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Archive for 26 abril 2012

La vida es un paréntesis de lo fugaz.

La vida es lo que creo tener,

y cuando la tengo, creo que no está.

La vida es un claro en el horizonte,

que viene y va constantemente.

La vida es lo que una quiere cuando,

no puede más.

La vida es lo que una no quiere,

cuando le va mal.

Por eso yo, vivo y muero constantemente.

Pero sabiendo que voy por el buen camino.

Nunca terminamos de aprender.

Nunca terminamos de luchar.

Nunca terminamos de crecer.

(…….)

Aterciopelada creció, creció tanto que cuando se dio cuenta ya tenía 80 años.

Nunca se hubiera imaginado llegar tan lejos.

Se sentó cansada en su butacón, a solas, sin nadie que le acompañase, ni hijos ni esposo.

Estaba sola, como en el fondo siempre lo había estado desde que se fueron los suyos.

Se puso a reflexionar y a recordar.

El miedo fue “alguien” que nunca la dejó sola y la apartó de todo lo que ella quería conocer.

Hoy se arrepiente de todo lo que no hizo, no dijo, no quiso, de callar, de rendirse.

Querría volver a ser una jovenzuela, ir con la cabeza en alto mientras caminara…

Hoy mientras piensa en su butacón, quiere volver atrás y no puede, le hubiera gustado ser menos cuerda, se arrepiente ahora porque la vida es corta.

Y tantos momentos, instantes que se fueron en un solo soplo, con sólo cerrar un segundo los ojos.

Mira hacia atrás y se le han pasado los años, los días, los sueños….

Piensa en momentos que nunca existieron, ahora se dice que ojalá pudiera tener 80 años más.

Que pena que cuando vió que su vida se iba acabando, quería vivir.

Que dura y cruel resultó su vida cuando se dio cuenta que ya la había dado por perdida.

Hoy quiere volver hacia atrás, pero no puede, para dar todos los besos y abrazos deseados, para ser una payasa, para hacer reír, para hacer felices a los demás.

Hoy se arrepiente de lo que no hizo. Se le pasó la vida.

Y entre lloros, cerró los ojos, esta vez no había segundos, de pronto se sintió volar, se sintió que no pesaba, y cuando volvió a abrir sus ojos, estaba tan lejos de su butacón, estaba tan lejos de su casa agrietada también por los años…

De pronto la llamaban, esas voces le eran tan familiares. Cuando se volvió hacia atrás, estaban todos sus seres queridos. Y entonces miró hacia abajo y supo que su vida se había acabado ahí, pero no le dolía, ya no se sentía cansada ni sola.

Junto a ella, estaban su madre, su padre, sus abuelos y abuelas, sus tías y tíos, sus mejores amigos, sus perros…todos menos su hermano.

Se asustó pero miró de nuevo hacia abajo y lo vió, no hizo falta buscarlo.

Estaba en un parque junto a su mujer, su hija y sus nietos.

Lloró un poco pero sólo para sentir que aun tenía que vivir, aunque fuera desde allí arriba, para cuidar de él, su único hermano y del cual no disfrutó todo lo que hubiera querido y deseado.

Se secó los ojos, dejó de mirar hacia abajo. Entonces empezó a reir y a dar besos y abrazos a todos los que siempre la habían querido de verdad, ya no tenía miedo de nada, de nada, de nada, de nada…

(Aterciopelada)

Esta mañana me levanté con mucho sueño, la verdad es que no he tenido una buena noche. Me lavé la cara y dientes y me fuí a la psicóloga, que tenía hoy cita. Todo muy bien, hoy no he llorado jeje.

Después me fuí para casa, cogí a Luna y fuimos a pasear con la intención de tomarme un coca cola, con hielo y limón como a mí me gusta; me encontré en el camino a mi padre, le dije lo que iba a hacer y me acompañó.

Ya en el bar, estuvimos charlando, salió la conversación de su cancer, de su amigo que también tenía uno, de cuánto vivirían él y su amigo, y me entró mucho miedo aunque no se lo quise transmitir.

En casa ya, me puse el pijama, almorzamos y me acosté a dormir la siesta. Hace 2 horas que me he levantado, con la sensación de que mi vida ya la había vivido. He soñado que era viejecita y he querido plasmar aquí lo que he sentido con el sueño. Aunque una parte de la historia ha sido pura imaginación.

