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Archive for 31 enero 2012

Desconozco su autor.

Un hombre de la costa de Colombia subió al cielo. Asu vuelta explicó que había desde lo alto la vida humana. Y dijo: “Somos un mar de pequeños fuegos, somos mucha gente. Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás. No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes, fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco, que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman, pero otros arden con tantas ganas que no se puede mirarlos sin parpadear y quien se acerca se enciende”

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Patidifusoooooo.

De nuevo está aquí. Bueno siempre está, pero esta vez no se ha podido quedar callado o callada, como él o ella quiera llamarse, no sé, porque como a veces me escribe en femenino y otras en masculino, no tengo ni idea cómo llamarl@. La persona por la cual dejé de escribir durante un tiempo en este blog, mio.  Hay días que puede entrar 10 veces por lo menos. Antes de ayer fue exagerado. Pero vamos a mi ya me da igual.

Me volvió a escribir un comentario, por supuesto y como siempre insultándome. Ayer recibí otro comentario pero ese no lo leí. Porque ya da igual todo lo que me escriba que nunca lo podré leer. Es un spam, así lo he puesto y se quedará para siempre. Y me da igual lo que vaya contándole a mis amigos, porque estos son los que me conocen de verdad, yo no me abro al mundo de boquilla, yo lo hago escribiendo, escribiendo no me hace falta una máscara. Además saben mis defectos pero los aceptan. Porque no soy mala, porque soy persona y como otra cualquiera tengo mis defectos.

Y ahora para que sepa que no me hace daño, le dejaré mis defectos aquí escritos, para que sepa que los sé, pero soy tan perfeccionista que siempre voy luchando contra mis cosas malas y me da igual lo que piense. Tonto o tonta, cosa que tú no haces.

Vamos a ver.

Soy llorica, desconfiada, muy nerviosa, egoista con mi familia, caprichosa, hago sufrir a las personas que me quieren con mis huidas, introvertida, mutista a veces, me comparo con el mundo frecuentemente, soy mala, eso sí, conmigo misma, poca voluntad con las cosas que no me gustan, a veces cínica, me entra crueldad e incluso manipulación con los mios cuando estoy en crisis del puto trastorno límite, quejica, tozuda con lo que se me mete en la cabeza YA, impaciente, pesimista conmigo misma, tengo poca tolerancia a la frustración, adicta a las drogas, al amor, al sexo incluso, celosa.

Cosas buenas

Sensible, comprensiva, atenta, no soy nada rasca con los amigos, empática, me gusta ayudar, inocente con mi gente, mucha voluntad con las cosas que me gustan, valiente, obstimista con y para los demás, no me cuesta pedir perdón, no soy orgullosa ni rencorosa, muy responsable con el trabajo, me encanta escuchar.

Todo esto me veo en mi, día a día voy luchando por cambiar lo que no me gusta, pero hay cosas muy clavadas en mi personalidad y me cuesta arrancarlas, normalmente me derroto, lloro, muero, pero siempre siempre vuelvo a luchar, no sé bien por qué, tengo una fuerza que a veces ni yo me la creo.

En fin, me da igual lo que esa persona piense de mi, yo sé como soy, lo que debo de cambiar incluso en las cosas buenas, pero chico o chica tú ya no me vas a quitar más el sueño. Primeramente porque ya no te creo, y segundo porque siempre has visto en los demás tus propios defectos sin aceptarlos en ti.

Anda olvídame, olvida hasta los buenos momentos que hemos pasado porque ya no me vales, ya no eres nada para mi, moriste para mi la última vez que quisistes hundirme. Pierdes el tiempo conmigo. A todo el mundo puedo perdonar, pero a ti en la vida, NUNCA, así que ¿pára qué leerte?. Te aconsejo por tu salud que es delicada que pases de mi para toda la vida. A mi ya no me puedes hacer daño.

Pero bueno sé que la cosa no acaba aquí, ahora te abrirás mil cuentas para seguir insultándome, y también sé que me seguirás leyendo, porque te gusta ver sufrir a los demás, te gusta que las personas que ya no te quieren sufran. Pero a mi otra vez te digo, me da igual.

Tú sabes que yo lucho, y lucharé hasta morir, yo sí lucharé por ser mejor persona, porque no concivo la maldad en mi.

Olvídame tio o tia y ponte a trabajar anda, que ya es hora.

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Siento que me voy, que me voy por momentos. La montaña rusa va muy deprisa.

Y mi mente está hoy martirizándome. Y no puedo parar de llorar por ser cómo soy.

Encima hoy tenía asistenta social, que pocas ganas de ir, pero he ido.

