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Archive for 19 octubre 2013

18-10-203

Tengo que retomar el post que escribí ayer, con la idea de seguir con mi psicoterapia. Aunque siga siendo sola. Algún día volveré a un psicólogo. En mientras, he de ayudarme a mi misma así, escribiendo, porque no sé otra forma. Y afuera con todos a reir.

Son las 23:28 de la noche, necesito escribir desde lo más hondo de mi corazón.

Ser yo misma, no tener miedo y volver a encontrar la paz de mis sentimientos. Es difícil, tengo el autoestima por los suelos. Vuelvo a sentirme culpable de todo, con demasiados remordimientos. Y cada vez que me acuerdo de Poveda, la comunidad terapéutica de desintoxicación, se me saltan las lágrimas al recordar lo bien que llegué a estar allí, la de meses que estuve limpia y lo feliz que les hacía a mis padres y hermano.

Recuerdo las terapias de grupo, en las que siempre salía con el clínex destrozado pero con una sonrisa de oreja a oreja. Ver a otras personas que han salido de la droga, que están tan bien y lo pueden contar sin perder la alegría, es admirable, mucho.

Y ¿Cuántas veces me imaginé yo, que algún día estaría sentada en esa silla? No pudo ser. Y que pena me da. La vida me dió otra oportunidad y la desperdicié.

Tal vez, últimamente no escriba como hace unos meses. Volví a descontrolar el consumo del cannabis. Me confié y equivoqué. Una adicta, o ex adicta, da lo mismo, nunca podrá aprender a fumar, a beber, a esnifar, y a veces pienso incluso que nunca podrá llevar dinero encima. Pero aquí hace voz mi desesperanza, y no debo hacerle demasiado caso.

Es difícil aguantar el vacío desde que te despiertas, es muy difícil y duro. Porque si quieres salir de ahí, hay que luchar mucho, incluso, cuando crees que ya has salido, te confías, cierras los ojos y te vuelves a ver ahí dentro. Como digo es difícil y muy duro.

Yo no sé que piensa mis padres y hermano en cuánto a esto. Es un poco tema tabú. Normalmente me escuchan, y me dan ánimos cuando digo que voy a dejar los porros. Pero yasta. Cuando ven que no he podido, creo que se hacen los ciegos para no volver a sufrir.  Y me escondo en mi habitación. Y hago la vida en mi habitación.

Cuando vuelves al mundo de las drogas, te das cuenta que vuelve el aislamiento. No quieres que nadie te vea por vergüenza. Y vuelven las obsesiones. Y te vuelves a destrozar la cara y los brazos. Cuando te miras en el espejo, ya no te reconoces de nuevo.  Dejas de cuidarte en todos los aspectos. Ah y escribes caóticamente.

La cama vuelve a ser tu amiga, tu confidente, pero sabes que no te ayuda. Pero tampoco sabes cómo salir de ahí. Lo has olvidado otra vez. Y hace que te droges más. Eso sí, sólo porros… bastante es, porque no son 4 ni 6 ni 10, pierdo la cuenta.

Y tengo 31 años y siento que ya lo he vivido todo.

Bueno, cambiando de tema.

Aunque sienta que ya lo he vivido todo no deja de sorprenderme la vida.

Ayer al ver fotos de mi juventud y también, al recordar los disgustos que les dí a mi familia, hizo que escribiera como era mi vida a los 18 años.  Sin embargo no me ayudó nada “la psicoterapia”, me avergoncé de mi misma brutalmente. Pero que casualidad que hoy vi anunciado en la televisión que esta noche empezaba de nuevo el programa “Hermano Mayor”.  Lo he visto y la verdad es que es, lo que me ha impulsado a escribir de nuevo y a seguir con la psicoterapia sin sentir verguenza.

Hoy la protagonista era una chica llamada Tamara, de 24 años. Con problemas de conducta y de alcohol.