Ya sé lo que se siente siendo viejecita y sin nadie a tu lado. Haber si ahora sueño todo lo contrario aunque vuelva a ser viejecita.

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Ayer.

Ayer estuve en la montaña rusa todo el día. Bajaba, subía, volvía a bajar y volvía a subir.

Y con tanto descontrol no tenía ganas de hacer nada. Sólo quería dormir, pero me acordé del trato que me hice hace unas semanas. Ir a todas la reuniones que pueda de NA. Suelo ir 4 veces a la semana. Y ayer me dije: Déjate de tonterías Aterciopelada y vamos a cumplir las obligaciones.

Así que no dormí la siesta, me duché, me puse mis cremitas, me depilé las cejas, me hice las planchas, me vestí arreglada y me pinté.

A las 6 y media ya estaba en Jerez con un compañero de NA de San Fernando, lo invité a merendar, menos mal, menos mal que me gasté el dinero que llevaba. Ya lo entenderéis cuando sigáis leyendo.

La reunión muy bien, ayer yo no pensaba compartir, aunque no sé cómo lo hago, cada vez que digo que no voy a hablar, es cuando siempre comparto.

Me llevé una gran alegría de ver a un compañero, hacía mucho que no venía a las reuniones. No obstante cuando lo vi me entraron ganas de llorar, porque el pobre está a punto de morir por el hígado, y tiene la cara muy amarilla. Pero ¡¡cómo me gusta cuando comparte!! aprendo muchísimo de esta persona.

Y nada al final terminé llorando a la vez que compartía. Un compañero antes contó que su padre murió estando él en activo, y eso nunca se lo ha podido perdonar. Entonces a mi me vino a la mente mi amigo Paco, que en paz descanse. Murió cuando yo estaba en consumo activo, y la última semana que vivió me llamó un par de veces y no le cogí el teléfono. Prefería estar en mi casa consumiendo. Pero para nada me imaginé que moriría. Nunca lo imaginé, y a día de hoy no aceptó su pérdida. Porque era el mejor amigo que podía tener y lo defraudé, sin poderme ni siquiera despedir de él en su último día de vida. Aunque al tiempo fui al cementerio que está enterrado y le escribí una carta.

Compartí esto, bueno y más cosas.

Cuando salí de la reunión muy bien, me había sentado de maravilla el desahogarme.

Pero cuando llegué a casa, los planes que tenía acordados con mis padres para hoy se cancelaron y la verdad es que me enfadé, no con ellos, sino con la vida. No sé como lo hago que cada vez que hago planes y me hago ilusiones, fallan.

Y sin embargo tengo que aceptar esto, parte de mi recuperación está en aceptar las cosas tal como vienen. Cuesta, pero supongo que cada vez me irá costando menos.

Después me puse a ver una peli, je, la tuve que quitar al nada. Todos los jóvenes que salían estaban en una fiesta bebiendo. Y me entraron unas ganas de consumir, ufff, bestial, bestial.

Empecé a llorar y a llorar pensando que yo nunca más podré hacer eso, salí al salón donde estaban mis padres para desahogarme, pero mis padres no entienden la adicción, o es que no aceptan que tienen una hija adicta. El caso es que no me pude desahogar al final, mi madre empezó a reñirme chillándome. Así que volví a mi habitación y lloré sola, pensando que nunca más en mi vida, podré salir de noche como los demás. Nunca.

Es duro de aceptar, pero es mi realidad.

Me puse muy nerviosa, me sentía atrapada sola en la habitación, así que bajé con Luna a la calle, y me quedé mirando un letrero de una tienda de chucherías. Vendían una botellita de alcohol, con vaso, hielo y refresco por 2 euros.

Me quedé un rato pensando, ¿qué hago, qué hago? Pero no, no tenía dinero. Creo que si lo hubiera tenido hubiera caído,tenía tantas ganas de evadirme.

Llegué de nuevo a casa, me acosté con nervios pero pude dormir, menos mal, aunque esta noche la pesadilla ha sido horrible, todo el tiempo mi madre discutiendo conmigo, viendo cosas malas en mí, y yo por más que le decía que se callase, seguía.

Así que hoy me he despertado tristona. Y encima a la hora de almorzar hoy mi padre ha sacado una litrona de cerveza, me ha preguntado si quiero. Yo me he preguntado por mis adentros, ¿mi padre es cínico o se lo hace? Pero le he dicho que no, que no quiero, con toda mi pena. Que vieja me siento por dentro.

