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Posts Tagged ‘TLP (trastorno limite de la personalidad)’

Ya estoy aquí...

¿Qué carajo me importa que me diga el psiquiatra ahora, que tal vez sea bipolar?

Aprendí a que me dieran igual las etiquetas. Aprendí a valorar y agradecer los buenos momentos, y sobre todo aprendí y por ello me da igual que pueda ser bipolar o límite, da igual, de verdad da igual. Yo supe y comprendí que si no quería sufrir más, no podría seguir creciendo mi alma, lo más grande que tengo, lo más grande que tenemos todos los humanos.
Paciencia, positivismo, y sobre todo amor, mucho amor para el día que vuelva a estar malita.
De momento a seguir disfrutando. Llevo una gran temporada muy buena. Me han bajado toda la medicación brutalmente, y lo mejor es que sigo siendo la misma y sigo teniendo ganas, muchas, de vivir y sentir.

GRACIAS MAMA TIERRA Y GRACIAS AL MUNDO ENTERO POR EXISTIR.

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Hoy me desperté con unas ganas de reír.

Hoy es de estos días que la vida parece color de rosa.

Hoy es especial. Tengo millones de razones para ser feliz. Lo tengo todo, tengo la luz, la luz que te empuja a seguir. Que a pesar de los vaivenes…sí, te empuja a seguir.

Ohhh que bonito lo que he escrito, es verdad que lo que sale del corazón nunca es ridículo.

Bueno, quería contaros que las cosas no me van mal. No quiero creer que es la medicación, quiero creer que soy yo.

Mi psiquiatra nuevo como le comenté que quería hacer, me está bajando el seroquel prolong (quetiapina) desde principios de Enero. De 400 mg, voy ya por 150 mg, y me ha puesto un medicamento nuevo que nunca antes lo había tomado. LITIO. Llevo 9 días, ya empiezo a dormir bien, desde anoche que ya tomo una pastilla entera (no está siendo fácil pero yo puedo).

Y nada más por el momento. (Me desconcentré) Ya escribiré todo lo que pienso del tema de estos medicamentos que siempre tengo que estar tomando.

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Queridos amigos me siento muy feliz ahora mismo. Y me dejo llevar, porque la felicidad es efímera.

Ya sabeis que siempre tuve problemas con las drogas, que le daba a todas. Que por eso he ingresado tres veces en comunidades terapéuticas de desintoxicación. Y gracias a la última pude salir airosa del mundo de las drogas. Que viví 9 meses limpia de todo y me convertí en una persona muy agradecida. Hay cosas especiales pero si no lo agradeces, si no lo valoras dejan de ser especiales.

Y no os miento en que volví a fumar porros después de tanto tiempo limpia. Empecé como siempre, a descontrolar el consumo. Pero no sé que pasa de dos meses para acá, que fumo sin abusar, es como que amigos, me siento en paz conmigo y con el mundo, y creo que gracias a esto mi mente no me pide evadirme. Me gusta sentirme serena y despierta.

Y ahora fumo de vez en cuando, normalmente por las noches. No necesito porros por el día.

Hace un rato he llamado a Poveda la comunidad última donde estuve, para hablar con mi psicóloga, la que me llevó desde el inicio hasta el final de mi tratamiento.

Se ha puesto muy contenta de que la llamara, y más al contarle que me siento bien, que llevo dos meses muy buenos y que me llevo bien con el mundo y mi familia.

Me ha dicho que le gustaría que un día fuera a Poveda a ver al equipo entero y a todos. Le he dicho que me encantaría pero que yo no podría dar ejemplo a los pacientes que hay porque fumo PORROS. Dice que lo va a hablar con el equipo haber que opinan. Pero que de todas formas, ella y yo vamos a quedar. Cuantito pueda me llama.
Me ha dicho que soy una luchadora, que siempre estoy trabajando mis objetivos, le he dicho que gracias a ella, a ellos, a todo el equipo, y me ha contestado que no, que gracias a mí, que he sido yo la que ha luchado.

En fin amigos. Que feliz me siento de ser quien soy, jajaj. Aunque de vez en cuando me fume un cigarrito aliñando, pero mira, lo prefiero antes que tomar ansiolíticos.
Chicos yujuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu. Feliz de la vida y de mi misma.

