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Posts Tagged ‘abusos’

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Hoy quisiera poder contar algo, algo muy doloroso pero ya superado. Ni siquiera me siento triste. Es algo que brotó hace unos días en los recuerdos de mi mente, y pude sacarlo sin miedo, sin dolor y sin vergüenza. Hoy necesito volverlo hacer pero escribiéndolo. La mejor terapia para mí, de verdad, la mejor.

Hoy, hoy sé que yo llevaba razón SIEMPRE. Pero he de empezar por el principio si quiero que se me entienda.

Comienzo.

Cuando yo tenía 8 o 9 años empecé a sufrir abusos sexuales por parte de un primo de sangre, David.
Estos abusos duraron muchos muchos años. Supuestamente era un juego todo pero que no se debía de enterar los mayores. Él me sacaba 7 u 8 años. Y me manipulaba como quería con voz dulce y confiada, me obligaba a ver películas pornos y a tocarle como él quisiera y él tocarme a mí como también él quisiera, claro. Yo no entendía ni veía maldad. Pero…..

Bueno, por aquella época recuerdo, uf que difícil es de contar todo esto en realidad.

Yo era una niña muy inquieta, me encantaba aprender, leer, escribir, yo no sabía que estaba sufriendo aquello, y un día os hablo con 11 años así. Escribí para una revista, El semanal recuerdo. Había un apartado para niñas y niños, pedíamos amistades para podernos cartear.
Conocí niñas y niños de todas partes de España, cada día existía una ilusión nueva al recibir una carta.

Un día me escribió un hombre de unos cincuenta años, era profesor de historia. Me llamó la atención por su edad, pero le contesté. Lo malo que sus cartas cada vez eran más atrevidas, me empezaba a mandar fotocopias de relatos pornos de revistas de esas. Me decía que sus alumnas eran unas putas porque iban muy provocativas y lo ponían palote. Y que quería conocerme y probar cosas nuevas.
Yo tonta de mí no supe pensar mal, estaba acostumbrada a que me hablaran de sexo (lo digo por mi primo) lo veía algo normal, y realmente no era consciente de las cosas que me decía.

Pero un día llamó a casa de mis padres, cogí el teléfono y su voz me dio mucho miedo, decía que no podía más, que quería conocerme ya y pasar una noche juntos, y que yo perdiera la virginidad con él. Recordaros que yo tenía 11 años y muy inocente. Sin embargo no le contesté a todo aquello y colgué el teléfono con mucho miedo, llamó unas cuantas veces más, pero menos mal que no estaban mis padres en casa y podía no cogerlo.

Esa noche tuve pesadillas con él. Y dejé de contestar a sus cartas, aun así, me seguía escribiendo e insistente en conocerme.
Pasé mucho miedo durante meses, en silencio.

Con 11 años fue cuando empecé a salir por primera vez con amigas, ellas eran un poco más mayores que yo. Un día que recibí otra carta suya, no pude más y se lo conté a todas.
Cuando leyeron, me dijeron que era un enfermo, acosador, tal vez un violador, de todo malo. Ellas les escribieron diciéndole que si me volvía a molestar, iban con todas las cartas a la policía y a mis padres.

Nunca más me molesto. No obstante, seguí sufriendo abusos sexuales por parte de mi primo, aunque ya me olía algo malo. Pero así fue hasta los 14 años, hasta que me enamoré por primera vez y tuve pareja.
Cuando le dije que quería perder la virginidad con mi pareja, que me sentía enamorada, se enfadó y me intentó convencer de que lo hiciera con él antes, recuerdo que me obligó con su voz dulce a coger un plátano y me hizo ponerle un condón y metérmelo en la boca, pero a mí nada de eso me excitaba, y él lo que pretendía era hacerlo conmigo, pero no, no chaval.
Y nunca más me volvió a hablar o mirar bien durante años, delante de la familia me evitaba, en realidad yo no entendía por qué y me sentía desilusionada en vez de pensar que estaba así porque ya no le daba lo que él quería (decir que siempre tuvo novias de su edad).
Y yo olvidé todo y pasó el tiempo. Como veréis olvidé sin ser consciente de lo que había vivido toda mi vida atrás.

Con 26 años empecé a hacer psicoanálisis. Siempre mis conversaciones con la terapeuta terminaban hablando de sexo y de mi madre, pero eso es otro tema aparte.
Con mi psicóloga me di cuenta de lo que sufrí en la infancia, y no supe aceptarlo, no supe encontrar herramientas para superar aquello, aquella frustración que sentía de repente, después de tantos años, odio, rabia, ganas de matar, o de aporrear una polla de un pederasta.