Menos mal que a las 5 tengo un cumpleaños de mi primito, y estaré con parte de mi familia tomando café.

Perdonar que no os haya contestado aun a vuestros mensajes, haber si después me siento mejor y puedo hacerlo. Ya desde aquí os digo que muchas gracias por haberme escrito en mi anterior post.

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No sé cómo empezar. Ni siquiera como terminar.

Los principios y los finales nunca me gustaron, lo primero por el miedo a lo desconocido, lo segundo por el desapego que tienes que formar en tu corazón para poder seguir, seguir caminando.

Voy a ser valiente.

Hoy hace un mes que me marché del centro, como ha pasado el tiempo de rápido, ni me lo creo, con ello mi limpieza ante las drogas.

Pero me fui, y cuanto he llorado desde entonces, aunque hay una nueva Aterciopelada que intenta sacar las lágrimas para afuera y no salen, se quedan en el alma o en el espíritu, si es que son dos cosas diferentes… He llorado y pataleado todo este tiempo sola en mi habitación por la decisión que tomé un 19 de marzo. Nunca me debería de haber ido, estaba bien allí, pero me enamoré y con toda la pena de mi corazón he de admitir que me fui por un hombre, un hombre que ni siquiera conocía en realidad, pero necesitaba su cariño, como él el mio.

Allí todo se magnifica, y cuando nos hemos vuelto a ver, esta vez en la calle me di cuenta que no era aquel que conocí un día, que me secaba las lágrimas con su compañía y me recordaba a mi padre. Que todas las cartas que me escribió con palabras hermosas hacia mi persona, se las llevó el viento, como su cariño o su amor.

Pero no le deseo nada malo, nada, al contrario, deseo que se recupere y que pueda cambiar con facilidad sus defectos de caracteres al igual que yo. Todos merecemos una oportunidad, y a él al igual que a mí, la vida nos la ha dado, no la podemos malgastar.

He hablado muchísimo de esto con mi psicólogo, él me convenció que no me tomara esta ruptura como un fracaso, sino como una experiencia nueva en mi vida. Y así he intentado pensar, aunque a veces no lo he conseguido. Pero para todo lo que amaba no he sufrido, tal vez por que en el fondo yo tampoco estaba enamorada. No lo sé bien.

No os lo he dicho antes, pero voy a entrar de nuevo en el centro, llevo un tiempo hablándolo con mi psicólogo, psicóloga, psiquiatra y trabajadora social. Ellos lo ven bien, e incluso me lo aconsejan.  Y yo quiero empezar de nuevo y terminar el tratamiento allí.

Quiero empezar y terminar algo en mi vida, que no sea cosas del amor.

Así que dentro de 2 meses o 3 me marcharé de nuevo para allá. Para mi el verano no debe de existir, por lo menos de noche, no estoy preparada, ni creo que lo esté en un tiempo largo. No se puede cambiar todo de golpe, cuando has sido la misma durante más de 15 años.

Esta vez no me enamoraré, y esta vez no estará este chico cuando yo entre, porque termina pronto su tratamiento, pero yo quiero terminar el mio, lo necesito, no sólo se trabaja allí las adicciones, sino también los defectos de uno, los duelos o los trastornos de personalidad…

Tengo muchas ganas de volver a irme, no porque esté mal aquí, sino por lo que he dicho antes, quiero terminar algo que empiece y me haga bien. Que aunque vaya a sufrir mil y una frustraciones allí dentro, tendré a los profesionales para ayudarme.

Quiero aprender a estar con personas cuando me siento mal, no huir de nada ni de nadie.

Quiero y deseo terminar mi tratamiento, quiero y deseo no volverme a enamorar, quiero cuidar de mi antes, quiero darme todos los mimos que un día me exigía sin saber como hacerlo, quiero cambiar mi forma de vida, quiero aprender a integrarme en esta sociedad, quiero tantas cosas, que necesito entrar en el centro para aprenderlas. Que aunque no consumas puedes entrar, porque como he dicho antes no sólo mi problema es la adicción a las drogas, también tengo adicción al amor por ejemplo. Y no, no. Primero tengo que pensar en mi, y aunque me cueste, pensar sólo en mi recuperación, dejar el amor, hasta que esté segura de que me quiero y que estoy orgullosa de mi.