Chicos por favor no penseis que estoy a favor de las drogas. Nunca jamás.

Las drogas fueron parte de arruinarme la vida, de verdad lo digo. Las drogas es el peor enemigo que te puedes echar a la cara.

Sólo que pensar, quienes me conozcan, lo mal mal mal mal que he estado durante muchos muchísimos años, y no sólo ya por la droga sino también por el trastorno límite. Y ahora, joder, vivo sin ansiedad, vivo llena de mí, apenas siento el vacío. No tengo que controlar mis impulsos porque no me entran impulsos. Aparte lo más importante es sentirte, aceptarte tal como eres aunque intentar mejorar lo mejorable. Señores se puede VIVIR con el trastorno. La edad te enseña a manejarlo e incluso a veces pensarás que se ha ido al fin, que sólo queda la personalidad, no el carácter ese producido por el tlp.

NO A LAS DROGAS.

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la herida-pelicula

¿Qué chico no se ha enamorado alguna vez de una chica guapa y loca? No loca en el sentido clínico estricto, con episodios psicóticos y crisis de litio. Loca en el sentido más laxo: de comportamiento errático, desafiante, apasionada, impulsiva y a la vez frágil e inestable; portadora de la promesa de una vida merecedora de ser vivida, pero dramáticamente necesitada de protección y ternura.

Quien esté dando un suspiro de nostalgia por aquella amiga del bachillerato, quien se pregunte qué habrá sido de ella, que se acerque cuanto antes a ver ‘La herida’, el filme de Fernando Franco que se estrenó este fin de semana en los cines y que en el Festival de San Sebastián ganó el Premio Especial del Jurado y la Concha de Plata para la mejor actriz (Marian Álvarez).

Dos psiquiatras con consulta en Madrid, Mariano Hernández Monsalve y Pedro Martínez (uno en un centro público y el otro en un centro privado), vieron la película estos días al hilo del interés profesional que podían intuir. ‘La herida’ se ha presentado como el retrato de una mujer afectada por el trastorno de la personalidad límite, lo que antes se solía llamar ‘border line’. Y a los dos les gustó mucho. “Me gustó como espectador y como psiquiatra. Me parece que nos da acceso a la intimidad de una mujer que tiene un problema y lo hace de una manera muy honesta, sin romantizar, sin ponernos contra las cuerdas, sin caer en lo sentimental ni ‘guinoizar’ demasiado’.

Ana [la protagonista trastornada] no se suicida, que es lo que hubiera esperado cualquiera en otra película”, explica Martínez. Hernández Monsalve piensa algo parecido. “No hay alharacas ni exhibicionismos. El hilo es la cara de la actriz que expresa toda la inestabilidad del trastorno. Y lo hace muy bien. Hasta el punto de que yo, que soy profesional y estoy acostumbrado a estos casos, me impliqué en la historia y me conmovió”. “Cuando tratas con alguien con personalidad límite, como psiquiatra te es difícil empatizar con él, es gente que te lo pone difícil. Muchas veces, te sacan de quicio pero tienes que hacer un esfuerzo, saber que no se portan así por joder, sino que ellos son las primeras víctimas de sí mismos. Y en eso, la película tiene mucho valor para un psiquiatra”, añade Martínez.

De modo que enhorabuena a Franco y su equipo. Pero, para los que no somos profesionales y para los que no hayan visto aún el calvario de Ana, ¿qué es exactamente el trastorno de la personalidad límite?“No es una enfermedad. Es un trastorno, es una forma de ser problemática, con rasgos que impiden conseguir sus objetivos”, explica Martínez. Rasgos como: impulsividad, hipersensibilidad, inestabilidad, autoestima baja… ¿Es un problema clínico, alguna proteína que falta ahí dentro, o es cuestión de haber aprendido mal a vivir? “Pues en realidad no se sabe qué ocurre exactamente en el cerebro. Pero, como con todas las cosas complejas, pensamos que lo que hay es la combinación de una predisposición bioquímica con experiencias vehiculares duras”, explica Martínez.