Aunque lo primero que he hecho esta mañana es pelear con mi madre.

Estoy supersensible, y sus chillidos me provocan ansiedad y rabia. Así me he ido de casa, y con la asistenta social otra pecha de llorar, contándole cómo me va. Y me ha dicho que debo de estar orgullosa de mi, que estoy logrando cosas, aunque sea muy poco a poco, que tenga más confianza en mi. Que haber bajado el consumo tanto es un logro y una valentía en mi.

Sí pero por eso estoy mal, porque antes necesitaba fumar más de 20 porros y ahora me fumo 6 y me cuesta la misma vida, lo paso muy mal, y me llevo el día con ansiedad a pesar de tener 6 porros. Y veo tan lejos llegar a 0 porros, a pesar de desear con todas mis ganas que se acabe esta batalla ya, pero ganando yo.

Paré de llorar, pero yo no sé que le he contado después, que me dice, tú es que tienes el autoestima muy muy baja, hueles a inseguridad. Buaaaaaaa otra vez a llorar me pùse, es verdad. Y así me va, que se aprovechan de mi como quieren, pòrque de ser tan inocente e insegura soy tonta, carajota. No aprendo.

Y ahora me da miedo entrar en el centro, que iré porque cuando más miedo siento es cuando más me atrevo a hacer las cosas. Pero cómo serán las chicas? volveré a pelear con algunas de ellas? se aprovecharán de mi? me influenciaran? y cuando salga y vuelva a mi realidad, ¿tendré fuerzas, habré conseguido reforzarme? habrá cambiado mi puta vida? seguirán las ganas de consumir?

Para finalizar, me ha dicho que me queda muy poco para entrar, que he bajado de puesto en la lista. Pero en fin, hoy eso no me alegra, hoy no hay nada que me alegre. Se me ha metido en la cabeza que soy una mierda, que no valgo nada, y que me quiero morir.

Os aseguro que cada recaida en las drogas es peor y más cuesta salir. Hacía tiempo que no me sentía tan mal cómo hoy, esto es un infierno. Me dan ganas de tirarlo todo por la borda, me siento que me ahogo, que mi mente no para de torturarme.

Callate ya mente de mierda.

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Camina.

Camina sin miedo, yo te estoy protegiendo. Puedes pisar tantas piedras que veas, porque ya te inmunicé para que no te hicieran daño, aunque te enseñé a esquivarlas y no valió de nada. Pero presiento que esta vez me harás caso, y tu camino aunque sea duro y largo, será un camino junto a mi, las dos en paz consigo mismas y juntas. Te quiero y estoy segurisima que eres más fuerte de lo que crees. Y que nunca estarás sola porque cerca o lejos tienes a muchas personas que te quieren, quierete tú también, y desátate las cadenas, venga, empecemos, vayamos hacia delante….De Tamara a Tamarita.  

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Hoy escribiré en primera persona, yo seré la protagonista de lo que contaré.

Ni siquiera sé cómo empezar, pero tengo que hacerlo. Me vendrá bien.

Hoy lloré mucho esta mañana, mi psicóloga fue la primera persona que vi hoy. 

Nunca había llorado tanto con ella, y no porque estuviera yo contándole algo malo, sino ella haciendo de mi. Ha sido horrible, ver como soy, como es mi vida hoy en día, aunque lo tenga todo. Pero me he acomodado a no luchar, porque aunque tengo alma de luchadora, me he cansado de perder.  Y me refugio en algo que me ayuda a no sentir remordimientos, pero a la vez, o al final lo siento igual.

Mi vida siempre estuvo rodeada de drogas, SIEMPRE.  Cuando era niña vivía en un barrio donde en la esquina de mi casa fumaban canutos, bebían quintos y se pinchaban algunos heroina. Aunque los que se solían pinchar solían hacerlo en una acera tapada por coches, en la calle de al lado. Yo los veía desde la ventana de la cocina o desde la azotea, me gustaba mirarlos. Quien me diría años después que algunos de ellos serían mis amigos, o el camello al que pillarle.

Un día viniendo del colegio con 7 años así, cogí una jeringuilla del suelo, cuando llegué recuerdo que mi madre estaba en el patio hablando con las vecinas y yo en mientras, no sé bien, pero recuerdo que mi hermano estaba en la escalera conmigo y jugando o sin jugar, no sé bien que hacíamos con ese instrumento. Más bien curiosos de ver algo que nunca antes habíamos visto. Mi madre la pobre al vernos, corrió hacia la jeringuilla y la tiró.

En casa ella ya nos explicó que era eso y para que servía.