Para eso tendrá que pasar mucho tiempo, lo sé.

También quiero irme, porque no encuentro trabajo, y tengo mucho miedo de un día cansarme y volver a tomar droga, porque aunque lleve 57 días sin nada en mi cuerpo y mente, no se va la obsesión de consumir, y la verdad es que eso me da mucho miedo, mucho mucho volver a caer. Lo que se va es las ganas de volver al infierno y para eso tengo que recordarme de adonde vengo, de que mi vida antes era ingobernable por las drogas, no se me debe de olvidar mi pasado, porque sino ya no estaré en alerta y volveré a caer. Nunca sé bien cómo pensaré mañana, cómo me tomaré las cosas, cómo las digeriré….hay miedo, hay miedo.

En fin….

También necesito hablar sobre otro tema.

Mi familia siempre me ha perdonado, y yo me siento en la obligación, ahora que tengo el sano juicio y me siento en paz, de perdonar a todas las personas que me han hecho daño o me han desilusionado.

Los perdono, porque a mi la vida y los mios, me han perdonado. Y yo debo de hacer lo mismo. Nunca fui rencorosa pero ahora mucho menos.

Deseo y quiero que todas esas personas se encuentren bien y puedan llevar una vida normal.

Todas las noches, cuando hable con mi poder superior, pediré por ellos, para que no sufran, para que encuentren su camino.

Necesito perdonar porque todo el mundo se lo merece. Aunque no vaya a tener contacto con estas personas, pero en mi corazón estarán porque en su día fueron muy importantes para mí. Y siempre querré lo mejor para ellos. Siempre.

En el fondo no somos malos, son las circunstancias las que nos hace serlo. Y la vida de los adictos no es fácil, es una vida egoísta, lo sé porque lo he vivido en mis carnes. Y si ellos no se perdonan con sus cosas, yo sí los perdono, porque a pesar de lo malo que me pudieran llegar a hacer, también me dieron alegrías y muchas.

Yasta, por el momento dejo de escribir por hoy, me voy a ir un ratito al salón con mis papis, me gusta mucho conversar con ellos, aprendo un montón y me siento tan bien de estar a sus lados y que me quieran tanto, aunque no sepan demostrármelo demasiado, jeje, pero sé que me quieren más que a su propia vida.

Gracias por llegar hasta el final. La verdad que últimamente me siento muy espesa para escribir, me cuesta, pero hoy lo necesitaba con todo mi corazón por delante.

Esta canción me recuerda al centro y a él, pero no, no, ya no la siento parte mia, aunque la noto si recuerdo nuestras risas, nuestros abrazos, nuestros ojos brillantes y nuestros brazos con los pelos de punta al rozarnos allí, pero no puede ser, eramos un espejismo de lo que queriamos tener.

Aunque nunca me leas R, te deseo lo mejor, espero que encuentres pronto tu verdadero sueño español.

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Anoche mientras no podía dormir, cogí mi vieja carpeta que no se puede cerrar de tantos papeles que tiene.

Es curioso, muy curioso, los años también pasan por esos papeles, tienen un olor indiscutible que huele a viejo. Papeles que ya no son blancos, son amarillos porque como he dicho antes, el tiempo también pasa por ellos.

Papeles que tienen casi mi misma edad, dibujos, relatos, penas, alegrías y cartas, muchas cartas de personas que han pasado por mi vida.

Hacía muchísimo que no cogía esta carpeta, ayer después de casi 5 años sin abrirla, mis recuerdos se volvieron a encender más que nunca. Alguna lágrima se me saltó, ya sabeis la nostalgia a veces es traicionera. Pero bueno, ya no me quita las ganas de vivir.

Como os iba diciendo anoche con mi carpeta abierta, encontré unos parrafos de un libro que leí allá por el año 2000 y que me escribí en un papel blanco, amarillo hoy en día y con olor a viejo. Lo quiero compartir con ustedes. Este libro me enseñó mucho, muchísimo, digamos que me enseñó a volver a soñar. Vivía en aquel entonces en Madrid con 18 añitos, estaba malita de la cabeza, aun no sabía que tenía un trastorno mental. A menudo estaba triste sin saber por qué, y un día abatida de la vida fuí a la biblioteca. Buscando encontré: El hombre que se enamoró de la luna. Y sin pensarlo lo cogí y alquilé. Algo me decía que ese libro cambiaría bastante en mi. Porque la luna siempre ha influido muchísimo en mis días, sobre todo cuando más llena está.