Aquella época lo pasé muy muy mal, aparte de saber todo lo que de verdad me había pasado mi mejor amigo murió, me llevaba mal en el trabajo con mi gente, me junte con un chaval con el que me enganché a la cocaína, que si los suicidios, ingresos en el psiquiátrico, rupturas, la muerte de mi perro Wiro…
Aquello me hundió por completo en vez de afrontarlo. Aunque de verdad que lo intentaba.

Cuando pasó un poco el vendaval, hablábamos mi psicóloga y yo de perdonar a mi primo. Y lo intenté, de verdad que sí.
Casualidades de la vida, como yo lo había dejado con mi pareja, mi madre me comentó: Tamara ¿por qué no sales con tus primos David e Israel? que tú te llevas muy bien con ellos. (Ella no sabía nada).
Y así hice, salí con ellos una noche.
Y yo le hablaba a él como si no hubiera pasado nada entre nosotros. Tal vez eso no estuvo bien, porque empezaba de nuevo a aprovecharse de mí y ya tenía yo 27 años.
Salimos como os digo esa noche juntos. Y a media madrugada me comentó de irnos los dos por ahí solos. Yo le dije que no, que tenía ganas de estar con Israel, su hermano.
Y se fue solo.
Me dio que pensar pero yo quería perdonarlo como fuera y pensaba que sería cosa de mi cabecita.

A los dos días me llamó por teléfono: Tamara puedo ir a tu casa a pasar la tarde?
-Claro David.
Y vino. Yo vivía sola, me pidió conectarse a Internet, y lo deje en mi habitación mientras yo hacia cosas por la casa. De pronto me llamo: Tamara ven, ven.. Y cuando fui me encontré que estaba viendo una película porno, cuando lo miré me lo vi con eso como un palo y me dijo: Ven mi niña, tócamela, mira que dura está.
Nunca se me olvidaran esas palabras.

Empecé a insultarlo, a gritarle como una histérica pero con miedo por no matarlo. Lo eche de mi casa. Y hasta el día de hoy no sé ni quiero saber nada de él ni él de mí.
Esto al menos me aseguró que yo no estaba loca, y que sí, que como decía mi psicóloga yo fui abusada sexualmente por mi primo.

No le deseo nada malo pero no consigo perdonarlo, aunque ya no me duela contar nada de esto.
Y el otro día comentando con mi compañera de piso, contándole lo de las cartas salió lo del profesor de historia que lo había olvidado por completo, eso y lo de mi primo hizo que viera en mí, que siempre fui muy ingenua, y que por desgracia, yo ya no sé lo que es el sexo. Ya no sé cuando es verdadero o falso. Ya no sé nada de nuevo, con 31 años.

Lo que sé que la infancia marca para siempre. Pero sé también que se puede superar y ver que aquello, que toda esta historia ha sido una experiencia más en mi vida. Ya sólo queda quitarme parte de culpa.

Ánimo Aterciopelada.

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-Eres mía, estarás a mi lado aunque sea muerta.

Esas fueron las últimas palabras que oí de él.

Ese día fuimos a misa, se empeñaba en decir que nos hacía falta, que hacía mucho tiempo que no pisábamos la casa del Señor, y yo, en mientras, pensaba que le haría falta a él, porque la paz y el amor no quedaban ya en su interior, desde hace mucho, muchísimo tiempo.

Recuerdo:

-Hermanos podeis daros la paz del Señor-. Y todo el mundo empezaba a abrazar, a dar besos, a dar caricias…

-Que falsos son todos, cuando fuera pisan a las personas que más quieren-. Me iba diciendo a mí misma, quieta, en un profundo mutismo lleno de confusión. Desde hacía mucho había caído al vacío, sin poderme agarrar a la vida.

Y nos fuimos de allí para el bar que siempre frecuentaba él.

Yo no quería beber, no, no quería. Él sí, por supuesto necesitaba el veneno que le hacía olvidar el bien, porque para él era más fácil hacer el mal.

Dos horas pasaron de borrachera junto a su mejor amigo y su sombra que era yo. Cuando quiso volver a casa… El silencio, su silencio, el miedo, mi miedo volvía al abrir puertas y ventanas.

Pero volvieron los gritos, mis ansias de huir… Aunque yo perdono, perdono, perdono, perdono, sólo por tu bien, aunque no me lo pidas.

Perdono, perdono, perdono, y cuando volví a abrir los ojos llenos de pánico, un cuchillo me atravesaba el corazón, y ya, yo no pude perdonarle nunca más.

-Adios querida. Eres mía, estarás a mi lado aunque sea muerta.

(Aterciopelada)

Y hoy yo, por TODAS, por todas esas mujeres que perdieron lo que más tenían, su amor propio. Por tantos olores, por tantas noches de soledad y llanto, por todas esas camisas arrancadas, la tierra hundiéndose, las imágenes alejándose, por todo el odio y más, Aterciopelada arranca de su corazón recuerdos de existencias, palabras que al fin y al cabo, ya están perdidas.

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