Me he visto reflejada (y no sólo por el nombre), he llorado con ella. Pobrecita pero pobrecitos también su familia.

¿Sabes Tamara? A mí también me gustaría haber tenido un hermano mayor. Que me hubiera enseñado a controlar mis emociones sin recurrir a las drogas.

……………………………………………………………

Retomo la historia de ayer. Al menos hoy me consuelo con que no he sido/soy la única chica problemática.

En nuestra furia y gritos siempre estaremos pidiendo SOS.

17 años

17 años

17-10-2013

De pronto.

17 años.

17 años.

Celebrando mis 18 años.

Celebrando mis 18 años.

De pronto tengo 18 años.

Hace unos meses me escapé de casa mis padres y he venido a vivir a Madrid sola.

Estoy dolida conmigo misma, me pregunto si la suerte me vendrá, si mis padres me perdonarán.

Trabajo de frutera, libro los domingos.

No tengo buenos amigos, sólo uno que se llama “el rallao”.

Reía por no llorar.

Reía por no llorar.

Vine aquí para estudiar teatro y no puedo, mi sueldo no me da para nada que sueñe o desee. También vine para dejar las drogas (por primera vez). Pero no puedo.

Entre semana intento controlarme, la verdad que no me da tiempo ni para drogarme. Pero los fines de semana le compro al carnicero 3 pastillas de éxtasis. Y si está mi compañero de piso me invita a Speed, y si está mi otro compañero de piso me invita a porros.

Los fines de semana siempre me quedo sola en casa, no me llega el dinero para discotecas ni bares.

P1011038Me gusta estar en mi habitación, es lo único que siento que me pertenece hoy en día. Las paredes son celestes como el cielo que un día amé. Las puertas del armario, las tengo llenas de fotos y dibujos hechos por mí, son recuerdos buenos que reviven pero que me hace añorar demasiado.

Las sábanas las compré en una tienda de veinte duros. Son rayadas, de colores lila y violeta. Cuando estoy muy colocada, las rayas se vuelven círculos, y el color violeta se convierte en rojo y me creo que me sangra la boca. También cuando estoy colocada, me creo que soy feliz. Y me dedico en mi soledad del sábado noche, a escribirles a los amigos de Cádiz. Al día siguiente esas cartas siempre terminan en la basura.

En realidad no soy feliz para nada. De un tiempo para acá, el vacío susurra demasiadas veces y la ansiedad me quita el hambre y las fuerzas.

Ultimamente sólo me alimento de bollicaos.

Me gusta estar rapada y llena de piercings. Así me siento diferente del resto.

Tengo 20 agujeros en las orejas. Cada vez que me he peleado con mi madre me he hecho uno.

Estos meses estoy sintiendo demasiada furia. No sé sacarla para afuera bien. Casi siempre haciéndome daño. A veces incluso lo hago por placer. Me golpeo la mano contra la pared hasta que ésta se me hincha. O me pellizco la cara, los brazos hasta que veo sangre. Me como las uñas tanto que tengo los dedos porrones.

Y me sigo llamando “mala”. No sólo empiezo a odiar al mundo entero, sino también los domingos. Mis domingos son algo penosos, sólo Marilyn Manson me divierte. Es un cantante.

Este día de la semana es el que tengo para dar largos paseos y desahogarme en ello.

Mi walkman es mi salva vidas. Pongo a tope a mi compi Marilyn, y comienzo a caminar dejándome llevar por la ira. Que si una patada a esta papelera de la izquierda, después la de la derecha.

Miro a la gente como un demonio. Ni siquiera ezquivo sus miradas, un día me van a matar. A veces incluso empujo al personal. Pero nunca como esas señoras en los supermercados que te dan con el carro para que te eches para un lado.

A veces también salgo los sábados por las tardes-noche a caminar, pero más bien salgo a comer. No sé hacerme la comida, nunca me dio por aprender y creo que no me gusta.