“Hay mil hipótesis”, añade Hernández Monsalve. “En cada caso, los factores que proceden de la biografía pesan en una medida distinta, pero sí que hay siempre un remite a la adolescencia, al momento en el que todos emprendemos una construcción personal, aprendemos a regular los afectos, pero en el que, por las razones que sean, el paciente no internaliza esas funciones”. “Ana actúa como una adolescente desbocada”, confirma su colega.

Del retrato de Ana se diría que su problema, básicamente, consiste en tener expectativas irreales de los demás. Y que en el núcleo de su insatisfacción está la insatisfacción romántica. Ana tiene un novio que no parece mal chico, pero que, claro, se queda aterrado con los mensajes que le deja su chica en el contestador. “Te quiero-eres un hijo de puta-perdóname, te quiero-eres un hijo de puta”, en resumen y en bucle. “El núcleo del dolor es la posibilidad del rechazo y del abandono, el ser incapaz de aceptarlos”, explica Martínez. “Éste es un trastorno de interacción. Interacción con los demás, por vinculación, e interacción con uno mismo. Fíjese que Ana, en el trabajo, puede ser encantadora, pero siempre en relaciones que tienen un marco preciso. Otra cosa es el novio, los padres o la amiga, aquellos de los que espera algo. Que espera demasiado”, explica Martínez. “La dinámica es: ‘Te idealizo, me decepcionas, te odio’. Hay una especie de falta de empatía, de incapacidad para compartir sentimientos, porque hay un problema de tiempos, una especie de desgajamiento entre el intelecto, la capacidad para el afecto y los instintos sexuales. El paciente no consigue ponerlos al unísono y por eso decimos que son vidas fragmentadas”, añade Hernández Monsalve.

Volvamos a eso de “interacción con uno mismo”. Los rasgos problemáticos de la personalidad límite se expresan, como se puede ver muy bien en ‘La herida’, en una sucesión de malos tratos infligidos por su portadora a sí misma. Ana roba y miente como si buscara una humillación y después se intoxica con frecuencia (cocaína, vodka), protagoniza episodios sexuales bastante sórdidos y, sobre todo, se automutila. “Lo de las lesiones autoinfligidas es bastante corriente. Parece que hay un alivio, un sentimiento de mitigar la culpa, de dar corporeidad al daño que está dentro”, explica Martínez. “Hay dos lecturas: una es ‘no me soporto, me castigo’. Y la otra es que hay un interior tan cargado de dolor que sentirlo en la piel es una manera de sincronizar la angustia”, añade Hernández Monsalve.

Desvalidas, dependientes y alcohólicos

¿Y la tendencia que tenemos a pensar en el trastorno de la personalidad límite como un problema de mujeres más que de hombres? “El desvalimiento, la dependencia, las expectativas románticas… ese núcleo que hemos descrito tiene que ver con la posición femenina a lo largo de la historia. Para los hombres, la medida de nuestras insatisfacciones suele ser otra. No me sé los datos, pero le diría que de 10 pacientes, siete son mujeres”, explica Martínez. “También ocurre que, en muchos hombres, la personalidad límite está encubierta por los hábitos de conducta. Muchos alcóholicos, por ejemplo, tienen una personalidad límite que no queda tan clara porque no expresan la afectividad claramente”, dice Hernández Monsalve. “Eso es verdad. Yo trabajo con drogadictos y muchas veces ves que su problema es un trastorno de la personalidad”, añade su colega.

Otra cosa es que casi todos, hombres y mujeres, en algún día de desamor, nos hemos intoxicado, nos hemos obsesionado, hemos dejado mensajes vergonzosos en algún contestador y hemos abusado de nuestros padres, amigos y ex parejas. “Los trastornos de la personalidad tienen algo misterioso y apasionante para su estudio, porque nada nos es incomprensible, nada hay en ese comportamiento que no hayamos sentido todos. El problema es la intensidad y la frecuencia. Esto no es una psicosis, que es una categoría clara, es un problema dimensional”, dice Martínez. Lo importante no es qué sino cuánto.