Bueno allá va, espero que os gusten las frases que voy a copiar y que os haga pensar como a mi me hicieron pensar en su día y ahora de nuevo también.

-Siempre he dicho que primero haces que la historia suceda en tu cabeza y luego, antes o después, el mundo la hace realidad.

-Existen todo tipo de cuentos sobre los eclipses. Se dice que cuando la luna se oscurece (durante esos minutos en los que la luna está completamente oscurecida) los hombres pueden convertirse en mujeres, y las mujeres en hombres. También he oido que los amantes que están jodiendo pueden atravezar los límites y pasar a ser el otro.

-Los indios berdajes de los viejos tiempos dicen que el conocimiento puede comprenderse durante el oscurecimiento de la luna; que puedes enfrentarte a quien eres y a quien crees ser. Y mucha gente no soporta descubrir que son quienes creen ser, y acaban completamente locos.

-He oido decir que puedes hablarle a tu sombra, y que tu sombra te contesta….el eclipse de luna es una sombra: la tierra se interpone entre el sol y la luna, y lo que oscurece la luna es la sombra de la tierra. El sol (que es la fuente de luz) es bloqueado por la tierra (que es el lugar en el que todos pensamos que somos quienes somos) y el pensamiento de ser quienes somos, la sombra de la tierra se proyecta sobre la luna (que es nuestro yo secreto) y el secreto es que no somos quienes creemos ser.

-Las cosas son sueños, cuando no están delante de nuestros ojos. Lo que se encuentra delante de nuestros ojos ahora, aquello que puedes alcanzar y tocar ahora, pasará a ser un sueño.

-Lo único que evita que el viento se nos lleve son nuestras historias. Ellas nos dan un nombre y nos colocan en un lugar, permitiéndonos seguir tocando.

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Decisiones.

De Gilda Santana

Lo suyo fue un flechazo. Cuando se conocieron ella tenía 23 años. Él unos cuantos más. Ella había oído hablar de él pero no imaginaba tanta belleza y tanta inteligencia juntas. Fue en un encuentro literario que duraría cuatro días y en el que había unos ochenta asistentes. Después de la primera noche, cuando se vieron por primera vez, ya no hubo nadie más. A la vuelta a la vida real ya estaba todo decidido: cada uno terminaría su historia anterior. No podían escapar de ese sentimiento. Entonces ella no le dio importancia a sus miradas inquisidoras ni a la frase que él le había dicho la noche anterior: mi problema son los celos, le dijo, pero si tú no das motivos, todo irá bien.

Lo primero fue la ropa. Cada escote y cada largo de falda fueron sometidos a evaluación. Lo mismo que las piezas ceñidas. Es que no puedo estar contigo si hay un hombre mirándote, decía. Ella fue haciendo concesiones y se pasó a las faldas largas y los blusones recatados bajo el sol del Caribe. Estaba enamorada, los dos lo habían dejado todo y, tal y como afirmaba él, lo otro eran tonterías comparadas con su amor. Por cierto ¿por qué se maquillaba? Las mujeres se maquillan para llamar la atención. ¿O es que quieres que otros hombres te miren? Si necesitas sentirte mirada y deseada, no serías la mujer de la que yo me enamoré. Porque tú estás por encima de todas esas cosas ¿no? ¿Es que tanto te cuesta complacerme? Da igual si te conocí así. ¿No puedes entender que me haces daño? Será que no te importo. Y ella, después de discutir un poco, terminaba cediendo. Que tampoco era plan estropear una historia de amor.