Asi que me voy al hipermercado, al pasillo de dulces y me pongo morada. El otro día me cogió un guarda. Le conté la verdad y le dí pena. Que coraje. No me gusta dar pena, me gusta que me tengan respeto.

La verdad que la mascara que me cubre, me ayuda normalmente.

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Siento que me estoy haciendo salvaje.

Tengo otro compañero de piso que dice que mis lágrimas son de cocodrilo. ¿Qué sabrá él?

Marilyn Manson es mi único apoyo, su voz, y mira que no entiendo lo que dice, porque no tengo ni idea de ingles. No obstante me las sé de memoria y puedo hacer los mismos juegos de voz que él.

En estos momentos de vida sólo ezquivo mi corazón. Un corazón podrido, roto en mil pedazos, lleno de miedo y confusión.

No hay nada ni nadie que me pueda ayudar. Yo no pido nada. Sólo a mí, perdonarme, perdonar mi pasado y darme una oportunidad.

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Pero mañana, el día será el mismo de hoy y Marilyn me recuerda como un disco rayado, que mi sistema nervioso está caido, que probablemente tengan la culpa las drogas, y yo y yo. Por confiar un día en ellas, y apartarme de TODO lo bueno.

(Aterciopelada)

Ahora, con 31 años comprendí que la cima está ahí siempre, y contra más cerca de ella estés, más costará llegar, pero se puede llegar, lograr, alcanzar. Lo sé.

Y como me ha recordado Marilyn Manson esta noche, cuando quieres se va demasiado rápido y cuando odias siempre parece durar.

Las canciones aunque no las entiendas porque están en otro idioma, te están cantando sin saberlo tú,  lo que estás sintiendo. Y esto me ocurría a mí con este cantante. (Aunque ahora no podría escucharlo habitualmente, me da como malas vibraciones) jeje.

Aquí con 22 años, cuando comencé este blog y a luchar contra el mal, sin saberlo.

22 añitos

22 añitos

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Hoy discutí con una prima mía, de sangre.

Al final le he pedido perdón, me traicionaron los impulsos.

No he recibido ninguna contestación.

Y ahora, yo, tengo ganas de hacerme daño, y quisiera que el mundo se enfadase conmigo. Todos.

Mientras almorzábamos en la mesa, mis padres, mi hermano y yo, les he confesado mis ganas de herirme.

Se han reido, menos mal, le han quitado importancia. Pero no he podido remediar que se me cayesen las lágrimas en el plato al recordar.

Al final no he podido terminar de comer. Desde que discutí con mi prima hoy, me persiguen los recuerdos, de aquella mano, de aquel chico que era de mi sangre y abusó y yo callé.

Y aquí, en la soledad de mi habitación me encuentro. Luchando por no destruirme, por no hacerme daño.

Lo único que quiero ya, es dormir. Para mí el día de hoy finalizó. 30 mg de mirtazapina de más y a olvidar.

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¿Qué chico no se ha enamorado alguna vez de una chica guapa y loca? No loca en el sentido clínico estricto, con episodios psicóticos y crisis de litio. Loca en el sentido más laxo: de comportamiento errático, desafiante, apasionada, impulsiva y a la vez frágil e inestable; portadora de la promesa de una vida merecedora de ser vivida, pero dramáticamente necesitada de protección y ternura.

Quien esté dando un suspiro de nostalgia por aquella amiga del bachillerato, quien se pregunte qué habrá sido de ella, que se acerque cuanto antes a ver ‘La herida’, el filme de Fernando Franco que se estrenó este fin de semana en los cines y que en el Festival de San Sebastián ganó el Premio Especial del Jurado y la Concha de Plata para la mejor actriz (Marian Álvarez).