¿Y qué se hace con una personalidad límite? “Está la medicación, porque hay pastillas que inciden en rasgos como la impulsividad. Pero también hay mucho trabajo de psicoterapia”, dice Martínez. Y sigue Hernández Monsalve: “Es un desafío casi existencial. Los casos leves, en la práctica, no llegan al psiquiatra. Los graves, los que llegan mediante un episodio de crisis como un intento de suicidio o una intoxicación grave, necesitan de una intensidad en el tratamiento que no siempre podemos dar. Y cuando lo damos, es un proceso muy frágil porque las relaciones de confianza, establecer un proyecto terapéutico en común, son muy difíciles. Los ingresos en las unidades específicas son voluntarias y ¿qué ocurre muchas veces? Que el paciente, al segundo día, se enfada o se impacienta, pide el alta y se va a casa. Luego llega el segundo ingreso y ahí ya hay más margen para trabajar en un soporte social, familiar…”.

La buena noticia es que sobrevivir es hacerse más fuerte. “La tendencia natural es que los años mitiguen la intensidad de las emociones. También para las personalidades límite hay una tendencia a controlar mejor”, explica Martínez. “De alguna manera, el trastorno de la personalidad límite es un trastorno de la maduración emocional”

fuente:http://www.elmundo.es/elmundo/2013/10/07/cultura/1381102433.html?a=3d1e2e96aa5884c5f24d77acdc9bd449&t=1381214184&numero=

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Autolesión, dolor físico contra dolor emocional

El “cutting”, “risuka” o “self injury” consiste en cortarse la piel con un objeto afilado con el fin de sufrir físicamente para aliviar un dolor mental como depresión o estrés.

En el seno de la comunidad médica se recomienda a los padres de familia que estén atentos al comportamiento de sus hijos. Se ha detectado un incremento de casos de jóvenes, aunque la autolesión no se enmarca en una sola edad, que se dañan el cuerpo con cortes en las piernas, los brazos o alrededor del ombligo. El objetivo, dicen, es controlar sus impulsos, su enfado, su ansiedad o su tristeza.

Una autolesión no es una enfermedad como tal. Según los expertos consultados por Efe, “son manifestaciones o síntomas de trastornos psiquiátricos”.

Controlar sus vidas

Como explica Ivanna Julbe, Psicóloga Clínica y coach que trabaja en la ciudad española de  Barcelona, en estos casos: “Autolesionarse es una forma de externalizar su dolor emocional que, a priori, les sirve para sentirse aliviados. Esta pena que sienten la sustituyen por un sufrimiento físico, y eso, de momento, les tranquiliza y alivia. También puede verse como un intento de mostrar cómo se sienten esas personas y de pedir ayuda”.

Según la especialista, quienes se autolesionan “tratan de controlar su amargura emocional provocada por la infinidad de conflictos que acontecen en cierta etapa de la vida, especialmente la adolescencia, como son problemas de relación con los padres, conflictos en la escuela, soledad, aislamiento, depresión, estrés, ansiedad por perdida o separación, etc. En definitiva, pretenden sentir que controlan su vida”.

Por su parte, la psicoterapeuta y titular del Centro de Atención Psicológica de la ciudad de México, Arlen Resendez Yebra, comenta en entrevista con Efe que uno de sus pacientes recurrió al “cutting” por “abandono de los padres”.

“Y no porque se hayan separado o no lo hayan atendido “como se espera”, fue porque en algún momento importante de su infancia el chico se sintió desplazado por los problemas que los padres estaban pasando, el síntoma no apareció inmediatamente, aunque tuvo llamadas de atención que los padres identificaron como berrinches en su momento”, puntualiza Resendez.

Según indican las expertas, el hecho de cortarse es solo una de las maneras existentes de autolesionarse. Otras son arrancarse el cabello, las pestañas o las cejas, morderse, arañarse, o golpearse contra materiales duros, por ejemplo dar puñetazos a las paredes.