Después vinieron los abrazos. Él podía aceptar que ella trabajara en el mundo del teatro donde la gente suele ser muy expresiva en sus afectos, pero no veía por qué había que abrazar a nadie. Cuando un hombre te abraza es para meterte mano. No hay más. Los hombres siempre pensamos en lo mismo. No quiero que ningún hombre se equivoque contigo. ¿Has visto que yo abrace a alguna amiga? Pues no lo hago por respeto a ti. A ella le dio reparo contestarle que él no tenía ni un solo amigo, ni hombre ni mujer. Era un hombre admirado, envidiado y temido, pero querido no. Pero ella no quería verlo sufrir, así que tomó distancia en los saludos y empezó a dejar de ir a todo lo que significara roce social. Se escabullía de los estrenos agarrada de su mano antes de que saliera todo el mundo, no se quedaba a los saraos, no recibía gente en casa. La gente se te acerca para perder el tiempo y hablar de tonterías. Mejor estás leyendo un libro. Cuando pasen los años estarás fea y gorda y lo único que valdrá es tu talento. Cultívate y olvídate de los otros. Ya me tienes a mí. ¿No te das cuenta que esos que dicen ser tus amigos nos envidian porque somos una pareja perfecta? El único problema que tenemos es que yo necesito sentirme seguro y está en tus manos no dejar ni una grieta por donde entre la duda. Tú decides, pero si esto se acaba la culpa la habrás tenido tú.

Aunque le costaba, porque era de naturaleza amigable, empezó a quedarse sola. Las amigas también eran el enemigo. Todas querían separarlos, según él. Esta o aquella se le habían insinuado y él las había rechazado. Y si tú no lo entiendes es porque no te importo. Si me quisieras andarías al tanto, te cuidarías de no hacerme daño, vivirías pendiente de mí. Un día no lo voy a soportar. Sé que no voy a soportarlo y te voy a dejar porque no puedo vivir con esto. Tampoco es tan difícil entenderme. Lo hago por tu bien. ¿O acaso no te basta con lo nuestro? Si no te basta con lo que yo te doy, dímelo. Reconócelo y ya. Te vas a quedar sola. Y ningún hombre con dos dedos de frente se va a acercar a ti. Si soy así es porque me importas. Nadie te va a querer como te quiero yo.

Intentar complacerlo era inútil. Siempre tenía algo que objetar. Si se subían al autobús y ella separaba la vista de él por un momento, su cara se descomponía. ¿Lo conoces? ¿A quién? Al tipo de la camisa roja. ¿De qué hablas? Del tipo al que estabas mirando. No estaba mirando a nadie, me quedé un momento pensando. ¿Y para pensar necesitas mirar a un hombre? Que no estaba mirando a nadie. Mira, si me vas a mentir hasta aquí hemos llegado. Y se bajaba y la dejaba allí mientras la gente les miraba sin entender la discusión. Un par de horas más tarde la llamaba. Necesitaba hablar con ella. Que entendiera que él no era capaz de vivir así. Y que ella era la culpable de sus dudas y sus celos y eso, estaba muy claro, significaba que para ella no valía la pena la relación. Aunque ella enumeraba las concesiones que había hecho, según sus cuentas él siempre había hecho más. Estaba con ella cuando podía estar escribiendo y ganándose un premio. No quería perderla porque la amaba, aunque ella se empeñara en estropear cada momento que compartían, porque no era capaz de ponerse en su piel y adelantarse y evitar lo que a él le podía molestar. Después de un par de horas de lágrimas, abrazos y promesas, ella volvía a su casa y sus silencios, completamente segura de haber hecho bien en transigir.

Luego empezaron las otras objeciones. No hacía falta que se inscribiera al Máster ni siguiera asistiendo a las clases de último de inglés. Era una pérdida de tiempo. La gente va a esas cosas más por las relaciones sociales que por aprender. Quedarse en casa y estudiar era lo que tenía que hacer. Que se fijara en él, que era autodidacta y eso no había impedido que en su especialidad fuera el mejor. Que entendiera que iba a sacrificar su amor por un capricho. Él no podía dedicarle mucho tiempo, pero necesitaba que, cuando lo hiciera, ella estuviera disponible para él. Si insistía en pasar esas horas en clases estaría claro que, para ella, él nunca había importado y cualquier cosa era más valiosa que su relación.

Entonces llegó el viaje. Llevaban ya dos años. Parecían muchos más, porque ella había dejado las lentillas por las gafas, se vestía como alguien de mucha más edad y se había puesto quince kilos encima. A él le parecía muy bien. Eso no es relevante, le decía. Igual iba a llegar con los años. Lo importante es que estás empezando a descubrir la diferencia entre lo que es bueno para ti y lo que no. Nunca le preguntó por la tristeza que había en sus ojos ni pareció notar su rictus de resignación. Ella había ido aprendiendo, adivinando, adelantándose. Las discusiones se hicieron más distantes, aunque más crueles. De los lloros y las estampidas había pasado a las palabras más hirientes y a las sacudidas. Es que era tonta, tonta, tonta, si no entedía que la culpa era suya, que él no quería que estuvieran mal. Ella creía que era injusto, pero no se sentía maltratada. Solo le daba pena. A fin de cuentas si él sufría era porque ella lo hacía sufrir. Y cuando le tiraba de una mano o le agarraba por los brazos para hacerle un reproche, ella solo temía que aquella discusión fuera el final de dos años de amor.

