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Archive for 31 marzo 2010

Cuatro horas más tarde vuelvo a escribir. Ya me siento más
tranquila y me he podido desahogar con mi madre. Le he contado lo que me estaba
pasando, y ahora veo las cosas de otra manera. Tampoco estoy ya tan triste, sólo
muy nostálgica.

Sigo pensando y sintiendo lo mismo que escribí abajo, pero
me consuela pensar que mi abuela está protegiéndome desde ahí arriba.
Después de escribir me fui a la calle con la perra, a coger
el coche e ir a la playa, pero hacía viento del norte y era frió frió, así que
nos hemos quedado en el coche escuchando música y reflexionando en todo lo que
escribí.
Le eché el respaldo al asiento y me tumbé para atrás, cogí
mi postura preferida y me puse a meditar. Analice por que me sentía triste, y encontré
el motivo, mi abuela, después pensé, que si murió por lo menos ya está
descansando. Y de pronto allí tumbada, pensando,  me entró fugazmente esa fuerza que me inculcó
ella, a levantarme, y afrontar las cosas con cariño y dedicación. Y así hice,
me salí del coche y me mecí con el viento.
Me sentí bien, de pronto se había esfumado esa pena como si
nada. Curioso.
Me gusta meditar, para encontrar la fuerza necesaria que me
empuja a seguir viviendo, viviendo de una forma sana y bonita. Me gusta recordar
a los mios y sobre todo estar bien para que ella, mi abuela me vea divina de la
muerte.
Si me viera hoy en día, se que estaría orgullosa de mi, de
todo el avance que he hecho en un solo año. Si me viera que contenta la pondría.
Por eso debo de estar contenta, para que ella desde ahí
arriba, me vea y no esté triste por mi culpa.
Antes de morir le prometí, le dije: Abuela mia, te prometo
que voy a luchar más que nunca y que mi enfermedad no va a poder conmigo.
Y creo que lo estoy cumpliendo, así que a animarse, para que
me vea que estoy bien y no se tenga que preocupar por mí en nada. Abuelita de
mi corazón.
Otra cosa.
Gracias a mi amiga Maria que me ha dedicado un cuento y
quiero compartirlo aquí.
Es una historia muy bonita, de la cual me siento muy
identificada, muchísimo.
Espero que os guste.
ANONIMO
No había nada que hacer, me dijeron. Era sólo cuestión de tiempo que la mano de
Dios se extendiera para coger la pequeña chispa de vida que quedaba en mi
deteriorado cuerpo. Me pasaba cada día acostado en el mismo sitio mirando la
pared… esperando a Party. Ella llegaba a las tres de la tarde, a leerme,
cogerme la mano, secarme la frente y


decirme bondadosas palabras tranquilizadoras. Se marchaba a las seis.


Cada tarde yo tenía que simular que estaba bien para que ella se marchara, y
después trataba de imaginar por qué me seguían sirviendo la cena, lo cual me
parecí desperdiciar la comida.


Party sabía que me estaba muriendo, y sin embargo sus ojos brillaban de
esperanza, y sus palabras eran siempre alegres. Incluso en medio de mis
momentos más dolorosos ella sonreía y me hacía un guiño, ese guiño especial que
quería decir: «Deja de compadecerte a ti mismo y elévate a mi nivel para encontrarte
conmigo». Lo curioso es que eso hacía yo, cada vez. No era difícil hacerlo
cuando tenía delante a ese ser humano vibrante, que se preocupaba de mis
últimos días, como si fueran importantes. Yo les tenía miedo a las visitas de
mis familiares, al incómodo silencio, los ojos bajos y la pena que irradiaban
cada vez que venían a visitarme. Me resultaba insoportable. Party era
diferente.