Dos psiquiatras con consulta en Madrid, Mariano Hernández Monsalve y Pedro Martínez (uno en un centro público y el otro en un centro privado), vieron la película estos días al hilo del interés profesional que podían intuir. ‘La herida’ se ha presentado como el retrato de una mujer afectada por el trastorno de la personalidad límite, lo que antes se solía llamar ‘border line’. Y a los dos les gustó mucho. “Me gustó como espectador y como psiquiatra. Me parece que nos da acceso a la intimidad de una mujer que tiene un problema y lo hace de una manera muy honesta, sin romantizar, sin ponernos contra las cuerdas, sin caer en lo sentimental ni ‘guinoizar’ demasiado’.

Ana [la protagonista trastornada] no se suicida, que es lo que hubiera esperado cualquiera en otra película”, explica Martínez. Hernández Monsalve piensa algo parecido. “No hay alharacas ni exhibicionismos. El hilo es la cara de la actriz que expresa toda la inestabilidad del trastorno. Y lo hace muy bien. Hasta el punto de que yo, que soy profesional y estoy acostumbrado a estos casos, me impliqué en la historia y me conmovió”. “Cuando tratas con alguien con personalidad límite, como psiquiatra te es difícil empatizar con él, es gente que te lo pone difícil. Muchas veces, te sacan de quicio pero tienes que hacer un esfuerzo, saber que no se portan así por joder, sino que ellos son las primeras víctimas de sí mismos. Y en eso, la película tiene mucho valor para un psiquiatra”, añade Martínez.

De modo que enhorabuena a Franco y su equipo. Pero, para los que no somos profesionales y para los que no hayan visto aún el calvario de Ana, ¿qué es exactamente el trastorno de la personalidad límite?“No es una enfermedad. Es un trastorno, es una forma de ser problemática, con rasgos que impiden conseguir sus objetivos”, explica Martínez. Rasgos como: impulsividad, hipersensibilidad, inestabilidad, autoestima baja… ¿Es un problema clínico, alguna proteína que falta ahí dentro, o es cuestión de haber aprendido mal a vivir? “Pues en realidad no se sabe qué ocurre exactamente en el cerebro. Pero, como con todas las cosas complejas, pensamos que lo que hay es la combinación de una predisposición bioquímica con experiencias vehiculares duras”, explica Martínez.

“Hay mil hipótesis”, añade Hernández Monsalve. “En cada caso, los factores que proceden de la biografía pesan en una medida distinta, pero sí que hay siempre un remite a la adolescencia, al momento en el que todos emprendemos una construcción personal, aprendemos a regular los afectos, pero en el que, por las razones que sean, el paciente no internaliza esas funciones”. “Ana actúa como una adolescente desbocada”, confirma su colega.

Del retrato de Ana se diría que su problema, básicamente, consiste en tener expectativas irreales de los demás. Y que en el núcleo de su insatisfacción está la insatisfacción romántica. Ana tiene un novio que no parece mal chico, pero que, claro, se queda aterrado con los mensajes que le deja su chica en el contestador. “Te quiero-eres un hijo de puta-perdóname, te quiero-eres un hijo de puta”, en resumen y en bucle. “El núcleo del dolor es la posibilidad del rechazo y del abandono, el ser incapaz de aceptarlos”, explica Martínez. “Éste es un trastorno de interacción. Interacción con los demás, por vinculación, e interacción con uno mismo. Fíjese que Ana, en el trabajo, puede ser encantadora, pero siempre en relaciones que tienen un marco preciso. Otra cosa es el novio, los padres o la amiga, aquellos de los que espera algo. Que espera demasiado”, explica Martínez. “La dinámica es: ‘Te idealizo, me decepcionas, te odio’. Hay una especie de falta de empatía, de incapacidad para compartir sentimientos, porque hay un problema de tiempos, una especie de desgajamiento entre el intelecto, la capacidad para el afecto y los instintos sexuales. El paciente no consigue ponerlos al unísono y por eso decimos que son vidas fragmentadas”, añade Hernández Monsalve.