Ahora él tenía que marcharse. No sabía si la podría llamar. En todo caso iba a intentarlo. Cualquier día y a cualquier hora. En cuanto pudiera. Así que lo mejor sería que estuviera atenta. Si llamaba desde Europa y se encontraba el número ocupado no podría evitar pensar en muchas cosas. Y no quería distraerse en un viaje que significaba tanto para su vida profesional. Ella le prometió que esperaría esa llamada. Ya se había acostumbrado a no hablar mucho por teléfono. Cuando él llamaba y el teléfono comunicaba, la pelea estaba garantizada. ¿Con quién hablabas? Con mi director, tenía que hacerle una consulta sobre la obra en la que estamos trabajando. ¿Y necesitas 17 minutos para una consulta? ¿Te crees que yo soy tonto? Hace 17 minutos que empecé a llamarte. Nadie me garantiza que no llevaras media hora hablando ya. Cuando ella le juraba que no le mentía y le contaba punto por punto la conversación de trabajo, él pedía perdón. Él era así y ella ya lo sabía. La única manera de evitar esas broncas era no dar motivos ¿Tan complicado era de entender? Si no dejaba margen para la desconfianza y los recelos, todo iba a estar muy bien. Tampoco era demasiado pedir. A fin de cuentas nadie iba a quererla como él.

En los dos meses no llamó. Mandó una carta donde ponía que la echaba de menos y no podía dejar de pensar en lo que ella estaría haciendo. Ella no estaba haciendo nada. Seguía tranquila con la vida que él había configurado para ella. Los primeros días, por costumbre, deseó que sonara el teléfono y, al mismo tiempo, lo temió. No quería imaginarse una bronca Atlántico por medio, ni terminar llorando, ni irse a la cama tras una discusión sin reconciliación. A los pocos días empezó a alegrarse de que no la llamara. Se tomaba su tiempo para la charla con sus compañeros al final de la función. Alguna vez hasta salió del teatro y se fue al malecón, a sentarse de espaldas al mar como hacen todos los cubanos para ver a la gente pasar. Vio otro mundo donde había sonrisas, amores, palabras, ilusiones, y donde no debía pedir permiso para mirar hacia uno u otro lugar, y volvió a sentir la alegría olvidada de respirar en libertad.

Entonces llegó él. La llamó y quedaron para verse en un hotel. Mientras pensaba qué ropa se pondría, se dio cuenta de que por esta vez no ardía en ganas de encontrarse con él. Aunque le costara reconocerlo, en esos dos meses había sido una mujer más feliz. No tenía sus abrazos, ni sus risas ni sus conversaciones inteligentes, pero se le había ido ese dolor del pecho que muchas veces parecía cortarle la respiración. Ya llevaba dos meses sin llorar, sin sentirse culpable, sin que nadie utilizara sus palabras en su contra, sin que la sacudieran del brazo, sin gritos, sin chantajes, sin amenazas de terminar, sin miedo a la soledad. Se dio cuenta de que si alguien le hubiera dicho todo eso unos meses atrás, no lo habría creído. Estaba enamorada y no podía entender por qué la idea de verlo le provocaba más angustia que ilusión.

Llegó puntual a la cita. Él, como siempre, se hizo esperar. Ella quiso ir a la cafetería que estaba frente al mar. Le escuchó el largo monólogo de sus éxitos mientras lo contemplaba: seguía siendo el hombre hermoso, culto, inteligente y agudo del que se enamoró. Pero algo había cambiado. No subo, dijo ella cuando él se puso en pie. Lo vio descomponerse en aquel rictus que tanto conocía y agradeció estar en un sitio en que él no la pudiera zarandear. He descubierto que estoy mejor cuando no estás. Ah, y dos cosas: no hay otro ni ha hecho falta, y no me importa nada que nadie vuelva a quererme como tú. Es más, me da pavor. Y si me quedo sola, por mi no te preocupes, estaré bien.

