me volví
a sentir sola de nuevo, pero nunca olvidaré (creo) aquel día que me llenó de su amor,
y de su compañía. Y su olor, su ternura, su piel, sus caricias.
Así que este mes está siendo muy duro, tener tan presente
tantas cosas malas y a la vez el recuerdo de ella, me está aturdiendo.
Pero menos mal que soñé con ella, porque el volverla a
sentir ha hecho que me sienta un poquito fuerte, para afrontar lo que tenga que
venir, o que no venga, que mis impulsos no puedan contra esta vida… vida que a
veces siento que no me pertenece y no me la merezco.
No, locura mía, no vuelvas más, puto límite.
 

 

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Por el amor de una mujer…

Llevaba un tiempo pensando en él, recordando su voz, su
cuerpo, su piel, su aliento, volvía a añorarlo a pesar de que sabía que se lo
tenía que quitar de la cabeza, porque aquella relación no era ni podía ser
sostenible y porque juntos vivieron un pasado muy negro por culpa de la droga,
juntos. Así que no, no podía ser posible ni ahora ni nunca.
Sin embargo lo recordaba, extrañaba y añoraba con todo su
amor. A veces se imaginaba de nuevo con él; cómo juntos compartirían la vida,
cómo vivirían las alegrías y los problemas. También se imaginaba como de nuevo
besaba sus labios, y es que con los ojos cerrados podía imaginarse de todo…
A veces recordaba las cosas buenas del pasado, los momentos
que vivieron juntos, como pasaban las tardes en casa, charlando, con sus
inciensos y la guitarra, o con la tele y la manta, como la cuidaba y le traía
el desayuno a la cama, como ella le decía cosas bonitas a la mañana o a la
tarde, o a la noche. Pero siempre, siempre le salían lágrimas al pensar todo esto,
porque era tanto el deseo que sentía por él que más grande se hacía aun, la
impotencia de no tenerlo.
Y con estos pensamientos se le iban pasando los días.
Hasta que una tarde sin pensarlo lo llamó. Hacía casi un año
que no sabía nada de él, y le nació la nostalgia de su voz.
Al escucharlo se puso muy nerviosa y como siempre ella, era
la que lo decía todo, a él no lo notó nervioso, sí seco y poco sorprendido. Qué
poco duró aquella conversación, así que al saber ya como se encontraba él y la
perra, le dijo adiós con alegría, aunque más roto el corazón.
Ahora ella se encuentra a mi lado, yo le digo que el amor es así
a veces, y que contra él el único remedio que hay es el tiempo y que yo sé que
ella lo suerará, pero está triste, lo dice su mirada, sus suspiros, y le digo
que no pasa nada, que ya vendrá un amor que de verdad la quiera, y que él junto
al pasado no son para ella. Así que ahora más que nunca a vivir la vida, porque
por un hombre no la quiero ver más llorando. Y porque al fin al cabo fueron más
penas que alegrías las que le dio.
Ya, pero…no hay peros que valgan Tamara.
 

 

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