Pero, “¿Cómo puede aliviar el hecho de rajarse o cortarse el cuerpo?”. Mario Torruco Salcedo, psiquiatra, lo argumenta con cuatro puntos de vista:

1º.  “El ser humano conoce desde hace muchísimos años la delgadísima frontera entre dolor y placer; esto se debe principalmente a que cuando algo nos hace daño, el cerebro libera ciertas sustancias que disminuyen el dolor, es decir, algo así como analgésicos ‘naturales’. Estos mismos son los que se liberan cuando tenemos una sensación placentera, por lo tanto, el hacernos daño se liberan estos analgésicos y, en un momento dado, puede disminuir otro tipo de sufrimiento, como el emocional o psicológico”.

2º.  “El enojo, la frustración, la ansiedad y la tristeza, como cualquier emoción, debe ‘descargarse’, es decir, debe ser expresada para que podamos liberarnos de ella. Cuando lo hacemos, nos sentimos relajados, como si ‘nos hubieran quitado un peso de encima’. De esta manera, el hacernos daño puede liberar ese enojo, frustración, ansiedad o tristeza y hacernos sentir mejor”.

3º.  “Cuando ‘distraemos’ nuestra atención de un dolor, generalmente se nos ‘olvida’ y disminuye su intensidad. Así, si tenemos una pena emocional muy grande y nos producimos un dolor físico, el emocional disminuirá”.

4º.  “Y por último, y lo más probable, es que en las personas que se autolesionan ocurran las tres circunstancias mencionadas anteriormente, y todas ellas produzcan que, el dañarse, sea más ‘placentero’ que el enojo, frustración, tristeza o ansiedad”.

Adolescencia: la etapa vulnerable

Torruco matiza que estas conductas son frecuentes en algunos trastornos psiquiátricos, principalmente en los Trastornos de la Personalidad. Unas conductas que son observadas en pacientes de todas las edades y,“probablemente un poco más entre las mujeres”.

Una causa común de las autolesiones es la dificultad para controlar los impulsos. “Todos hemos tenido, alguna vez en la vida, ganas de golpear a alguien o ganas de golpearnos, pero no lo hacemos, esto se debe a que la parte de nuestro cerebro que está encargada de filtrar y controlar nuestros impulsos deja que se realicen únicamente ciertas conductas, las que no nos producen daño a nosotros mismos o a otras personas, y las que están “socialmente aceptadas”. Sin embargo, en algunas ocasiones este filtro no funciona adecuadamente, y es entonces cuando realizamos conductas inapropiadas, como autolesionarnos”, explica el psiquiatra.

“En el caso de los adolescentes, la parte del cerebro encargada de filtrar y controlar los impulsos no está totalmente desarrollada. Las emociones están a flor de piel, todo se siente con mayor intensidad“, indica el especialista.

Así lo confirma también la psicóloga Ivanna Julbe: “La adolescencia es una etapa de muchos cambios, suele ser un caos a nivel psicológico, lo que en ocasiones desencadena un estado de confusión y de conflictos internos, en este sentido, encontramos una situación de mayor vulnerabilidad”.

“El Trastorno Afectivo Conductual – añade la experta-  conlleva con frecuencia sufrimiento psicológico y angustia y la práctica del “cutting” les sirve para superar la ansiedad que provoca”.

Coincide con Julbe, Arlen Resendez: “Es en este momento (la adolescencia) cuando su manera de pensar cambia, es decir, pasa del pensamiento concreto al abstracto, lo que hace que comiencen a cuestionar su entorno”.

“Entre otras cosas se comienzan a dar cuenta de las situaciones que no les agradan y hacen algo para “solucionarlo”, pero desgraciadamente su criterio aún no es lo suficientemente bueno y lo solucionan, no cómo se debe, sino como lo pueden hacer y, a veces, no siempre toman la mejor alternativa”, añade Resendez.

Una herida menos dolorosa

Se han detectado casos de gente con Trastornos de la Conducta Alimentaria (TAC) como la bulimia o la anorexia que también se autolesiona, a la pregunta de “¿Qué vínculo puede existir entre ambas formas de hacerse daño?”, Mario Torruco responde que “como cualquier manifestación o síntoma de un trastorno psiquiátrico, las autolesiones pueden estar presentes en muchos padecimientos. En el caso particular de los TAC es frecuente que las personas que los padecen tengan al mismo tiempo Trastornos de la Personalidad, por lo cual, también es frecuente que se autolesionen”.