Volvamos a eso de “interacción con uno mismo”. Los rasgos problemáticos de la personalidad límite se expresan, como se puede ver muy bien en ‘La herida’, en una sucesión de malos tratos infligidos por su portadora a sí misma. Ana roba y miente como si buscara una humillación y después se intoxica con frecuencia (cocaína, vodka), protagoniza episodios sexuales bastante sórdidos y, sobre todo, se automutila. “Lo de las lesiones autoinfligidas es bastante corriente. Parece que hay un alivio, un sentimiento de mitigar la culpa, de dar corporeidad al daño que está dentro”, explica Martínez. “Hay dos lecturas: una es ‘no me soporto, me castigo’. Y la otra es que hay un interior tan cargado de dolor que sentirlo en la piel es una manera de sincronizar la angustia”, añade Hernández Monsalve.

Desvalidas, dependientes y alcohólicos

¿Y la tendencia que tenemos a pensar en el trastorno de la personalidad límite como un problema de mujeres más que de hombres? “El desvalimiento, la dependencia, las expectativas románticas… ese núcleo que hemos descrito tiene que ver con la posición femenina a lo largo de la historia. Para los hombres, la medida de nuestras insatisfacciones suele ser otra. No me sé los datos, pero le diría que de 10 pacientes, siete son mujeres”, explica Martínez. “También ocurre que, en muchos hombres, la personalidad límite está encubierta por los hábitos de conducta. Muchos alcóholicos, por ejemplo, tienen una personalidad límite que no queda tan clara porque no expresan la afectividad claramente”, dice Hernández Monsalve. “Eso es verdad. Yo trabajo con drogadictos y muchas veces ves que su problema es un trastorno de la personalidad”, añade su colega.

Otra cosa es que casi todos, hombres y mujeres, en algún día de desamor, nos hemos intoxicado, nos hemos obsesionado, hemos dejado mensajes vergonzosos en algún contestador y hemos abusado de nuestros padres, amigos y ex parejas. “Los trastornos de la personalidad tienen algo misterioso y apasionante para su estudio, porque nada nos es incomprensible, nada hay en ese comportamiento que no hayamos sentido todos. El problema es la intensidad y la frecuencia. Esto no es una psicosis, que es una categoría clara, es un problema dimensional”, dice Martínez. Lo importante no es qué sino cuánto.

¿Y qué se hace con una personalidad límite? “Está la medicación, porque hay pastillas que inciden en rasgos como la impulsividad. Pero también hay mucho trabajo de psicoterapia”, dice Martínez. Y sigue Hernández Monsalve: “Es un desafío casi existencial. Los casos leves, en la práctica, no llegan al psiquiatra. Los graves, los que llegan mediante un episodio de crisis como un intento de suicidio o una intoxicación grave, necesitan de una intensidad en el tratamiento que no siempre podemos dar. Y cuando lo damos, es un proceso muy frágil porque las relaciones de confianza, establecer un proyecto terapéutico en común, son muy difíciles. Los ingresos en las unidades específicas son voluntarias y ¿qué ocurre muchas veces? Que el paciente, al segundo día, se enfada o se impacienta, pide el alta y se va a casa. Luego llega el segundo ingreso y ahí ya hay más margen para trabajar en un soporte social, familiar…”.

La buena noticia es que sobrevivir es hacerse más fuerte. “La tendencia natural es que los años mitiguen la intensidad de las emociones. También para las personalidades límite hay una tendencia a controlar mejor”, explica Martínez. “De alguna manera, el trastorno de la personalidad límite es un trastorno de la maduración emocional”

fuente:http://www.elmundo.es/elmundo/2013/10/07/cultura/1381102433.html?a=3d1e2e96aa5884c5f24d77acdc9bd449&t=1381214184&numero=

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Palabras

 

Realmente no sé por qué quiero escribir, si no tengo nada que contar.

 

Hoy me levanté bien temprano, al rato lo hizo mi padre, y nos fuimos al muelle pesquero a desayunar, al lugar donde a los dos se nos ha visto crecer, madurar, envejecer, etc…

Es uno de mis lugares preferidos, es de esos sitios en los que te sientes segura y confiada. Te sientes como si estuvieras en tu casa, y en el patio de vecinos están todos jugando a las cartas o al bingo.