No era una enfermera titulada, ni siquiera una de esas asistentes especiales
que van a clases para aprender a auxiliar a los enfermos terminales. Era
simplemente una voluntaria, pero una voluntaria que había decidido pasar cada
tarde de su vida con un libro en la mano, leyendo para los enfermos. Le encantaban
los libros, y recuerdo haberla estado mirando durante horas, al parecer sin
pestañear mientras leía. Leía de un modo muy expresivo todas las historias que me
gustaba escuchar. A veces lloraba o reía para ilustrar mejor la historia. Con
mucha frecuencia levantaba la vista para ver si seguía escuchándola o si
necesitaba algo. Yo jamás necesitaba nada. Su presencia bastaba para espantar
el dolor, y el miedo se marchaba a un escondite especial durante los momentos
en que ella estaba sentada junto a mi cama.


Las mañanas eran lo peor. Nuevamente me traían comida, con gran disgusto por mi
parte. ¿Para qué molestarse? A veces sentía el cuerpo como si alguien lo
estuviera devorando por dentro, con todo el dolor que acompañaba a esa visión.
A veces rogaba que me liberaran de lo que sabía que estaba llegando. Oraba a
quienquiera que me escuchara, clamando que estaba cansado de todos esos
problemas y gastos.


Entonces aparecía Patty y todo cambiaba. Jamás hablábamos de mi inminente
muerte. Me trataba como si en cualquier momento fuera a levantarme y salir corriendo
a participar en la siguiente prueba de atletismo. Jamás vi en ella la lástima
que con tanta frecuencia veía en los ojos de todas las personas que entraban en
la habitación.


Sabía los nombres de sus hijos y de su marido, e incluso una vez los conocí a
todos. Qué familia! A ninguno parecía importarle estar en presencia de una
persona moribunda, como si todos hubieran hecho un curso de ángeles o algo así.
Patty me contó el secreto después, y esa fue la única vez que habló de su
espiritualidad o de algo que tuviera que ver con Dios.


Me dijo que todos los seres humanos tenemos un camino que Dios conoce, que en
cierto modo yo estaba exactamente donde había acordado estar, y que en todo eso
había honor por algún motivo. Yo me eché a reír y miré a mi alrededor, vi la cuña,
mi bolsa a medio llenar de orina y los tubos conectados a mis muñecas. Los ojos
se me habían ido


enrojeciendo más cada día y la piel se me había vuelto cenicienta.


-¿Honor, eh? -dije, haciendo un gesto con la mano entubada.


Los dos nos echamos a reír, pero Patty continuó. Me dijo que ella y su familia
creían que yo había elegido algo especial para hacer en el planeta y que mi
situación era de un modo u otro la apropiada en el plan de amor de Dios. Yo no
entendí nada, pero de todas formas me consoló. Horas después, pensé muchísimo
en lo que me había dicho.


Ocurrió lo inevitable y recibí respuesta a la petición que más había rogado. Le
había pedido a Dios (a quien jamás había hablado antes de caer enfermo) que me
permitiera marcharme en presencia de mi ángel Patty, y conseguí mi deseo.


Fue mucho más fácil de lo que había imaginado, esto de morir. Patty estaba
empezando a leer mi parte favorita de `El señor de los anillos’ cuando se me
paró el corazón. Hubo un momento de temor al darme cuenta de lo que estaba
sucediendo y Patty dejó de leer como si yo le hubiera enviado un mensaje mental
o algo así. Me miró de una manera como nunca lo había hecho hasta ese momento,
y entonces comprendí que ella había visto eso antes. Un tenue destello de sus ojos
me dijo: «Ve en paz a los brazos de Dios». Me colocó la mano en el pecho, nos
miramos en silencio y se hizo la oscuridad, que duró uno o dos instantes.


Había una tremenda luz! Yo era libre! Sentí un inmenso alivio del dolor y
comencé a flotar por encima de mi cuerpo mientras observaba toda la habitación.
Vi mi cuerpo cansado y frágil todavía echado en la cama, y la mano de Patty aún
sobre mi pecho. Ella cerró lentamente el libro y permaneció inmóvil. Sólo
entonces lloró un poco, pero eran


lágrimas de alegría por mi libertad… y su rostro parecía lleno de respeto por
mi vida.  Y yo lo estaba viendo todo!