Y es que todo apunta a que una herida física es menos dolorosa que una herida psicológica. “Una herida física es más comprensible, más palpable, menos abstracta que una herida psicológica”, explica a Efe, Ivanna Julbe.

“Depende de las características de cada tipo de herida y de la capacidad de la persona –tanto física como psicológicamente- para ‘curar’ y ‘sanar’ las lesiones”, puntualiza Torruco Salcedo.

La Titular del Centro de Atención Psicológica dice que “existen individuros que refieren que precisan sentir el dolor físico para liberarse. De hecho, algunas personas no se cortan, pero se quitan los pellejitos de los dedos o tienen onicofagia (morderse las uñas)”.

Los expertos consultados coinciden en que hay que buscar ayuda profesional en cuanto se detecten los primeros síntomas. Además, recomiendan lo siguiente:.

-Acudir a una valoración Psiquiátrica para determinar cuál es la causa (enojo, frustración, tristeza, ansiedad o todas las anteriores) que provoca esta conducta, y saber si está asociada a algún trastorno psiquiátrico en especial.

-No etiquetar a la persona.

-Hacerle sentir que están preocupados por él o ella.

-Es urgente y necesario hablar con ellos, escucharlos, no juzgarlos ni reñirlos, sería contraproducente, y evidentemente, acudir a un psicólogo.

-Pedir ayuda, siempre y cuando la persona esté de acuerdo. Si no es así hacerla sentir que están con ella y que tendrán paciencia.

-Seguir una terapia integral tanto para el paciente como para los familiares.

Afortunadamente para todos, pensar que todo lo malo o doloroso terminará por remitir algún día es una medicina a medio plazo.

fuente: http://www.canasanta.com/2013/04/15/autolesion-dolor-fisico-versus-dolor-emocional/

 

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Ayer me sorprendí,  vi en la televisión un programa
que hablaba sobre trastornos de personalidad.

Mencionaron el mio, Trastorno límite de la personalidad
(TLP).
Las personas que salían hablando sobre él, eran en muchos
aspectos idénticas a mí.
Me quedé muy impresionada, cómo pueden existir los mismos
comportamientos en personas tan diferentes a mí.
Después ya en la cama estuve reflexionando en mi vida, en
acontecimientos importantes que lograron que yo admitiera que tenía un problema
y que necesitaba ayuda.
Ahora dos años después de que me lo diagnosticaran y de haberme dejado ayudar he
aprendido mucho sobre ello, pero sobre todo he aprendido a autocontrolarme. A
no hacer ya cosas malas o peligrosas, y a no guiarme por mis impulsos. A pensar
antes de actuar…
Cuando me pongo a pensar recuerdo muchas noches de locura.
Recuerdo momentos que he sentido tanto dolor, donde ese dolor
era tal que yo necesitaba aplacarlos digamos, con autolesiones o lo odio
mencionarlo pero era así, el suicidio. Era tanto lo que sufría que a veces opte
por este camino sin pensar en las consecuencias ni en las personas que me querían.
Me he sentido millones de veces vacía, deprimida o por el
contrario muy contenta, me daban momentos de subidón pero luego venía el bajón.
Era como estar drogada las 24 horas del día.
El miedo a estar sola, el miedo al abandono, hasta la frustración
de no poder ir a un sitio que yo quisiera y otros no, no lo toleraba, me era
imposible aceptar cualquier frustración por pequeña que fuera.
Mis conductas tampoco eran normales, más cuando ya había
pasado la adolescencia. Pero nunca sabía que me pasaba…y muchas veces me sentí
apartada por esto.
Pero ya todo esto lo superé afortunadamente o casi todo.
Gracias al fin que alguien se preocupó por lo que me pasaba,
el mejor psiquiatra que he conocido de todos, y me lo dijo. Recuerdo que ese día
con 25 años yo iba porque me sentía muy deprimida, y salí de allí con mi depresión pero
también con un trastorno.
No lo acepte pero el tiempo me enseñó a hacerlo.
Y gracias a la terapia con mi psicóloga, mis sesiones con el
psiquiatra, y la medicación he mejorado muchísimo.
Aun tengo días malos, días rojos, pero van siendo cada vez
menos.
Me queda un largo camino que recorrer pero al menos ya ha
pasado lo peor, ahora sólo queda integrarme mejor en la sociedad. Confiar más
en mí y en saber perdonarme.
Es muy importante porque yo he hecho mucho daño pero sé que
no lo he hecho a conciencia, tengo que perdonarme porque, los errores están ahí,
pero para aprender de ellos y no cometer los mismas equivocaciones. Y seguir
hacia delante, tengo que perdonarme para seguir hacia delante.
Y sin más me marcho, necesitaba escribir esta reflexión porque
es muy importante ver con mis propios ojos, que estoy encontrando mi camino, UN
CAMINO FIJO aunque sea ahora con 27 años. Pero al fin aprendí a aceptarme y a
comprenderme mejor. Gracias vida mia.