Mi madre siempre, desde muy chiquititos nos aconsejaba y explicaba que eran las drogas y que no debíamos de tomarla porque eran malas y nos podíamos morir.

Pero sin yo saberlo me daba igual, mis ansias de conocer cosas nuevas y prohibidas, me podían.

Con 8 años me acuerdo que una mañana estábamos despiertos mi hermano y yo, mis padres aun dormían, en la cocina había un paquete de tabaco, fortuna, lo recuerdo bien.  Llamé a mi hermano, Carlos vino y le dije: vamos a probarlo, encendí un cigarro, fumé, se lo pasé a mi hermano, pero en ese momento escuchamos como papa o mama se había levantado. Tontos de nosotros, o yo más bien, puse el cigarro encendido encima de la tele naranja que se veía en blanco y negro, dejé el cigarro allí encima y se consumió. Al final mi padre se dio cuenta de todo y no recuerdo si nos riñó o no, supongo que sí.

Con el paso del tiempo, bueno que contar, siempre fui una niña triste, solitaria, metida en mi mundo por no sufrir, ya que era y soy muy sensible, yo siempre pensé que me habían partido un ala en mi infancia por X cosas, pero no, ahora con los años veo y recapacito que fui yo la que nací con el ala rota. Venía malita al mundo. Y me aislaba porque pensaba que no merecía vivir. Siempre estaba por tanto metida en mi habitación leyendo, siempre leyendo, o bueno, escribiendo. Me gustaba inventarme historias, pero es curioso, siempre en esas historias había droga por medio.

Con 14 años me volví una niña muy caprichosa y rebelde, muy muy rebelde, y pensaba y creía que mis padres estaban en contra mia, el mundo también y que me querían hacer la vida imposible. Así que yo pasaba de todo e iba a mi rollo, tó chula.

Un día una chica de mi clase me dijo: mañana hemos quedado para fumar porros, te vienes? Yo sin pensarlo le respondí que sí, y me ilusioné porque iba a probar algo nuevo, hacer algo malo, sobre todo para mi madre, por aquel tiempo era mi mayor enemiga.

Cuando fumé me encantó, exagerado, y ya supe desde entonces que tendría problemas serios con el hachís siempre.

Después de haber probado los porros, me entró inquietud por probar más cosas que me evadieran de mi realidad. Probé el alcohol, pero no me gustaba nada nada.

Entonces pasó el tiempo, fumaba habitualmente tabaco y porros, y una noche de aquellas en las que salí con hora de recogida le compré a un amigo un tripi, y me lo tomé. Fue imposible ir a casa, así que me quedé de loca por la calle, viendo cosas raras pero que parecían muy reales. Existiendo de repente muchas casualidades. Esa noche la disfruté, no sufrí nada.

Así que una droga más para la colección, aunque esta intentaba que sólo la consumiera los fines de semana, pero a veces me era imposible y me entripaba en el instituto. ¡Claro que era imposible estar en una clase así! y sola para variar me iba a la playa que la tenía enfrente.

Estuve como más de medio año entripándome todos los fines de semana con mi primer novio y sin él. Pero un día sufrí mucho, en vez de dejarme llevar esa noche, interioricé demasiado y me sentí muy mal conmigo misma.

Prometí que no volvería a probar los tripis, aunque no sabía que ya sabía mentirme a mi misma.

Después probé la cocaína, pero no me gustaba, me dejaba engarrotada.

Después probé la heroína, esa droga me encantó. Pensar que sólo tenía 16 años aun. Me habitué a ella, estuve 2 meses así tomándola todos los días de aquella primavera. La última vez que la probé fue en mi habitación con un amigo, estábamos fumándola y con el colocón no nos dimos cuenta de la presencia de mis padres. Estos entraron y vieron el paronama. Ese verano no salí ni un solo día. Odié a mis padres, lo pasé muy muy mal, ahora supongo que era el mono, muy mal, y sola, sola en mi habitación durante meses. Al instituto no iba, sólo quería estar en la playa mirando el mar y fumando porros.

Aunque no se crea, decir que desde entonces ya luchaba por dejar las drogas, en mi mente, cuando estaba lucida, se me venía mi madre a la cabeza diciéndome: Tamara las drogas son malas. Y yo ya veía que podían poseerme porque me gustaban mucho.

Una vez que decidí dejar las drogas “duras” porros no, porros seguía fumando. Me tomé antes de salir más de 4 cafés seguidos y me puse como una moto. Esa noche no paré de hablar y pensé que qué guay, el café me podía dar lo que más o menos me daba lo otro, aunque para nada era lo mismo.