Era un 15 de marzo y hacía frío en La Habana. Caminé por el malecón donde una ola gigantesca me untó de sal. Supe que las heridas que me escocían entonces terminarían por cicatrizar. Y me sentí muy leve a pesar de los kilos de más. Anoche, viendo la casa en la emisión de 24 horas, he vuelto a celebrar aquella decisión.

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Por fin ayer salí a la calle de noche, después de haber estado tantos meses en casa encerrada y 1 mes en el centro.

Me apetecía mucho, ahora que no estoy trabajando tengo muchos tiempos muertos y la verdad que no me sirven de nada, más qué para comerme el coco y sentirme mal.

Me duché, me puse guapa, (lo que se pudo jeje) y quedé con un amigo. Nos tomamos un coca-cola que hacía mil que no tomaba este refresco, jugamos al billar (por cierto soy buenísima, siempre suelo ganar yujuuu, no soy tan torpe como me creía), fuimos a pasear, tomamos más coca-cola, fuimos al cine a la hora golfa, comimos palomitas más oooootra vez coca-cola jaja y bien, muy bien, la película estuvo genial, 2 horas de suspense e intriga todo el tiempo.

Bueno dos chicos sanos por la calle, sin embargo yo me sentía rara, en ningún momento se me notó ni se lo dije a mi amigo, pero yo me sentía muy rara, aconstumbrada a consumir siempre que salía, fuera lo que fuera. Ahora nada, sentía un poco de vacío pero aun así me lo pasé muy muy bien, y me harté de hablar, parecía que había comido lengua (como diría mi madre).

Vale, me harté de coca-cola, pero es que como tomo una medicación muy fuerte, me da mucho sueño, y estoy aconstumbrada a las 11 de la noche estar dormidita ya, y ayer eran las 3 de la madrugada, estaba despierta y aun así a pesar del coca-cola bostezando.

En fin, todo marchó sobre ruedas, pero he de reconocer hoy que las ganas de consumir no se van, lo que se va es las ganas de volver a caer en el infierno. Y por eso sigo luchando, a pesar de tener días muy malos, pero ya no quiero excusarme en la droga para sentirme bien..

Hoy eso sí, me desahogué con mis padres, estos me dijeron: Ya verás como te vas aconstumbrando. Tú sigue así.

Ahora me queda una nueva tarea, aunque aun no la voy a poner en práctica: es dejar el tabaco, ya que fumo mucho mucho.

Cuando te sales del mundo de las drogas te vuelves una persona más conciente de lo perjudicial que son muchas cosas para el cuerpo y por supuesto para la mente.

Así que cuando lleve 90 días sin consumir, hablaré con mi médica de cabecera para que me meta en el grupo de personas que quieren o necesitan dejar de fumar.

Seguiré con mi psicóloga, mi psicólogo de adicciones, mis sesiones de relajación, mi psiquiatra y por supuesto con NA (Narcóticos Anónimos), ya no quiero volver a ser la que era, tengo ganas de vivir aunque para ello tenga que luchar, sobre todo conmigo misma.

Y necesito escribir una cosa que un día me dijo mi psiquiatra, hace mucho, pero me acuerdo aun: Tamara, lo que tú tienes no se cura con medicamentos se cura con terapias y con los años. El mundo no lo vas a cambiar, cambiarás tú.

Allá donde yo vaya, ya no necesito ná…..a lo mejor si eso coca-cola, jajaa, pero vamos no voy a salí de Guatemala para meterme en Guatapeor.

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Que locura.

Que locura, ¿cómo es posible qué hoy lo vea todo de diferente color? me leo y me entran ganas de borrar lo de ayer, ni me lo creo. Pero es verdad, que día más malo tuve. Mi cabeza estaba fatal, fatal.

Yo no sé ya, esto es como he dicho antes, una locura. ¿Quién es quién?

¿yo, las adicciones, el trastorno de personalidad? ¿ Quién manda en mí? ¿Por qué soy tan intensa para todo? ¿Por qué? yo misma me desoriento conmigo.

Bueno, al menos, ya se fue el día de ayer y al final pude dormir bien incluso. Deseo no ser tan sensible. Lo deseo con toda mi alma. Deseo tener un buen día lejos de mi cama. Y celebrar los 41 días que llevo hoy limpia.

GRACIAS PS.

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