Mientras me alejaba flotando suavemente, vi sus alas astrales y comprendí que
así como yo había honrado a
la
Tierra con mi muerte, Patty honraba a la Tierra con su servicio
angélico. Su cuerpo resplandecía literalmente debido a quién era ella, como si
hubiera un arco iris alrededor de su cabeza. Mi ángel era de verdad un ángel, o
al menos un ángel terrenal. Cuando comenzó a desvanecerse la habitación, me di
cuenta de que no le había dicho cuánto agradecía sus horas de servicio y
dedicación haciendo soportable mi muerte. Me invadió la gratitud hacia ella,
pero tal vez demasiado tarde.¿Sabría lo agradecido que estaba por el consuelo
que me había brindado? Me embargó la emoción al pensar que el ser humano que me
había ayudado más en toda mi vida nunca me había oído decirle que estaba agradecido.
Entonces vi a los demás a mi alrededor y lo comprendí todo. Estaba tranquilo.
Ella lo sabía. No me pregunten cómo, pero Patty lo sabía. Sabía lo agradecido que
estaba yo en el momento en que me marchaba. La vi levantar la mano abierta y
elevar la cara hacia mí, como si en realidad pudiera verme. Era un gesto de despedida?
Esa escena surrealista estaba comenzando a desvanecerse y


mi nuevo entorno empezaba a cobrar forma. Era hora de marcharme.


Patty permaneció un momento sentada en silencio junto al cuerpo, con la mano y
la cara levantadas hacia arriba. Ya había estado allí antes y había hecho eso
mismo. Sintió cómo la esencia de la vida abandonaba a su amigo en la cama, y
luego esperó un momento lo que siempre venía a continuación. Se sentía inundada
de un torrente celestial de amor.
La habitación estaba llena de sentimiento, tan denso que
parecía un banco de acogedora niebla que vibraba con la gratitud de multitudes por
lo que había hecho. Por eso rara vez lloraba con pena en esos momentos, porque,
¿cómo se puede sentir pena en un acontecimiento tan honroso? Llorar la pérdida
vendría después, pero por el momento Patty se quedó sentada en el lugar de honor
durante un rato y celebró la vida de un hombre al que había ayudado.

Nadie entró, y estuvo sola para sentir el amor, la gratitud y el reconocimiento
de todas las entidades celestiales del tesoro de Dios que se habían reunido
para imponerle las manos. Comprendió lo que estaba sucediendo y permaneció
tranquila y serena mientras recibía sus regalos de gratitud. Sintiéndose
renovada, se levantó con lentitud y cubrió suavemente la cabeza de su amigo con
la sábana de tres días. Se incorporó y emprendió el camino hacia las oficinas
del hospital, donde esa misma noche le dirían el nombre de su siguiente paciente
terminal, una persona a la que acompañaría para leerle hasta su fin, cuando
nuevamente recibiría la unción de gratitud y el increíble torrente de energía
amorosa de aquellos seres celestiales ,responsables de esas cosas.

Patty comprendía que acababa de estar lo más cerca posible de Dios que podía
estar un ser humano sobre
la
Tierra, y se alegró de tener la oportunidad de volver a
hacerlo.
                                                                                        ANONIMO

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 ¿Te digo la verdad? Necesito estar triste. Hay algo dentro
mia que me llama de esta forma. Porque ayer ordenándole las fotos a mi tía Paqui
encontré muchas de mi abuela.