Estuve un tiempo, poco, con el café, una noche me quisieron invitar a speed y acepté.  Otro día quetamina, poper. Unos carnavales las pastillas de diseño. Ahí fue cuando descubrí que podía ser yo misma sin sentir vergüenza o inseguridad. Además no vea como podía adelgazar en un sólo fin de semana y como ligaba.

Así estuve años, entre todas estas drogas, aunque la que habitualmente más tomaba era el hachís (los porros).

Con 18 años me fui a vivir a Madrid, mi compañero de piso vendía speed y hachís. Me habitué al speed todos los días, incluso en el trabajo, pero no de forma obsesiva, sino cuando me sentía muy cansada. Y mi compañero de trabajo, el carnicero vendía pastillas de diseño, esas se las compraba para el finde. Así que las noches de los viernes y sábado me metía en mi habitación, disfrutaba el colocón sola, escribía cartas a mis amigos, pero al día siguiente las tiraba, porque eran demasiado felices, y yo no era así. Yo sufría mucho, mucho.

No me hablaba con mis padres, me explotaban en el trabajo, sentía que no encajaba en ningún sitio. Estaba sola en Madrid.

Bueno duré unos meses, después volví a mi tierra, seguí drogándome, me enamoré y volví a Madrid. Seguí consumiendo drogas, y siempre en grandes cantidades porque yo, en vez de mi novio, no tenía fin.

Entre semana me sentía muy triste por abusar tanto de la droga, pero es que no podía remediarlo, me poseía enteramente.

En mi tierra ya de nuevo, alquilada en una casita para mi sola, venían mis amigos y en vez de drogarnos en la calle lo hacíamos en mi casa.

Seguía fumando porros. Vamos tengo 29 años y sigo fumando porros.

Recuerdo que dejé al novio de Madrid, el segundo y me junté con otro, que ahora las drogas que tomaba este chico, habitualmente eran opio y setas alucinógenas. Como no, me habitué a ellas. Así meses, años. Estuve con este chaval 4 años.

Después dejé las drogas, pero no me salía, siempre triste, muy triste que necesitaba fumar, fumarpor lo menos 20 porros para no sentir. Se puede ver en este mismo blog, porque ya por entonces escribía en el.

Tengo un trastorno de personalidad, siempre me he preguntado si me lo crearon las drogas o nací con el, siempre me lo he preguntado y a veces me contesto una cosa y otras otra.

Ahora llega lo más duro.

Conocí a Pablo, mi cuarta pareja, ohh me enamoré perdidamente de él, aunque consumía cocacina, se vino a mi casa a vivir, yo por aquel entonces estaba depresiva a pesar de estar con el, me iba mal en el trabajo, en las amistades, la familia, así que me enganché a la cocaína, 1 añito entero todos los días rayitas por la nariz. Y si no había me quería morir.

Horrible, horrible, me sentía tan mal por ello, además que ya consumía obsesiva y compulsivamente. Mi psicóloga de por aquel entonces me aconsejó ingresar en una comunidad terapéutica. Y estuve en ella, pero duré poquísimo, no aguanté.

Mi novio me recogió en Sevilla, él venía de fiesta, llevaba cocaína y mdma, ese día recuerdo que me harté como nunca, y cada vez sin yo darme cuenta necesitaba más cantidad. La necesitaba para el trabajo, para todos los momentos podía haber una raya de cocaína sobre todo o un porro de hachís, incluso las dos cosas juntas.

Con Pablo abusé cómo nunca de las drogas, pero no era su culpa, era yo que soy adicta, y si estoy con personas que consumen o venden me cuesta mucho resistirme a no comprar y consumir. Y siempre tenía yo la iniciativa para comprar, para metérnosla mi novio y yo.

Estaba perdiendo mi vida, mi vida, no le daba ni atención a los perros, sólo pensaba en la droga.

Me intenté suicidar. Pero desperté, seguí consumiendo. Me volví a intentar suicidar, pero desperté y seguí consumiendo.

Ya han pasado 3 años, ha habido un par más de suicidios por la droga, por mi forma de ser, por ser adicta y el sentirme abandonada por personas que quiero mucho.

En fin, llevo 3 años aislada del mundo, no le cojo el teléfono a ningún amigo, no quiero ver a nadie porque no quiero consumir drogas duras. Porque en estos tres años habido veces que he caído, y estoy harta. Después me siento muy mal,  muy culpable por mis padres, muy depresiva y ansiosa.

Todo esto que cuento es la primera vez que lo hago, creo que nadie sabe de lo que estoy escribiendo y de lo que he sufrido por no parar de consumir.  Ser como un caballo o elefante que no tiene fondo pero no aparentarlo para nada.

