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Archive for 22 septiembre 2011

La vida me hace ver la cruda realidad.
No cambiaré, siempre estaré enferma y caeré, siempre tendré que medicarme y estar en alerta.
Escribo 4 días después de haber salido del hospital.
De nuevo lo intenté, una vez más, impulsivamente, llena de dolor emocional y vacía a la vez.
Cuanto lloré cuando volví a abrir los ojos y ví de nuevo, la realidad con mis ojos. Viendo después como la familia estaba sufriendo por mi culpa.
Casi voy a perder la cuenta de las veces que lo he intentado ya, 5, y ésta la más peligrosa y cercana al cielo.
Sigo drogada por tanta medicación acumulada, pero lo peor, que aun lo malo sigue en mí. Y mi mente me vuelve a repetir constantemente que lo vuelva a repetir.
Mi enfermedad, el dragón como lo llamo yo, me manipula, me hace sentir frágil, vulnerable, culpable, como una mierda, insignificante, mala, loca, enferma…y puede, puede conmigo.
La medicación diaria por más que me la suben no hay forma de levantar peldaños.
Es horrible todo esto, sólo quien tiene esta enfermedad puede comprenderme en verdad, porque ni el pobre de mi padre puede entenderme.
Ahora son las días más oscuros que nunca para mí, a pesar de que me dicen que hay luz.
No puedo parar de llorar constantemente, me siento fracasada y un estorbo para mi familia, Y para el resto de esta una loca.
En fin una vez más, sin más pero con lágrimas en los ojos, adiós.

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Hoy necesito escribirte.

A veces para combatir contra el vacío y la pena, me esfuerzo por dar largos paseos frente al mar, siempre, siempre junto a la mar.
Mientras voy caminado se me olvida todo lo que debo de olvidar, voy escudriñando a personas que no conozco y seguramente ya no vuelva a verlas.
También hablo con Luna, mi perra, ella claro, no me contesta, pero me mira y sus ojos es como que me dicen: Bravo Tamara lucha, pasea, que yo también gano contigo.

E de decir que hoy he cometido un homicidio integral, animal. Es que soy muy curiosa y la vida de las hormigas siempre me ha inquietado, a veces incluso he llegado a pensar que me gustaría ser una de ellas, trabajar, comer, ¿follar? conversar y sobre todo estar unida a una gran familia. No sé, así me lo imagino yo que viven ellas. Aunque a veces también he llegado a pensar que soy una hormiga, por sentirme esclava del trabajo. Contradicciones, pero si yo misma soy una contradicción, una causa sin explicación, un accidente…

Bueno como iba contando de las hormigas; vi un gran camino formado por un millar de ellas, todas iban hacia el mismo sitio. Hasta que encontré sus casas. Las casas eran dos piedras grandes y planas, sin pensarlo, una la levanté y la moví de sitio para mirar bien a las hormigas, os juro que no se veía hormigas, se veía una montaña de color negro.
Seguí caminando, pero de pronto me quedé quieta y pensé: Les he estropeado su refugio, donde viven, ¿ahora qué harán? pobres…me di media vuelta y volví a poner la piedra en su sitio.
Ya marché, pero yendo a medio camino caí en la cuenta, que al poner la piedra las que estaban en la cúspide de la montaña habrían muerto por mi culpa.
Hoy vuelvo a ver que debemos respetar la naturaleza animal.

En Cádiz hay muchísimas palmeras, siempre las he visto, pero como siempre las he visto no les he prestado demasiada atención, pero hoy ha sido diferente, y encima ha venido un recuerdo a mi cabeza que lo tenía olvidado desde que dejé de ser niña.
Hoy las miré bien, como nunca, de verdad, como una investigadora, tocándolas, acariciándolas, quedándome fascinada por sus palmas ¿quién me viera? y vi una muy leñosa, con muchos recovecos, de pronto vino el recuerdo.

Estaba en el barrio de mi abuela Ana, con mi prima Anita, allí en un árbol como el de hoy guardábamos “tesoros” y yo escribía notitas, y al tiempo las volvía a coger y meterlas en otras palmeras.
Siempre desde muy niña he querido que se me leyese, sentirme importante por un momento, aunque diga tonterías, pero ha ocupado un tiempo para mi, leerme, comprenderme, e ilusionar.
Los tiempos han cambiado, ahora es a mi quienes deben de ilusionar, creo.
Mi lucha interior es tan profunda que no llego a alcanzar la paz y hace que me meza en una depresión constante, por eso cuando estoy vacía y llena de pena como hoy, debo pasear, para olvidar lo malo y recordar lo bueno, lo bueno que existió en mi, y tal vez algún día vuelva a existir.

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