Y un día aceptas que ya no está, y otro te derrumbas porque
tampoco está.
Con esta incertidumbre me fui a la playa, a mirar el mar y
el cielo. Necesitaba sentirme como la orilla, que se deja llevar por las olas,
para mecerse en los vaivenes de la vida.
Necesitaba volver aceptar que mi abuela ya no está.
Y una estrella fugaz me enseñó un camino, reflejándome su
luz.
De pronto dejé de llorar y empecé a reir, sentía que mi abuela
estaba a mi lado, hasta que me marché, y volví a mi vida de siempre.
Mi casa, mis padres, mi familia, mis amigos, pero sin mi
abuela.
Hoy sigo igual, sola a pesar de tener tanto. Sin poder reemplazar el amor de mi diosa.  
Por eso quiero estar triste, a pesar de saber que soy
fuerte. Ya mañana me levantaré, hoy necesito preguntarle al mundo, por qué
se la llevó…y dejar que las lágrimas caigan para desahogar esta pena tan honda.
Quiero recordar a mi abuela siempre bien, pero no me sale,
todavía tengo muy reciente su enfermedad, y en las fotos se le notaba que
estaba muy malita. Pero hay unas cuantas que sale muy bien, tan gordita como
era ella, y tan sonriente.
Desearía poder dormirme y soñar con ella, para así volverla
abrazar y sentir su calor.
Desearía poder creer que sigue aquí, a mi lado. La necesito tanto. Como también necesito creer en algo, pero no me sale, no me sale creer en
Dios, porque se la llevó teniendo a muchas personas que la necesitaban. Si Dios
existe no se portó bien con ella.
Aunque quiero creer que sigue viva en el cielo, que algún día me la volveré
a encontrar…
Me cuesta creer que la vida se quede en nada, que los
sentimientos, emociones y sueños de esa persona ya no existan. Sólo en la
memoria mia pero eso hoy no me vale.
Estoy enfadada con el mundo entero, por haberse llevado lo
que yo más quiero.
Y aquí termino, doy paso a una foto de ella, cuando estaba
bien de salud.
 
 
 
Está foto la voy a ampliar para ponérmela en un marco. Para
cuando esté triste mirarla y recordar lo bonita que era siempre, y cuanto
cariño me dio y cuantas cosas me enseñó, espero que así un día se vaya esta
incertidumbre, y poder vivir en paz. 
Debo de  aceptar que
hay personas en la vida, que aunque queramos mucho, tienen que coger otro tren
y cambiar de rumbo. Así es la vida. Así es para todos.

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Con la Virgen la Palma.

   Hoy echo la vista atrás, y viajo 17 años en el tiempo.

Vuelvo a ser una niña de 10 años, y estoy nerviosa porque
voy a salir en una procesión, voy a estar con la Virgen de la Palma y Jesús Crucificado. Iré
con un cirio grande, casi tan alto como yo.
Dentro de un capirote iré escudriñando las miradas del
mundo, veré a los niños deseosos de hacer bolas de cera. Y yo les daré.
Rezaré hasta que llegue a la Catedral, ese será el
propósito de hoy.
Voy por la plaza las Flores y veo a mi abuela Ana, está
buscándome entre todos los peritentes. La saludaré y me iré contenta hasta el
altar.
 
Hace muchos años que no veo ninguna procesión, desde que dejé
de creer en Dios.
Hoy pensé ir con mi tía Paqui, la que vivía con mi abuela,
pero he visto el tiempo y ahora mientras escribo ya está lloviendo.
El cielo
está llorando, como estarán llorando esos niños deseosos por salir en la Palma, o como los
cargadores, ellos llorarán también por no poder salir a la calle un día tan
especial; deseo que deje de llover pronto. Yo ya he llorado, a pesar de la lluvia, hoy sigue
siendo un día especial.
Es especial porque si mi abuela viviera estaría
diciendo: ay cuanto me gustaría ir a ver la procesión pero no puedo, porque mis
piernas no me lo permiten.
Es especial, porque gracias a la Virgen la Palma hay muchos recuerdos en mi cabeza, y
sé que en la de mi familia también. Hoy mi abuela está muy presente en nuestros
corazones. Y en nuestro camino. Ella, la
diosa de nuestra vida.
Ya no llueve, que bien, espero que salga la procesión y que mi tía pueda verla, además que en su corazón conmemore la existencia de mi abuelita y sus deseos cumplidos junto a ella y la Virgen.
Me voy, voy a seguir echando la vista atrás para tener a mi
abuela Ana cerquita mia, en la plaza las Flores. Casi a mi vera, tocándome la
manita. Y yo seguiré andando con mi cirio y mi fé, junto a la Virgen la Palma, la más
bonita para mi abuela querida…

 