Viendo que sola no podía luchar contra esto y que no podían ayudarme mis amigos porque ellos consumen, decidí entrar en un programa que me ayudaría a dejar las drogas al fin.

NA (Narcóticos Anónimos) Con ellos mi vida empezó a cambiar. Recuerdo que empecé a ir el año pasado en mayo, después de una recaida buena. Y bueno quería dejar los porros principalmente porque fumaba más de un paquete de tabaco en ello todos los días, lo demás había sido casual.

La primera vez que dejé las drogas el año pasado estuve 57 días sin consumir ni un solo porro. Mi vida era totalmente diferente pero lo pasé muy muy mal, no sabía cuanto podía enganchar esta droga que llaman blanda.

Tonta de mi, creyéndome que ya estaba buena, me fui el verano pasado a los caños, sola. Y conocí a una gente, me junté con un chico, Pablo también se llamaba, al final terminé una noche convencida por él, (que carajota soy), pillando coca, pastillas, marijuana, hachís y tripis. Y vuelta a mi realidad. Al día siguiente ya necesitaba de nuevo porros. Y vuelta a fumar todos los días más de un paquete de tabaco en porros. En dos semanas me gaste en los caños y con Pablo 600 o 700 euros. Que pena más grande, si mis padres supieran. Que lo sabrán algún día seguro.

Me intenté suicidar el año pasado de nuevo, en septiembre, aunque también en el 2010, no he parado de intentarlo, porque quería dejar la droga y quería dejar de sufrir. Pero despertaba y volvía a mi realidad. NA (Nárcóticos Anonimos) estaban ahí conmigo a pesar de las recaidas. Volví a ser fuerte y me abstuve de tomar nada 35 días. 35 días sin tomar nada, pero nada, pero me aburrí y volví a fumar hachís.

Pero de nuevo decidí dejarlo, el mono era brutal y una noche de octubre me volví loca por no fumar porros. Terminé metida en el psiquiátrico pasando el mono, aquel sitio me ayudó mucho pero para nada al final, pasé un mono increíble para nada.

Salí de allí, me crucé con el camello y volví a pillar a fumar, sola, siempre sola. Obsesiva y compulsivamente.

He dejado de ir a NA por verguenza, por no sé, me siento tan ridícula y siento que les he defraudado y yo como siempre huyendo, huyendo de la realidad.

Así que lo que en verdad quería deciros al principio pero lo hago ahora, es que estoy en una lista para entrar en una comunidad terapéutica de desintoxicación, voy por la número 9. Me han dicho que el mes que viene probablemente entre ya.

Espero estar el tiempo que me dejen estar. No quiero derrotarme, no quiero ser como soy,  necesito aceptar que soy adicta y aprender a vivir sin drogas de una puta vez, vivir la realidad y aceptar que tendré que estar toda mi vida en alerta.

Dejo de escribir, me pongo triste. Porque para mi es muy triste tener que pedir ayuda para dejar las putas drogas y aunque mi familia no lo crea alejarme de ellos y de mi perra, de mi trabajo.

Pero necesito entrar, siento que tengo que hacerlo, porque no puedo seguir viviendo como lo hago, ni seguir aislada del mundo por fumar tantos porros y ser como soy.

Chao.

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Adios.

 

Que hermoso volver a besar unos labios tan deseados.

Volvió a verlo, se le olvidaron todas las cosas malas que le había hecho antes.

Ella nunca fue rencorosa, muchas veces había deseado serlo, pero no le salía, porque su corazón era salvaje, como ella misma.

Y mientras besaba olvidaba.

Pero al día siguiente su amado ya no era el mismo, empezaba a hacer cosas inapropiadas, cosas egoístas, a veces hasta la insultaba y pasaba de ella. Ella en mientras no sabía hacer otra cosa que llorar a escondidas.

La venda al menos se le caía y podía ver que la estaba utilizando, así que se la quitó y su amado, ya no era nada para ella, ya no quería volver a besar esos labios, ya no eran amados ni deseado.

Sin más, sin mirarlo si quiera, cogió sus cosas y se marchó, dejándolo solo con sus “amigos”.

A los dos días él le escribió un mensaje, pero ella tampoco era ya la misma.

Le dijo adiós para siempre, pero lo que cambiaba a las demás veces ocurridas, era que ahora ella ya no sentía nada, ni pena, ni dolor.

Ella era mucha mujer, y ningún hombre más la utilizaría.

Todo en la vida pasa porque sí, las casualidades no existen. Ella conoció a este chico para aprender a darse a valer y saber que valía mucho como para perder el tiempo con personas así.

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