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Archive for 26 octubre 2012

Su herida abierta,

su sufrimiento,

su descontrol,

su culpa,

su vergüenza,

pero sobre todo atrapada,

atrapada en su mundo.

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Él miraba el sol tras los cristales de su coche. Hacía horas que venía pensando si morir o vivir.

Ese día él se encontraba mal, muy mal porque encima no tenía una razón contundente para ello.

Tras una crisis mental, hacia la tarde pidió varias veces ayuda, pero no había nadie tras el teléfono.

Llorando le lloró a una hoja de papel. Se despedía, iba a caer, iba a volver a fumar, y se despedía.

Cogió los medicamentos que vió, más 3 botellas de agua y 20 euros.

Marchó en el coche, no se puso el cinturón, estaba cerca de su próximo destino.

Cuando llegó había mucha gente en ese barrio, coches de nacionales, ambulancia…

En qué momento hubo de volver, aunque tampoco le importaba demasiado ese ambiente de nuevo. Volvía a su antigua vida y allí estaba tranquilo y confiado, pese a la incertidumbre de lo que estaba ocurriendo en el barrio.

Pilló hachís y un litro de cerveza.

Volvió a coger el coche, no sin antes hacerse un porro.

Volvía a pensar en su próximo destino mientras conducía.

Un lugar donde hubiese arena y mar, sol y luna.

A un sitio así llegó, paró el coche y empezó a destruirse.

Porros, alcohol y pastillas.

Pastillas, porros y alcohol.

Alcohol, pastillas y porros.

Morir, morir, morir, morir…..

Así quería hacer, así quería que su vida terminara.

Miraba el sol, no pensaba, intentaba no pensar, lo que pensara ya no valdría de nada. Su destino tenía que acabar en una última calada de hachís. La última que le diría: conmigo viviste, conmigo morirás.

De pronto sus ojos no se podían mantener en pie, y el teléfono no paraba de sonar.

Pasaba. Otro porro, sabía hacerse porros aunque fuese ciego.

Mientras de su boca salía humo, era una cámara de fotos, unas fotos que contaban su vida. De pronto vió que no todo había sido tan malo y feo, también había imágenes muy bonitas, llenas de sonrisas y paz… seguía con las caladas del porro, y de pronto la imagen de sus padres apareció en ese humo espeso y denso.

Pensó en ellos más que nunca, y sintió que no quería morir, que su cometido era dejar de sufrir y esa no era la solución. Le entró mucho miedo, estaba perdiendo las fuerzas, los ojos apenas ya podían ver, como pudo salió del coche y empezó a vomitar balsas y dolor, sobre todo mucho dolor.

Su madre al teléfono de nuevo (esta vez lo cogió): Hijo, hijo….

-Mamá estoy bien, pero tengo miedo, mucho miedo, ya no quiero morir.

Al rato todo corrió con la Policía, ambulancia, lavado de estomago, Uvi, sueño y muerto, así se sintió, para los restos de su vida. Porque cayó, fumó y se rindió antes de que la guerra volviera a empezar.

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Yo quería probar nuevos placeres, ya no sólo la lectura ni el escribir me valían. Así que a la edad de 14 años me metí en el mundo de las drogas.

Durante varios años ese mundo me complacía enormemente, sin embargo todo cambió un día que ví que necesitaba las drogas para vivir, y esto, poco a poco, me hizo introducirme en un submundo horrible.

Empezó una lucha muy larga, una lucha que no lograba, caía y recaía. Con esto la insatisfacción, el dolor, el fracaso, el descontrol, la indignidad, el sufrimiento, la pena, la desvalorización, la culpa y muchos sentimientos y emociones más, me quitaron las GANAS DE VIVIR.

Y siempre en esta agonía me pregunté, pero si me drogo para no sufrir, ¿por qué sufro? Nunca pude responderme hasta en estos momentos de mi vida. Sufría porque después de un consumo venía otro, perdiendo el control, creándome miles de mentiras y manipulando para conseguir mi próximo consumo, así, una y otra vez.

Drogándome en grandes cantidades industriales, podríamos decir, perdí la cabeza, perdí la humildad, y con la abstinencia venía la locura mayor, venía el rencor, el odio, la autodestrucción hacia mi misma aunque de otras formas, por ejemplo, vomitando todo alimento que atravesaba mi garganta y haciéndome heridas en brazos y cara.

Como digo durante muchos años perdí LAS GANAS DE VIVIR.

He pasado por varias comunidades terapéuticas de desintoxicación, pero hasta ahora, hasta que no entré en la comunidad que me encuentro en estos momentos de mi vida, no me he dado cuenta que no he sido consciente de nada, y menos de quererme.

La abstinencia como siempre ha sido dura, y no obstante el camino en el que estoy es difícil pero es el correcto. Estoy viviendo un proceso amargo y duro pero a la vez enriquecedor. Siempre las semillas brotan si las cuidamos y yo estoy aprendiendo y lográndolo.

Llevo sólo 3 meses allí, en estos tres meses he cumplido 30 años de edad, nunca imaginé que podría conseguir algo en mi vida, lo más importante: dejar las drogas y su mundo.

Ahora todos los días amanecen, y aunque no haya sol yo intento buscarlo. A veces lloro, y mucho, a veces viene un lamento muy profundo que me impide ver mis valores, lo bueno que hay en mí.

He aprendido que si no me acepto nadie me aceptará, y que vale más el respeto que la admiración de los demás. He perdido muchas batallas pero hoy pienso que he ganado una guerra, aunque ni aun así, dejaré de estar en alerta ni olvidaré el pasado de donde vengo.

Y por fin, por fin, por fin, tengo GANAS DE VIVIR, tengo motivaciones, tengo virtudes, aunque también dificultades psíquicas, pero bueno como todo el mundo. Ahora quiero construir un nuevo futuro, pero sin prisas, ahora empiezo a creer en mí y en que lo conseguiré, ahora pienso que es verdad que hay una nueva vida. Y una de las cosas más importante en este tiempo ha sido darme cuenta que si no soy clara principalmente conmigo misma será muy fácil volver al mundo que un día desee pero me destruyó como persona. Y es por todo esto que soy consciente y no me rindo ya, y que ahora como he dicho antes tengo GANAS DE VIVIR.

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