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En la historia de Mary
Poppins, escrita por P.L. Traves, hay una escena conmovedora en la que al
lector se le permite escuchar una conversación entre dos bebés que están en una
cuna. Los bebés, Juan y Bárbara, son muy perspicaces. Se preguntan cómo pueden,
los adultos de su entorno, no tener ciertas habilidades para darse cuenta de lo
que les rodea. Mary Poppins les informa que los adultos han sido en algún
momento capaces, al igual que los bebés, de “comprender al viento, lo que
decían los árboles y el lenguaje de las estrellas y la luz del sol”. Los
niños intentaron comprender cómo era posible que los adultos se hubiesen olvidado…
Cuando lo comprendieron, estallaron en lágrimas, porque los adultos habían
sufrido una gran pérdida: las relaciones cercanas con la naturaleza y el
mundo…
… A pesar de que sabemos que los bebés no son capaces de tener conversaciones
tan sofisticadas, P.L. Traves nos hace pensar en lo que dirían si pudiesen
articular palabras… La vida en este “estado infantil” no tiene
límites entre las personas y las cosas, tales como el viento y los pájaros, e
incluso la manta en la que duermen. El bebé, verdaderamente, no tiene
sentimiento de estado de separación. Él o ella, en realidad, es todo en uno y
ni se imagina una identidad separada.

… El “hechizo” hipnótico que permanece en los bebés está presente
en el adulto con TLP. Es como si fallase en el estadio temprano del bebé y el
“hechizo” nunca se acabase de romper del todo. Los bebés de la
historia de Mary Poppins juraron que no se olvidarían, a pesar de que ella les
dijo que sí lo harían.

Laura Paxtón
“Borderline and Beyond”


Aunque hay muchos otros ejemplos, me gusta el de Laura Paxtón para
introducir este tema. Según esta autora, podemos decir que el “hechizo
hipnótico” que permanece en los bebés está presente en el adulto con TLP.
Es como si fallase en el estadio temprano del bebé y el “hechizo”
nunca se acabase de romper del todo. Los bebés lloraban desconsoladamente por
el hecho de
saber que perderían la inmensa experiencia infantil.
Obviamente, esto nunca podría ser anticipado por un niño, pero si pudiesen
hacerlo, sería traumático.




¿Qué tiene que ver esta historia con el estado psicológico de las
personas con TLP?




Hay momentos en los que la mente de estas personas es tan vulnerable como la de
estos niños. Hay momentos en los que se apegan a un ser querido y lo ven como
una extensión de sí mismos. Por momentos, la persona “elegida” pierde
sus derechos; es simplemente un ser que responde a sus necesidades y les puede
incluso molestar que esa persona tenga vida aparte (intimidad con “otras
personas”, independencia, otras responsabilidades propias y hacia los
demás, como el trabajo, familia y amigos).




Algunas personas con TLP son propensas a vivir las experiencias de una forma
tan intensa que les pueden resultar aterradoras. Es especialmente
desconcertante para ellos, porque el resto de las personas no pueden percibir
esos pequeños detalles que ellos sí perciben. Estas “otras personas en el
mundo” no se ven motivadas en su vida adulta por necesidades infantiles,
pero algunas personas con TLP, sí.