Allí todo el mundo me llama “la niña de Pepe”

Pepe, mi padre, es la persona que más paz me transmite, y como él dice, a pesar de los problemas no se nos debe olvidar reir y tener fé en que las cosas mejorarán.

Esa fuerza y coraje, me hace apreciarlo, idealizarlo a tope.

Admiro a mi padre, y no sólo a él, sino también a mi madre.

Después de desayunar volvimos a casa. Mamá se levantó y nos hemos ido al piojito (baratillo) Antes de salir, mientras ella se vestía yo he corrido a la calle a fumarme un porro antes de irme con ellos.

Mi madre se ha comprado un chándal, y yo una blusa con maya.

Ahora, mientras escribo, ya lo hago en casa, necesitaba fumar otra vez. Mis padres han ido a la plaza por las compras, y aquí estoy yo, tragando y expulsando humo, el humo que me provoca o me quita penas.

No sé si es por el periodo menstrual, que he empezado hoy, pero me siento decaida, y a veces se me atrapa la mente y me cuesta pensar y decidir.

Tengo ganas de hacer cosas, me encantaría irme a la playa del Palmar, que hay conciertitos a la 7 de la tarde, mientras veo el atardecer.

Lo que no sé, si quiero ir sola o acompañada.

Todos los días hablo con Paco, mi mejor amigo, pero ayer no. Cuando estoy así no me gusta llamarlo porque lo preocupo, y bastante tiene él con sus problemas.

Ayer mi padre entró varias veces a mi habitación.

En una de ellas me dijo que tenía mala cara, en otra me dijo que qué me pasaba, y en otra que no me encerrara de nuevo en mí.

A mis padres no les hace falta que les diga nada, ellos viendo mis ojos saben que me pasa algo. Y esa chica, yo, que es habladora, risueña, cariñosa, preguntona. A veces se le cruzan los cables no sabe bien por qué, y se vuelve evitativa, callada, seria, más así, no sale apenas de su habitación.

No me quiero encerrar en mí, pero cuesta. Me he vuelto a defraudar, me dije que no volvería a fumar porros y no he aguantado ni un día.

 

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Me encuentro en la playa, entre mis penas y desgracias.

Hoy ha sido un día duro, a pesar de que me despertara con toda la ilusión del mundo.

A mi hermano lo han echado del trabajo, estamos tristes todos.

Pero vamos a meter a la empresa a juicio, por todas la diligencias que han cometido. Con lo responsable que es él, que estaba con su trabajito muy contento. Y así, sin más, lo echan.

Somos números en esta vida,  que nos ha tocado vivir en España. Y tal vez seamos privilegiados….(como dicen)

Yo que siempre fui anti-sistema, que tuve que acostumbrarme pese a la negación,  y no es que no me adapte, es que no entra en mi mente ni corazón muchas incongrugencias . Muchas veces pienso que sería más feliz, viviendo en una cueva y besando todas las noches la pachamama.

Hoy me propuse no fumar porros, empezar a vivir hoy, pero no ha podido ser.

Me quedé sola en casa y me vinieron miles de pensamientos mágicos, que ahora que tengo lo que he conseguido, sé que no vale de nada.

Y me averguenzo de mí, de mí, de mí. Y ahora quisiera dejar de existir.

Estoy bastante triste, e incluso atrapada, quiero dormir, sólo dormir, para que se alejen mis fantasmas.

Aun me frustro bastante cuando no salen las cosas como a mí me gustaría o como le gustaría a mi familia. Y voy yo y me castigo.

Esta crisis económica, mundial casi, está pudiendo con la esperanza e ilusión de muchos, de los míos y aveces, incluso de mí.

Pero yo, sé volar, aunque hoy tenga la cabeza cerrada y tenga el cristal de “mis gafas” empañados.

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