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He salido a la calle esta noche. Quedé con unos amigos y fuimos a un pub que hay en el casco viejo.
Pero aquí estoy ya, me he recogido temprano, la timidez traicionera hacía que las palabras no salieran de mi boca. Esta noche no me apetecía beber, así que un par de horas viendo conciertos y cuando han acabado me he ido del tirón, porque me sentía incomoda con esa verguenza.
La semana pasada también salí y me emborraché, lo hice a conciencia, porque es la única manera de que me sienta comoda y ya pueda hablar de cualquier cosa, pero no está bien, lo sé. Por eso hoy no lo hice. Pero siento ahora como si por lo de esta noche hubiera retrocedido 5 pasitos. Sé que me debería de haber quedado allí  con mis amigos, pero sin pensarlo en unas de estas me he ido.
Yo antes era una persona muy extrovertida ¿por qué ahora no? ¿qué me ha pasado? La madurez no tiene porque ser.
Es como si al hablar con alguien, aunque sea un amigo cercano, me pusiera nerviosa, y ya no atino con los pensamientos, y me distriaigo yo sola para mis adentros, a veces no siquiera me entero de lo que me están hablando.
Mañana hay una concentración en la playa La Caleta, para que no degeneren la playa, que con la excusa de que la quieren poner bonita van acabar con ella. Pues nada que mañana quiero ir con los colegas, a ver si no lo paso mal, porque de verdad que es que lo paso mal. No me gusta ser tan callada.
Una conversación se trata de dos personas, y conmigo de verdad que a veces es como hablarle a las paredes.
No me quiero poner triste, y no me voy a poner triste ahora. No vale de nada.
Tal vez haya repercutido en mi manera de ser al haber estado tanto tiempo encraustrada en la casa, sin hablar con nadie nada más que con mis padres, tal vez eso haya sido. Supongo que tendré que volver a acostumbrarme a los ambientes, y a socializar, volver a obtener unas habilidades sociales.
Y nada más por el momento me acuesto ya, que tengo sueño.

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Divino oasis.

Tierra firme
Mis pasos van
Y no me detengo
Ahora no
Solo para dormir.
Tierra firme
Tú me guias
Juntas encontraremos
La luz,
Nuestra luz interior.

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Ayer me sorprendí,  vi en la televisión un programa
que hablaba sobre trastornos de personalidad.

Mencionaron el mio, Trastorno límite de la personalidad
(TLP).
Las personas que salían hablando sobre él, eran en muchos
aspectos idénticas a mí.
Me quedé muy impresionada, cómo pueden existir los mismos
comportamientos en personas tan diferentes a mí.
Después ya en la cama estuve reflexionando en mi vida, en
acontecimientos importantes que lograron que yo admitiera que tenía un problema
y que necesitaba ayuda.
Ahora dos años después de que me lo diagnosticaran y de haberme dejado ayudar he
aprendido mucho sobre ello, pero sobre todo he aprendido a autocontrolarme. A
no hacer ya cosas malas o peligrosas, y a no guiarme por mis impulsos. A pensar
antes de actuar…
Cuando me pongo a pensar recuerdo muchas noches de locura.
Recuerdo momentos que he sentido tanto dolor, donde ese dolor
era tal que yo necesitaba aplacarlos digamos, con autolesiones o lo odio
mencionarlo pero era así, el suicidio. Era tanto lo que sufría que a veces opte
por este camino sin pensar en las consecuencias ni en las personas que me querían.
Me he sentido millones de veces vacía, deprimida o por el
contrario muy contenta, me daban momentos de subidón pero luego venía el bajón.
Era como estar drogada las 24 horas del día.
El miedo a estar sola, el miedo al abandono, hasta la frustración
de no poder ir a un sitio que yo quisiera y otros no, no lo toleraba, me era
imposible aceptar cualquier frustración por pequeña que fuera.
Mis conductas tampoco eran normales, más cuando ya había
pasado la adolescencia. Pero nunca sabía que me pasaba…y muchas veces me sentí
apartada por esto.
Pero ya todo esto lo superé afortunadamente o casi todo.
Gracias al fin que alguien se preocupó por lo que me pasaba,
el mejor psiquiatra que he conocido de todos, y me lo dijo. Recuerdo que ese día
con 25 años yo iba porque me sentía muy deprimida, y salí de allí con mi depresión pero
también con un trastorno.
No lo acepte pero el tiempo me enseñó a hacerlo.
Y gracias a la terapia con mi psicóloga, mis sesiones con el
psiquiatra, y la medicación he mejorado muchísimo.
Aun tengo días malos, días rojos, pero van siendo cada vez
menos.
Me queda un largo camino que recorrer pero al menos ya ha
pasado lo peor, ahora sólo queda integrarme mejor en la sociedad. Confiar más
en mí y en saber perdonarme.
Es muy importante porque yo he hecho mucho daño pero sé que
no lo he hecho a conciencia, tengo que perdonarme porque, los errores están ahí,
pero para aprender de ellos y no cometer los mismas equivocaciones. Y seguir
hacia delante, tengo que perdonarme para seguir hacia delante.
Y sin más me marcho, necesitaba escribir esta reflexión porque
es muy importante ver con mis propios ojos, que estoy encontrando mi camino, UN
CAMINO FIJO aunque sea ahora con 27 años. Pero al fin aprendí a aceptarme y a
comprenderme mejor. Gracias vida mia.