Está claro que todo tiene su lado bueno y, al sentir “todo” de forma
tan intensa, los pequeños detalles también son muy valorados y disfrutados. La
mayoría de las personas con estas características tienen una mayor conexión con
la naturaleza y muchas de estas personas son muy perceptivas con los niños y animales,
comprendiendo lo que les pasa e identificándose con ellos con mucha facilidad
(empatía).




Sin embargo, esta “especial sensibilidad” que les puede hacer
disfrutar de las pequeñas cosas, también les puede jugar malas pasadas y hacer
que sientan cualquier situación incómoda como un ataque hacia su persona.




Hay múltiples posibilidades y factores que afectan a esta “vulnerabilidad
emocional” y que la pueden desencadenar. Además, su tendencia a percibirse
de forma negativa, en ocasiones hace que proyecten su negatividad y forma de
percibirse en los demás y que basen sus conclusiones acerca de “cómo son
percibidos” en sus propios pensamientos acerca de ellos mismos.




Es como si no supiesen quiénes son, dónde empiezan o terminan y dónde lo hacen
los demás.




También es posible que, por la propia falta de límites de la persona y en su
continua búsqueda de “algo” que
la llene o le aporte
estabilidad y seguridad, entre otras cosas, recurra al alcohol, drogas,
mantenimiento de relaciones esporádicas con otras personas y/o ponga a prueba
una y otra vez a sus seres queridos, para saber si realmente les quieren y el
sentimiento es recíproco (que actúe por impulsos basándose en un sentimiento o
emoción).
 
                                                                                Fragmento de Diamantes en Bruto II
                                                                                           Dolores Mosquera Barral
 
Me ha parecido muy interesante este tema, y es por ello que
lo he colgado.
Para la mayoría de personas que lo lean no será interesante, creo que ni llegarán hasta el final y no me puedan leer, je je, pero para mí, uy! a mí como me ha
llegado, no sabía que lo que yo sentía podía ser tan bien explicado en un solo
texto.
Yo a veces, siempre en realidad, porque me sigue pasando con
mi madre, pues soy muy dependiente de las personas que quiero mucho mucho. Siempre
que he tenido pareja he sido así con ellos, no lo podía remediar,
todo mi mundo giraba en torno a ellos, y a veces les exigía todo su tiempo para
mí, como si fuera una obligación. Y con mi madre, parece que sin ella no puedo
hacer nada, que me debe de acompañar a todos los sitios, por miedo mio a perder
el control.
También otra cosa que dice el texto, es que vivimos
intensamente y yo siempre he vivido así, relaciones muy intensas en tan poco tiempo,
y siempre como no, rodeada de drogas, por mí o por ellos.
Ahora llevo un año sin pareja y aun sigo sin estar
preparada. Tengo miedo a fallar o que me fallen a mí.
Y los detalles para mí son muy importantes, muy requete-importantes.
Como que me fijo en todo, para lo bueno como para lo malo, si estoy mal todo me
parece negativo y lo vivo intensamente, pero la parte buena de estar a veces
bien, es que esos detalles se convierten en tan enriquecedores y todo me parece
muy bonito y como no, también lo vivo intensamente. Eso sí la gente me mira raro, je je.
En realidad es que soy muy vulnerable emocionalmente, y me
ocurre que proyecto en las personas mis cosas malas, como también me pasa
cuando estoy bien que todo el mundo me parece maravilloso y perfecto, y eso es,
porque proyecto lo bueno mio en los demás.
Y claro esto me atormenta porque es como si no supiese quién
soy, y pareciera como si sintiese despersonalización, o es que és eso.
Y el final como no, “algo” que me llene o me aporte
estabilidad y seguridad, recurro a las drogas y con las personas que quiero
mucho mucho, como a mi último ex, lo ponía a prueba una y otra vez para saber
si realmente me quería.
Que mala soy, por dios. No me parece justo ser así, pero por
culpa de este trastorno todo lo vivo intensamente y tengo tan baja el
autoestima que a veces sin querer juego con las personas.
Pues sí que me ha hecho pensar este texto.
Al menos me alegro de darme cuenta de mis fallos, porque por ello puedo seguir
luchando. Y bueno seguir conociendome. 
 

 

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