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Para superar la ansiedad.

 Voy a escribir aquí, algo que me dio mi psicóloga para que
me lo leyera siempre al despertarme. Esta semana me lo he leido todos los días.
Ya que la semana pasada lo pasé muy mal. Me lo he propuesto, y así cuando
empiece a trabajar de nuevo, pueda ir controlando mejor la ansiedad.
Espero que le sirva a alguien como a mi me está ayudando.
Siempre que te pongas nerviosa
por algo, puedes observar que la causa de tu ansiedad suele estar en tus
pensamientos, en lo que te dices a ti misma. En que te dices a ti misma, ¡debo
hacer esto!, ¡o no debo de hacer lo otro!, ¡no debo sentir ansiedad!, ¡no debo
sentir esas sensaciones!, o ¡es terrible sentirlas!
            Tu ansiedad
proviene de lo que te dices a ti misma. No te viene porque tu cuerpo o tu mente
estén en peligro. Tú eres la que te pones nerviosa a ti misma, al pensar equivocadamente
que tus sensaciones son peligrosas, o al exigir que no existan.
            Son tus
pensamientos catastrofistas y tus exigencias las que te ponen nerviosa. Siempre
eres tú y tu autodiálogo, y por lo tanto tú lo controlas y tú puedes cambiarlo.
            Vas a
pensar, “Yo soy la que me hago ponerme nerviosa”; pero no tengo porque
continuar poniéndome así, si abandono todos mis pensamientos catastrofistas y
mis exigencias, obligaciones e imposiciones. Si realmente acepto la ansiedad
como es o como viene, estaré más tranquila. Puedo conseguir estar siempre
tranquila o menos tensa, si abandono mis exigencias, relajándome.
            Vas a
repetirte: “Puedo pedir cosas, puedo desearlas, pero no las necesito, no las
necesitaré nunca. No hay nada que deba temer, y no hay nada que deba evitar, ni
siquiera mi ansiedad. Me gustaría librarme de ella, puedo librarme de ella, voy
a librarme de ella. Pero si me digo a mi misma, no debo estar nerviosa,
entonces me pondré más nerviosa”.
            “No hay
nada que no pueda soportar, la ansiedad no va a matarme. Hay muchas cosas
desagradables en el mundo que no me gustan, pero puedo soportarlas, no tengo
que librarme de ellas. Si estoy nerviosa pues estoy nerviosa, qué le vamos a
hacer. Porque yo puedo controlar mis emociones, siempre que no me exija a mi
misma que tengo que controlarlas a toda costa. Eso es lo que me altera, la idea
de que debo ser tal cosa o tener éxito necesariamente en tal otra, o la de que
tengo que librarme de mi ansiedad”.
            Siempre que
te pongas nerviosa, vas a observar, qué es lo que estás diciéndote a ti misma
para ponerte así. Abandonarás tus pensamientos catastrofistas y abandonarás
también tus exigencias e imposiciones, cambiarás tu idea de que las sensaciones
que temes son peligrosas o de que debes evitarlas a toda costa.
            Y te
preguntarás a ti misma, “¿por qué no debo sentir ansiedad?” Sería muy agradable
estar tranquila, pero no es ninguna obligación. Me gustaría estar tranquila,
pero no hay ninguna razón por la que deba estarlo. Simplemente sería preferible
estar tranquila. La ansiedad no va a hacerme ningún daño. La ansiedad no va a
matarme.
Nada es terrible. Puedo soportarlo. No son más que
contratiempos. Si las cosas ocurren de este modo, pues han ocurrido, no es el fin
del mundo. Me gustaría estar tranquila, me gustaría que las cosas fuesen bien y
que la gente me trate bien,…Pero si no tengo todo eso pues no lo tengo, no es
el fin. Puedo ser una persona feliz a pesar de los fracasos y las dificultades;
siempre que no exija, no insista, y no diga, debo, debo…
            Las imposiciones,
las exigencias, son algo absurdo. Todos mis deseos son correctos, pero no
necesito las cosas que deseo.
            Esto es lo
que vas a hacer en tu vida diaria. Vas a utilizar tu cerebro, tu capacidad de
pensar, para concentrarte en eliminar la ansiedad, de la misma forma en que te
has concentrado leyendo o escuchando esto.
            Tu concentración
irá aumentando. Vas a controlar tus pensamientos y sentimientos cada vez más y
más.
            Vas a darte
cuenta de que eres tú quien crea tu ansiedad; que eres tú quien te trastornas,
y que tú no tienes ninguna necesidad de hacerlo; no tienes por qué continuar
haciéndolo.
            Siempre
estás a tiempo de eliminar tu ansiedad. Siempre estás a tiempo de cambiar. Siempre
puedes relajarte, relajarte y relajarte, y no tomar nada ni nadie demasiado en
serio.
            Vas a tener
siempre esta idea en la cabeza: “Yo soy la que tengo el control sobre mi misma.
No necesito alterarme por nada. Y si alguna
vez me altero, pues ¡mala suerte! Puedo sentirme mal durante un rato.
Pero eso no va a arruinar mi vida, ni a matarme. Y puedo estar nerviosa sin
desesperarme, y sin decirme ¡no debo estar nerviosa!
            Y vas a ir
mejorando, y mejorando, a medida que vayas pensando de esta forma racional, y
vas a ir controlándote cada vez más.
            Nunca
tendrás un control total sobre ti misma, porque nadie está totalmente tranquilo,
pero estarás mucho menos nerviosa y podrás vivir con esa ansiedad, y si vives
con ella, aceptándola, al final desaparecerá. Si vives con ella desaparecerá.
            Recuerda
que el objetivo del tratamiento psicológico de la ansiedad es aprender a
controlarla para mantenerla en unos niveles deseables, pero teniendo claro que
no se pretende eliminar por completo pues, además de ser imposible, tampoco es
conveniente, ya que experimentar cierto grado de ansiedad es útil y necesario.
            Esto es lo
que vas a pensar y meditar hasta que te lo creas realmente. Léelo todos los días.
            Con el
tiempo serás capaz de seguir sus instrucciones y hacer desaparecer la ansiedad
excesiva sin necesidad de leer esto.
            Acéptate a
ti misma, incluso con la ansiedad, y deja de repetirte, “no deben”, “no debería”
o “no debo estar nerviosa”. Deja de luchar desesperadamente contra la ansiedad.
Es mejor que te digas simplemente: ”no me gusta la ansiedad, voy a trabajar
para que desaparezca, voy a vencerla”. Empieza aceptándote a ti misma con tu
ansiedad.
            Recuerda
todo esto y léelo siempre que te sea posible, por lo menos una vez al día. Pensarás
y trabajarás cada vez más en esto. Podrás controlarte a ti misma y reducir
bastante tu ansiedad. Y cuando te pongas nerviosa, aceptarás esa ansiedad, vivirás
con ella y rechazarás el aterrorizarte por ella. Así poco a poco aprenderás a
manejar tu ansiedad hasta que deje de ser un problema para ti.
                                                                                                                                                                Mª Jesus Gutierrez Fernandez.

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